Invisible

Seudónimo: Laura Lucas

Laura tiene 13 años, le apasiona escribir desde siempre;  es muy creativa e imaginativa. Creció en California, Estados Unidos, con sus padres y es hija única.

Siempre fue introvertida. Le encanta pasear por las tardes con su perro Lucas y su amiga Julie. Vuelan las horas mientras dibujan, pintan y ven películas.

Disfruta viajar. Es de sus actividades favoritas, aunque siempre se desespera con las tareas escolares, de saber que en tan solo unos meses viajará a ver a sus abuelos que viven en México, se pone feliz. Cada verano los visita.

Un día, después de haber pasado toda la tarde con Julie y Lucas, fue a descansar a su cuarto. Tomó unas hojas en blanco y escribió en su diario sobre cómo disfrutaba los fines de semana, en los que no tenía que hacer trabajos y era libre de hacer lo que deseara.

Aquella tarde, al terminar de escribir, Laura notó algo extraño: no lograba ver su brazo al escribir, aunque sí veía la tinta de sus escritos plasmada en el papel.

Corrió al espejo, no percibía su imagen reflejada. Asustada, se apresuró a buscar a su madre. Cuando la encontró, intentó hacerle saber de varias maneras que estaba ahí, sin lograrlo.  Se le ocurrió entonces anotar su situación en un papel y colocarlo debajo de la puerta de su habitación. Al tomar la hoja, su madre soltó una breve carcajada y le recordó cariñosamente que era tarde y debía estar dormida en lugar de estar haciendo bromas.

“Tal vez es una pesadilla”, pensó Laura, “me iré a dormir y mañana, al despertar todo esto se habrá terminado”. Después de algunas horas de pensar qué podría ayudar, se puso a escribir, ya que eso era lo que sabía que le ayudaba a sentirse mejor. Bajó las escaleras, buscando a Lucas, que para su sorpresa la reconoció. Estaba tan contenta, pensando que quizá otros la lograrían ver...

Salió al patio delantero junto con Lucas; Laura saludó con la mano a su vecina, sin recibir respuesta alguna, aunque, al menos, Lucas mostró de nuevo entusiasmo de disfrutar de su compañía. 

Nadie parecía notar su ausencia ni en la escuela ni en casa.

Pasaron unos días, y después de lamentarse, escribió y escribió, que era lo que mejor sabía hacer.

Laura suponía que era transparente, que nadie notaba su presencia, hasta que se dio cuenta de que no es que fuera invisible, simplemente era  tímida y existían diferentes maneras de comunicarse, en un mundo en donde está tan presente la fantasía de que mientras más nos exponemos y más ruido hacemos estamos más acompañados. 

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