La vida que vivimos

Seudónimo: Steve Master

«Vivir implica morir, pero qué pasaría si fuéramos víctimas de una maldición, un hechizo que nos hiciera inmortales y tuviéramos que ver morir a la persona que amamos una y otra vez frente a nuestros ojos; en cada una de sus reencarnaciones, en cada una de sus vidas. Nosotros recordamos todas sus muertes, ella sin saber que hemos estado juntos una eternidad. ¿Cuánta pérdida puede soportar una persona? ¿Cuánto dolor? ¿Cuántas veces te puedes recuperar y volver a empezar?».

Mi nombre es Otis y esta es la historia de mi maldición. Todo comenzó cuando yo tenía dieciocho años y asistí a una manifestación estudiantil, de esas que piensas que van a cambiar al mundo, que con la fuerza y la palabra de mucha gente se va a transformar la realidad. Era joven e ingenuo, pero con ganas de hacer algo al respecto. Eran tiempos violentos y en mí sólo vivía la esperanza de que las cosas cambiarían, de que serían diferentes. Y sí lo fueron, pero no en el mundo, sino en mi vida personal.

En esa manifestación conocí a Mave, una chica rebelde, auténtica, segura de sí misma, valiente y con el mismo propósito que yo: cambiar al mundo. En medio de gritos, golpes, gas, sangre y muerte, intercalamos la mirada, todo se detuvo por unos instantes, es como si todo estuviera pasando en cámara lenta, como si lo que sucedía a nuestro alrededor no pudiera tocarnos ni hacernos daño. Comenzamos a caminar, de frente, manteniendo la mirada, con pasos lentos, hasta encontrarnos.

— ¿Te conozco?

— Sí, nos conocimos hace unos segundos.

— ¡Perdona! Que ridícula pregunta.

— ¿Cómo te llamas?

—  Otis, y ¿tú?

— Mave. Creo que si nos quedamos aquí parados, van a matarnos. ¿Estás listo para luchar?

El tiempo regresó a su velocidad habitual, recibí un golpe fuerte en la cara. Mave corrió a levantar a una chica que estaba sangrando en el piso. Agarramos unos pedazos de palo que encontramos en el suelo y comenzamos a pelear contra un grupo de soldados que venían hacia nosotros. Nos acabamos de conocer, pero era como si lleváramos toda una vida juntos.

Comencé a sentirme muy débil después de tanto golpe, calor y falta de agua. A lo lejos vi un termo tirado sobre la banqueta, no era un termo cualquiera, era brillante y multicolor, tenía grabado un mensaje que decía: “Tomar en caso de emergencia”. Así es que tomé, hasta la última gota. En cuanto di la vuelta para regresar al centro de la batalla, observé cómo un soldado, fríamente, sin importarle acabar con la vida de una mujer, levantó su pistola y le metió un tiro en la cabeza a Mave.

Esa fue la segunda vez que cruzamos las miradas, sus ojos me miraban a mí, es como si en mi mirada encontraba un lugar para descansar. Corrí hacia ella, la tomé entre mis brazos y le supliqué que no me dejara, le dije que nos quedaba toda una vida por delante. Lo que yo no sabía es que me esperaba una vida eterna, en la cual iba a quedar preso por siempre, con mi misma edad, sin envejecer, sin morir; y que ella viviría muchas más, en las cuales yo iba a tener que verla morir.

Ese día regresé a mi casa devastado, emocional y físicamente. La manifestación terminó cuando llegaron unos camiones de policías y nos detuvieron para llevarnos a la comisaría. Estuvimos ahí por ocho horas hasta que finalmente nos soltaron. No tenía dinero para poder regresar en transporte público a mi casa, así es que tuve que caminar por una hora y media. Entré al baño, me miré al espejo y en mí encontré a una persona que no conocía, alguien que en tan sólo unas horas se había transformado en alguien más.

Por la mañana era un chavo que estaba decidido a luchar por conseguir un mundo mejor, horas después me encontraba en una batalla en la cual había logrado conocer a una mujer maravillosa y en cuestión de unos instantes lo había perdido todo.

La esperanza, mi juventud, el amor.

Me recosté en mi cama y comencé a repasar todo lo que había sucedido en el día, me quedé pensando en el termo tan misterioso del cual bebí agua y como no había nada más que rescatar de ese día, regresé al lugar de los hechos para ver si de casualidad encontraba el termo. Comencé a buscar por todos lados, el lugar era un basurero, todo estaba destruido, pero finalmente entre las plantas encontré el termo; ya no brillaba, ni era multicolor; era completamente negro y el mensaje que ahora tenía escrito decía: “Hechizo finalizado” y los números “5501112006”.

“¡Qué extraño!” Pensé. ¿Cómo era posible que el termo haya podido cambiar de color y mensjae? ¿Qué simbolizan esos números? No entendía nada…

Después de estar horas tratando de descifrar lo ocurrido, me quedé dormido, estaba agotado. Al otro día por la mañana se me ocurrió marcar los números por teléfono, parecía una idea absurda y tonta, pero ya había agotado todas las demás opciones y ninguna tenía sentido. La llamada entró y después de unos segundo alguien contestó:

— ¡Hola, Otis! Sabía que tarde o temprano llamarías. La verdad estoy sorprendido de que lo hayas hecho tan rápido.

— ¿Quién eres? ¿Qué está pasando? ¡No entiendo nada!

— No hay nada que entender, simplemente caíste en la trampa del amor; por unos minutos conociste a la mujer de tu vida,  pudiste darte cuenta de quién era, de su belleza, su personalidad y con eso basta para que quedarás atado a ella por una eternidad. Lo que te sucedió es una maldición, de esas que pasan cuando uno está en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto.

— ¿De qué maldición hablas?

— Una maldición en la que tú tendrás una vida eterna y ella una reencarnación eterna, tu cuerpo jamás va a envejecer, incluso si mueres, siempre resucitarás. Ella siempre olvidará las memorias de su vida pasada, pero se enamorará de ti en cada una de ellas y sin importar lo que ocurra, siempre va a morir frente a tus ojos.  Y, si por alguna razón ella llega a recordar algo de su vida pasada, morirá en un transcurso de 24 horas.

Han pasado 200 años y han sido 63 Maves a las que he visto dar su último aliento; y no importa cuántas veces lo viva, sigo sin poder acostumbrarme al dolor.

¿Por qué les platico todo esto? Porque hoy me encuentro en la búsqueda de romper con el hechizo, de terminar con mi maldición y creo estar muy cerca de lograrlo…

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