¡Auxilio, estoy perdido!

Seudónimo: Pety

Había una vez un perrito que se llamaba Max, su dueño se llamaba Juan.  Ellos dos se querían mucho, eran inseparables.

Sucedió un día, que pidieron el súper a la casa y en lo que metían las compras, dejaron la puerta abierta y Max se salió. Estaba maravillado porque nunca había estado antes en la calle: se puso a oler todo, a correr, a perseguir mariposas, hasta que cansado, sintió hambre. Entonces se dio cuenta de que estaba perdido. No sabía cómo regresar a su casa.

Caminó sin rumbo más de 5 días. Lloraba llamando a Juan, comía de los basureros, se sentía solo, triste, no dormía cómodo y los demás perros lo molestaban. Un día, se encontró a un viejito con un palo (Max ya había aprendido a temerle a los palos y a las escobas) que le trató de pegar, pero Max no se dejó y se echó a correr. Llegó a un bosque y en la oscuridad cayó en un hoyo profundo, del que por más esfuerzos que hizo no pudo salir.  Sin comida y sin ayuda, parecía el fin de Max.

Pero sucedió a la mañana siguiente que una familia fue a acampar a ese lugar. Mientras estaban paseando por un sendero, empezaron a escuchar tristes ladridos y vieron al perrito atrapado.  Alan, el hijo más grande, agarró una cuerda, la amarró a un árbol y entró al hoyo rescatando al cachorro.

Compadecidos, lo alimentaron, lo bañaron, le hicieron una camita para que durmiera  cómodo y sobre todo, le dieron mucho amor.

Paseando un día juntos Alan y Max, vieron con sorpresa un cartel con la foto del can pegada. Lo que había pasado es que Juan había hecho carteles para encontrar a su perro y los había pegado por todas las calles ofreciendo una gran recompensa si alguien lo hallaba.

Afligido, Alan le dijo a su mamá lo que había descubierto. Ella le respondió que Max debía estar con su dueño, que seguramente estaba sufriendo sin su amigo.  Le dijo “yo sé que te encariñaste mucho con él, pero debes hacer lo correcto”. Con tristeza, pero convencido de que estaba actuando bien, Alan fue a casa de Juan y le devolvió el perro.

Juan estaba feliz y emocionado de tener de nuevo a su amigo. Agradecido con Alan, cada quince días se iban todos al parque para correr y jugar juntos.

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