Los zapatos mágicos 

Seudónimo: “Gran artista”

Los Zapatos Mágicos

Era viernes y Cristina se preparaba para ir al colegio. Vivía en una casa muy grande llena de lujos. Vivía en la Ciudad de México junto a sus papás y su hermano menor, Mauricio.

Ese viernes, su hermano Mauricio no dejaba de llorar, pues se había muerto su mascota, su tortuga Bruna.Cristina no podía entender por qué estaba tan triste y pensaba que su hermano estaba exagerando. Cristina le dijo a su hermano, “ya basta Mauricio, no es para tanto. Sólo era una simple tortuga, ya podrás tener otra”. Su hermano al oír sus palabras, se sintió más triste todavía.

En el camino al colegio, Cristina vio por la ventana del coche a un señor pidiendo limosna en un semáforo, el señor se acercó y Cristina lo vio pensando que no era tan grave su situación, que debía echarle ganas y ponerse a trabajar en vez de quejarse y pedir limosna.

Cuando llegó al colegio, Cristina se reunió con sus amigas y una de ellas, Estela, les platicó que estaba muy triste porque sus papás estaban teniendo muchos problemas y estaban pensando en divorciarse. Todas las amigas escuchaban y apoyaban a Estela dándole consejos y palabras de cariño. Cristina la escuchaba, pero pensaba que no era algo para llorar y estar tan triste, así que no apoyó a su amiga.

Cristina en vez de apoyar a su amiga, empezó a contarles la serie que estaba viendo en Netflix y el viaje que iba a hacer con su familia en el verano. Esto no le gustó a sus amigas pues pensaban que Cristina no estaba siendo empática con los sentimientos de los demás.

En la clase de historia, la maestra Roberta le dio las calificaciones de los exámenes y felicitó a Diego por haber contestado un examen ejemplar. Cristina en vez de alegrarse por él, pensó que seguramente no era para tanto y que la maestra estaba exagerando. Esto hizo sentir muy mal a Diego, pues Cristina era su amiga y él pensaba que ella debía alegrarse por él.

Así vivía Cristina, sin comprender los sentimientos y emociones de los demás. Sin tratar de entender lo que los otros sentían. Los papás de Cristina se daban cuenta de esta situación, pero no lograban que ella entendiera la importancia de la empatía.

Cada domingo, Cristina iba a comer a casa de sus abuelos. A Cristina le chocaba ir, porque su abuela se quejaba mucho de su salud y su abuelo ya no escuchaba muy bien, así que trataba de no hablar mucho y comer rápidamente para poder irse a su casa.

Pero ese domingo, la abuela de Cristina le tenía preparada una sorpresa.

Su abuela ya se había dado cuenta que no estaba siendo muy empática y esto le daba mucha tristeza, pues sabía que en el fondo Cristina era una buena persona. Así que decidió ayudar a su nieta.

La llamó a su cuarto y de un baúl lleno de recuerdos sacó una caja muy sencilla. Dentro de la caja había un par de zapatos. Parecían unos zapatos bastante usados y viejos. La abuela se los entregó a Cristina y le dijo: ”te entrego estos zapatos mágicos, que te ayudarán a comprender los sentimientos y emociones de los demás”.

Cristina se quedó viéndolos y no creía en lo que su abuela le estaba diciendo.

Cristina no entendía para qué se los estaba dando y su abuela le explicó que se los daba con todo su amor para que los usara en el momento que ella sintiera que los necesitaba.

Cristina se llevó la caja y cuando llegó a su cuarto los aventó en un rincón. Estaba enojada, pues no entendía porqué su abuela le daba ese regalo a ella. Así pasaron varios días en los que Cristina sólo veía los zapatos en un rincón y sentía mucho enojo con su abuela.

Una tarde, sonó el timbre y nadie contestaba, Cristina no encontraba sus zapatos para salir a abrir la puerta y tomó los zapatos que su abuela le había regalado. Se los puso y  bajó a abrir la puerta.

En la puerta, había un viejito que vendía galletas para ganar dinero. Parecía un hombre humilde y tierno. De inmediato, Cristina sintió un dolor en su pecho y se le hizo un nudo en la garganta. Trató de pensar lo que era para este viejito ir de puerta en puerta vendiendo galletas para ganar dinero y sintió mucha compasión. Subió a su cuarto y sacó dinero de sus ahorros para apoyar al viejito y le prometió que lo ayudaría siempre que ella pudiera.

Cuando se fue el viejito, Cristina se soltó a llorar pues sintió el sufrimiento de este hombre. Cristina no entendía porque se había puesto así y recordó que traía puestos los zapatos mágicos de su abuela.

Más tarde, llegó su hermano Mauricio y Cristina lo vio muy triste mientras observaba la pecera donde antes vivía su tortuga. Se acercó a él y pudo sentir su dolor. Abrazó a su hermano y le dio todo su cariño, le dijo que podía contar con ella y que entendía su dolor.  Mauricio estaba feliz y sintió que su hermana por primera vez lo comprendía.

Cristina se dio cuenta que los zapatos de su abuela estaban despertando sus emociones y decidió seguirlos usándolos.

Al día siguiente, en el colegio, Cristina se encontró a Estela y le pidió una disculpa por no haberla apoyado. Cristina pudo sentir el dolor de su amiga por el divorcio de sus papás y podía entenderla. Le ofreció su apoyo y le dijo que cuando se sintiera triste y sola, podía dormir en su casa para sentirse acompañada.

En el camino de regreso a casa, Cristina vio al señor que pedía limosna en el semáforo y empezó a llorar sin parar. Pudo entender la dura vida de esta persona y se dio cuenta que había sido muy egoísta y que no había pensado ni intentado ponerse en los zapatos de los demás.

Fue a casa de su abuela y al llegar la abrazó lo más fuerte que pudo y le agradeció el regalo que le había hecho. Le pidió perdón por no entenderla y por haber sido tan fría y egoísta.

Su abuela se sentía muy feliz de haber ayudado a Cristina a encontrar en su corazón ese gran don, que es comprender los sentimientos de los demás para poderlos ayudar.

Desde ese día, Cristina entendió la importancia de la empatía y entendió que esos viejos zapatos la ayudaban a sentirse feliz y cercana a las personas. Comprendió que esos zapatos eran el mejor regalo de su vida.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *