El canario

Seudónimo: Cosmo

La mañana era fría, solo lo observé, lo analicé por un tiempo y precisión impresionante. No hubo ningún movimiento, todo quedó en completo silencio y tranquilidad. 

Mi niñez no fue fácil, mi madre nos abandonó cuando yo tenía apenas cinco años, me quedé solo con mi padre. Recuerdo desde pequeño que a los diez años mi papá me contaba todo tipo de historias, caballeros luchando contra dragones, viajes en submarinos, aventuras con monstruos enormes, etc. Pero ninguna se repetía más que la del canario. ¿Sabes algo? - me decía mi papá - Cuando yo ya no esté aquí voy a volar. ¿Cómo a volar? - yo le preguntaba, ¡Sí! A volar, voy a volar tan alto como los aviones, tan rápido y alto que no me podrás ni ver - contaba con entusiasmo mi papá.  Mi padre siempre fue un aficionado de la naturaleza, le encantaba salir a caminar y a conocer lugares nuevos. 

Recuerdo el reloj dorado de mi padre, nunca se lo quitaba.  Su rutina diaria era simple: un café negro en la mañana, un pan tostado e irse directo al trabajo.  Un día en el parque de la esquina nos encontramos con unos pájaros, había desde palomas hasta cuervos, todos buscando pelear y robar el pan que se había caído. Pero el pájaro que más resaltaba era un canario, su plumaje radiado por un amarillo intenso que de inmediato llamaba la vista de todas las personas que observaban los pájaros. El contacto fue corto, pero fue lo suficiente como para que mi papá vuelva a contar una de sus historias - ¡Wow! ¿Lo viste?, se ve tan hermoso, no puedo creer que existan animales así - , Ya papá, no exageres, es solo un pájaro que va comiendo por ahí - le contesté de manera agresiva, como era de esperarse en los adolescentes. 

Después de graduarme de la universidad me alejé de mi padre, quería ser libre en mis decisiones. Por mucho tiempo dejé de hablar con él, me daba flojera contestar sus mensajes y no tenía tiempo para hablarle. Pasaron los años, mi padre se convirtió en abuelo. Me gustaba mucho verlo de repente, una o dos veces a la semana para que vea a mis hijos y ellos lo vean a él. Nunca había visto a mi padre tan feliz, sonriendo y jugando con mis hijos. 

Una llamada me levantó del trabajo, de inmediato me fui al hospital a verlo. Había tenido un ataque al corazón, habría de ser letal solo que unas personas en la calle vieron lo que ocurría y llamaron a una ambulancia. - Pa, que bueno que estas bien, me diste un espanto - Le dije a mi padre con una mirada triste. - No te preocupes, solo fue un espanto y pronto voy a estar bien - me contestó débilmente desde la camilla del hospital. En esos momentos realmente aprecié a mi padre, en estos momentos dónde algo está en peligro realmente apreciamos. 

Cuando mi padre se recuperó, entendí que debía pasar más tiempo con él. Una noche salimos a un bar, nos quedamos los dos bebiendo y bailando hasta las 4 am. Nunca lo había visto de esa manera. Otro día fuimos a la playa con mis hijos, construimos castillos de arena y recolectamos conchas. 

Tiempo después otra llamada llegó, un golpe de nerviosismo me azotó en el pecho, sabía que había pasado porque lo podía sentir en mi corazón, pero me negaba a aceptarlo porque me dirigía a un camino por el cuál no quería pasar. Solté el teléfono, no sentía nada en ese momento, me sentía vacío. 

Me costó mucho la muerte de mi padre, lo veía en todos los padres de mis amigos, en el café negro de las mañanas y en las tiendas de relojes. No fue fácil ya que me arrepentí mucho, me arrepentí por todos los momentos que pasé y que no aproveché al máximo y también por todos los momentos que nunca llegaron a ocurrir. 

La mañana era fría, solo lo observé, lo analicé por un tiempo y precisión impresionante. No hubo ningún movimiento, todo quedó en completo silencio y tranquilidad. Reconocí de alguna manera esos ojos, esa mirada me quería decir algo, pero no lograba descifrar el mensaje. El canario soltó el vuelo hacia el horizonte. Recordé como mi padre - lo sé - me repetía dentro de mi cabeza - sé que él ahora está volando, volando muy alto, tan alto como los aviones, tan rápido y alto que nunca más lo volveré a ver.

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