La pirámide sagrada

Seudónimo: Kappi

Hace mil años, cuando Ramsés era el faraón del antiguo Egipto, le gustaba recorrer la tierra en compañía de su perro Fenrir. Un día estaba en un desierto que sólo conocía él. Había descubierto, tras 25 años de explorar el desierto, una pirámide que contenía un tesoro millonario pero también una maldición.

Ramses era una buena persona que se preocupaba por los demás, pero también gozaba de verlos pelear. Así que decidió esconder la ubicación exacta de la tumba. Sin embargo, a su pueblo le comentó sobre el desierto con el fin de que fueran a buscar la tumba.

Cincuenta años después, tras la muerte del faraón, el pueblo había explorado todo el desierto. Sólo diez personas habían logrado entrar a la tumba: nueve de ellos nunca habían vuelto a salir, el otro que sí salió, lo hizo pero 30 años mayor. Por lo cual, el único que salió con vida se convirtió en guía. Ofrecía información sobre la pirámide y sus secretos a todo aquel que lo visitara en el desierto, siempre y cuando fueran personas dignas.

La mitad de la gente que quería ir a la tumba iba con este señor llamado Joph pero él los rechazaba a todos, hasta que apareció Yotam con su gorila amigo Frank.

Estos dos llevaban una amistad de años ya que se conocieron cuando Frank apenas era un gorila bebe. Frank estaba muriendo debido a que un grupo de personas le habían pegado por ser albino. Yotam llegó en el momento exacto y lo salvó de sus agresores. Por eso, eran inseparables.

Joph aceptó a este dúo porque vio que sus intenciones eran correctas y de buen corazón. Yotam quería el tesoro para poder salvar a su familia de que los expulsaran del pueblo. Igualmente, quería realizar la expedición porque desde que era niño, su pasión y trabajo soñado era ser explorador. Por su parte, Frank acompañaría a Yotam porque prometió que lo seguiría siempre. Estos rasgos de lealtad y respeto, los diferenciaban de todos los demás que solo querían el tesoro para volverse ricos.

Entonces, Joph les contó todo lo que había dentro de la pirámide incluyendo la maldición y lo que tendrían que enfrentar para alcanzar el tesoro. La maldición consistía en que al entrar a la pirámide, los cuerpos de los intrusos envejecían treinta años. También les dijo que Ramsés había sido enterrado allí por lo que ahora su momia protegía el cofre y su perro gigante, Fenrir, quien protegía la entrada de la pirámide.

Al llegar a la pirámide, se encontraron con Fenrir, quien comenzó a atacarlos. Frank salió a luchar contra el perro para proteger a Yotam y así él pudiera ir por el tesoro. Yotam llegó con lágrimas en los ojos a la tumba del Faraón, sabiendo que Frank podría morir por protegerlo. Pero, con valentía, cruzó la tumba sin despertar al faraón, cosa “nunca antes” hecha por nadie.

Yotam logró llegar al cofre el cual no abrió, sólo se lo llevó consigo porque no tenía tiempo que perder ya que él quería ir a ayudar a su mejor amigo Frank. Al llegar a la entrada encontró a Fenrir tendido en el piso y a Frank muy malherido después de haber ganado la batalla. Sin embargo, el gorila no duraría mucho tiempo con vida.

Yotam lo sabía. Frank moriría si él no hacía nada. Pronto recordó las palabras de Joph: “En el tesoro encontrarás una poción que cura heridas”. Por lo cual, rápidamente abrió el tesoro y le dio a Frank la poción, que logró tomar con sus últimas fuerzas. De pronto, Frank comenzó a recuperarse mágicamente.

Los dos habían logrado lo que muchos otros sólo podrían soñar: obtener el tesoro. Por eso, al regresar al pueblo, fueron elogiados y honrados por todos. Yotam logró lo que desde un principio fue su meta: salvar a su familia y ser explorador junto con su mejor amigo Frank.

Siglos después, esta historia seguiría siendo contada, con otros detalles, creando así diferentes versiones. Se cree que la hazaña de Yotam y Frank, inspiró a mucha gente a conseguir lo que quiere y se cree que fue la inspiración para Indiana Jones.

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