La cúspide del crimen

Seudónimo: El forastero

¿Podría ser posible? ¿Es posible que hayamos vivido tanto tiempo bajo una gigante red criminal? Estas son las preguntas que me he estado haciendo en las últimas semanas. Siempre creímos que la mayoría de los crímenes son crímenes aislados, con un móvil personal, pero, ¿es esto cierto? Pero, bueno…, me estoy adelantando un poco. Mi nombre es Arno, tengo 25 años, soy alemán y trabajo para la policía local atrapando a pequeños criminales como delincuentes o asaltantes en la ciudad de Augsburgo (una pequeña ciudad al sur de Alemania, cerca de Munich).

Mi historia comienza un martes por la tarde mientras hacía mi ronda diaria. Llevaba casi una semana sin recibir ni un aviso, lo cual es raro ya que normalmente recibía como mínimo un aviso por día. A las 6:30 de la tarde me llegó un aviso sobre un asalto tres manzanas más adelante de donde yo estaba. Me dirigí rápidamente con mi patrulla y visualicé mi objetivo: era un hombre de estatura media, delgado y debilucho, llevaba puesta una sudadera estilo camuflaje, tenía subida la capucha y vestía una gorra negra. Corría rápidamente hacia un callejón estrecho por el que no cabía mi patrulla, así que tuve que bajarme con una pistola en mano y empecé a seguir discretamente al hombre a fin de sorprenderlo en el callejón. Me trepé a un techo bajo para así poder saltar en el hombre e inmovilizarlo sin que él me pudiera ver. Mientras observaba al hombre meterse al callejón, mi pie resbaló y casi me caí, cuando volteé de nuevo hacia el callejón no había nadie. Me quedé sorprendido ya que no había forma de escapar de ahí tan rápidamente.

Bajé al suelo en silencio y observé más detenidamente el callejón, no había posible escondite, entonces observé una tapa de desagüe. En esta situación normalmente avisaría a mis superiores y ellos se encargarían de la situación, sin embargo, la emoción del momento me impulsó y baje silenciosamente. Caminé un rato por un tubo de desagüe y de repente me paré de golpe, de la pared de mi derecha se oía algo, voces quizá. Traté de escuchar lo que decían, pero sólo pude escuchar unas palabras sueltas. Analicé la pared de donde venía el sonido y observé una fina grieta que subía desde el piso hasta el techo. Empujé la pared y una puerta se abrió, dentro de la pared había un pequeño cuarto bien iluminado, con un escritorio, sillas y dos monitores. En un monitor se veía un mapamundi con puntos, flechas y palabras, y en otro, cámaras de diferentes lugares, como la entrada a las tuberías y las tuberías mismas.

Había otra puerta de donde se oía música y gente hablando. En ese momento tuve miedo de ser descubierto ya que ya había tenido mucha suerte al no ser descubierto por las cámaras, así que me regresé silenciosamente, salí de los tubos y me fui a mi casa.

Ese día no dormí. Tenía la sensación de que algo no estaba bien. Decidí no hablar de lo que vi con mis superiores, simplemente les dije que perdí al delincuente. A las 2:30 de la mañana me puse ropa normal y tomé la precaución de tomar mi pistola, me armé de valor y fui a visitar los tubos, esta vez sí tenía un plan. Llegué a la parte de la grieta aproximadamente a las 3:00. Puse el oído en la pared y no oí nada, abrí cuidadosamente y me encontré con la salita, había un hombre sentado en una silla profundamente dormido, me senté silenciosamente en una silla y empecé a trabajar, inserté un disco duro externo en la computadora y pasé todos los archivos. Al cabo de 30 minutos terminó el proceso y regresé a mi casa. Una vez en mi casa empecé a explorar los archivos en mi portátil. Había mapas, dibujos, nombres, planos y otras cosas. Empecé a notar que muchos hacían referencia a algo llamado Brencherev, pero no logré comprender a qué se refería. Después de un tiempo explorando, entendí. Había una organización criminal llamada Brencherev, controlando la mayoría de los crímenes que se cometen en Alemania, desde asaltos a gente en la calle, hasta robos de reliquias culturales o asesinatos de políticos y gente importante. Esta organización se fundó hace más de 150 años y se fue extendiendo, los nazis formaron parte de ella y tenía tanto poder como el gobierno. Era la cúspide del crimen. La única forma de destruir esta organización era desde adentro. Así que formé un plan. Fui un criminal por mucho tiempo, la policía me buscaba y tenía una vida difícil, sin embargo, tenía un objetivo claro: destruir esa organización. Después de un año un agente de Brencherev me invitó a unirme a la organización y yo acepté. Estuve 20 años en esa organización y nunca olvidé mi objetivo, fui consiguiendo más y más poder hasta que me nombraron presidente del sindicato. Reuní a los líderes para una reunión urgente. En ese momento cumplí mi objetivo de vida: activé una bomba y destruí una organización criminal, que mataba a más de tres personas al día por un pequeño precio: mi vida.

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