El mundo de los sueños

Seudónimo: La profesional

Estrella provenía de una familia muy estricta con ideas muy aferradas a la ciencia, sólo creían en aquellas cosas que ellos podían ver y sentir. Nunca le gustaron los cuentos de hadas ni de princesas, decía que era una pérdida de tiempo.

            Desde pequeña aprendió que era más importante estudiar que pasar un buen rato, porque le iba a servir para el resto de su vida. Un día, haciendo un proyecto, vio algo extraño y por un momento pensó que estaba alucinando. Se talló fuertemente los ojos, después de abrirlos y ver lo mismo salió corriendo a averiguar qué era exactamente. Con mucho cuidado, se fue acercando lentamente y vio las hojas de un árbol cambiando de color. Curiosa, se acercó poco a poco y al llegar al árbol, algo cambió el color azul y ahora era verde, el rojo era negro  y el blanco era anaranjado. Era muy confuso para ella, la única explicación que podía pensar era una intoxicación por tocar el árbol. Repentinamente apareció un hada con largas alas y un vestido rojo.

            Nuevamente se talló con fuerza los ojos pero el hada no desapareció. Con temor, Estrella dijo en voz alta: “¿Cómo salgo de aquí?” el hada la interrumpió diciendo “Ya estás aquí, mejor disfruta el momento”.

            Estrella, sin pensarlo se dejó llevar por la idea de la preciosa hada. Mientras fueron avanzando se encontraron con un payaso común y corriente pero todos a su alrededor estaban sonriendo, con curiosidad y un poco de miedo se acercó a preguntarle porque sonreían. El payaso le contestó que simplemente estaba contando cosas agradables que no se podían explicar excepto con la mente abierta a todas las posibilidades. También le habló de la importancia de la felicidad y los amigos.

            De pronto, una hoja del árbol cayó sobre la cabeza de Estrella y al instante el verde era verde otra vez y todos los personajes ficticios desaparecieron. Estrella gritó enojada: “Quiero regresar, quiero regresar”. Sus papás sorprendidos fueron a ver a su hija y en cuanto la tocaron, todo cambió también para ellos.  El color azul ahora era verde, el rojo era negro  y el blanco era anaranjado. Todo era muy confuso aunque agradable. Comprendieron en carne propia que la ciencia no lo puede explicar todo, que hay cosas que se pueden ver y sentir sin necesidad del cuerpo y los cinco sentidos.

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