El delfín solitario

Seudónimo: Gab

En lo profundo del mar hay millones y millones de animales: delfines, orcas, ballenas, tiburones... de todo, pero un día desaparecieron todos los delfines. Todos, menos uno.

Era un pequeño delfín bebé que tenía extraordinarias cualidades: poseía mucha fuerza, era muy ágil, rápido y sobre todo, una gran inteligencia.  El problema con ese bebé era que era muy solitario porque ya no tenía ni papá ni mamá y se sentía muy solo porque era el único de su especie.

Un día, paseando por el mar se encontró con una familia de orcas que lo trataron como si fuera de la familia.  Con ellos aprendió a comer como orca, a nadar como orca y a hacer todo como orca.  Le enseñaron todo lo que sabían.

Algunos años después, sucedió que salieron a su paseo familiar (como hacían cada domingo). De repente llegaron unos pescadores, lanzaron una red y el delfín, que ya no era un bebé, quedó atrapado.

Desesperadas, las orcas fueron a pedir ayuda a un pez espada para que cortara la red, pero el animal les decía que no podía, que tenía mucho trabajo y aunque las orcas le suplicaron, se negó rotundamente. Mientras tanto, al intentar liberarse, el delfín se había lastimado gravemente y ya sin fuerzas, no podía resistirse a los pescadores que intentaban subir la red al bote.

Como pudo, empezó a morder la red. Poco a poco la fue cortando con sus filosos dientes hasta que la rompió y pudo liberarse. Tenía heridas por todo el cuerpo. En verdad le dolían, sin embargo, estaba más preocupado por encontrar a su familia: los había perdido porque ellos fueron a buscar ayuda y no habían regresado.

Se sintió muy triste, como cuando era chiquito. Ya no podía más. Su vida le parecía inútil ahora que de nuevo estaba solo. Empezó a recordar los momentos que habían pasado juntos, los paseos dominicales, los juegos y en medio de sus lágrimas decidió que no iba a perder a su familia. “Vamos”,  dijo, “yo sé que puedo”. Así que empezó a buscar, a buscar, a buscar por todo el océano y no paró hasta que de repente encontró a una familia de peces dorados. Emocionado, les preguntó por sus queridas orcas, pero ellos no las habían visto. 

El delfín ya estaba muy desesperado y llorando gritaba: ¡por favor, ayúdenme a encontrar a mi familia!  Ya no había esperanza.

Una tortuga se acercó nadando lentamente porque había escuchado los lamentos. Le dijo que acababa de ver una familia de orcas que buscaban un delfín. Juntos fueron a buscarlas.

Cuando por fin se reunieron, el pequeño saltaba y no se cansaba de abrazarlos.  Eran su familia. Los años pasaron muy felices. El delfín se casó con un pez espada. Ahora trabaja en el mismo negocio que su familia, ya tiene hijos y sabe que no puede dejar de cuidarlos para que no sufran como él sufrió.

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