“Intento 26”

Seudónimo: Fénix

Cuando me desperté me sentía en mi propio mundo, por un momento se me había olvidado cómo caminar. “Ah ya, pie derecho, pie izquierdo…”.

Salí de mi habitación. “Buenos días —me dijo mi mamá—, ya vas tarde para la escuela”. 

¿La escuela? Ah sí, es cierto, la escuela. Salí de mi casa sin desayunar y caminé al colegio.

Tenía la sensación de que nunca había visto tantos humanos juntos; corrían por el pasillo, hablaban, reían y agarraban las cosas de sus casilleros.

Fui a la clase de historia, todo lo que preguntaba el maestro me lo sabía, mis compañeros parecían sorprendidos, ¿acaso no era obvio?

Al finalizar, andando por el corredor, me encontré con mi reflejo en una ventana, admiré mis ojos y mis manos, luego mi boca y mis dientes, “hmmm, nada mal”,

—pensé.

En la siguiente asignatura escuché sonidos de máquinas y de teclas de computadora, lo cual era raro, ahí no había nada de eso, y me volví a enfocar en la clase; después en el recreo no tenía apetito para comer, sentía que no necesitaba el alimento.

Más tarde, en la última lección, esos sonidos tan raros se escucharon más fuerte, fue difícil volverme a concentrar.

Acabando la escuela, de regreso a casa me sentía raro, mis piernas se tambaleaban y empecé a ver borroso.

—¿Qué…? ¿Qué pasa? —Decía una voz.

—Se está descontrolando. —Decía otra.

—Suspéndanlo… ¡Suspéndanlo!

— Deténgalo y desarmen al prototipo veintiséis, no va a funcionar...

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