La guerra de los dedos

Pseudónimo: Simoneta

El cerebro dio una orden clara

a los dedos de ambas manos acatar:

uno de ustedes se tendrá que engatillar.

Cada dedo podría por sí mismo abogar.

El índice fue el primero en reclamar. 

Él no se debería de engatillar porque gracias a él

la mano puede a otras personas señalar

y las hojas de los libros cambiar.

El dedo anular se defendió

ya que él es el encargado de la mano adornar. 

¿A cuál otro dedo un anillo le iba a quedar?

Además el cónyuge al ver la mano sin sortija se iba a enojar.

Molesto el meñique argumentó

que por ser el más pequeño él no se podía enfermar.

¿Cómo iba  la mano una taza de té tomar,

sin el dedo pequeño levantar?

Faltaban el dedo gordo y el medio hablar.

Interrumpiendo al gordo, el dedo mediano se  adelantó:

Al estar enojados, ¿Quién es el único de nosotros capaz de insultar?

¡Ese soy yo! por lo que no soy yo quien se deba afectar.

Todos voltearon a ver al dedo gordo callado quedar. 

Ellos sabían que entre los  primates y  los humanos

el pulgar nos puede diferenciar,

por lo que no pudieron a él designar

La discusión tres días siguió

hasta que al cerebro lograron enfadar,                                                           

y a todos decidió engatillar.

La mano al quirófano fue a dar.

Y con todos los dedos

el cirujano tuvo que lidiar.

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