Metamorfosis

Seudónimo: Ángel endemoniado.

Yo era solo una niña normal hasta que algo, o alguien, vino a cambiarme, a mí y a mi vida.

De un día a otro desperté en un cuerpo que no era mío; mi cara estaba llena de pequeños bultos rojos que dolían y mi cuerpo no cabía más en mis pequeñas prendas de ropa. Mientras mi cabeza estaba llena de palabras llenas de amor y bondad, mi boca parecía obedecer a otro dueño y sólo soltaba puras expresiones malas y crueles cargadas de desprecio y odio.

De repente, dejé de caerle bien a todo el mundo y a mí ya no me parecía simpática la gente que me rodeaba. Ya no me divertía más ver a través de la ventana ni jugar a que las gotas estaban compitiendo en una carrera mientras se deslizaban por mi ventana.

Papá y mamá dejaron de ser esos héroes sin capa indestructibles para convertirse en mi mayor fuente de estrés y enojo, mi peor pesadilla.

Todos mis pensamientos y emociones perdieron ese hermoso tono rosa para teñirse de un horrible y deprimente tono gris. Parecía que todo el mundo estaba conspirando en mi contra; todo me irritaba con facilidad.

Lo que ellos no entendían es que yo no era una mala persona, solo estaba demasiado rota y lastimada: había pasado tanta gente por mi vida a la que le había entregado mi corazón entero y que lo hizo pedazos sin piedad alguna, tanta gente me había usado dejándome abandonada cuando ya no me necesitaban más, dejándome sola sin nadie en quien apoyarme, estuve tanto tiempo tirada que olvidé cómo levantarme.

Afortunadamente un ángel llegó a mi vida, me ayudó a levantarme y me recordó cómo vivir; me defendió tantas veces que perdí la cuenta. Me limpió las lágrimas, me reconfortó y me hizo reír. Me apoyó en cada decisión sin juzgarme y me aconsejó mil y un cosas.

Sin embargo, tiempo después este ángel dejó de ser blanco y sus majestuosas alas blancas que tanto me tranquilizaban se marchitaron, volviéndose negras e inservibles; poco a poco terminó de pudrirse,hasta convertirse en un demonio que me esclavizó.

Ahora, cada vez que lloraba, me gritaba por dramática; ya no me defendía, dejó de ser mi escudo para convertirse en una espada que se clavaba en mi corazón cada vez que hacía o pensaba algo que no le parecía, dejándome destrozada. Mi débil corazón por fin estalló y varias piezas se perdieron o se escaparon. Realmente, no lo sé.

Cada vez estaba más esclavizada por esta horrible criatura, la cual alguna vez juró jamás irse; sin embargo, hizo algo peor, me dejó tirada siendo la causa de mi sufrimiento, riéndose en mi cara. Cada vez me lastimaba peor y las heridas eran más profundas.

Un día, logré moverme un poco y pude rasgarle levemente un ala; esto lo enfureció más, dándole una razón para, por fin, terminar conmigo: me mató. Ahora sí, no quedaba ni una sola parte de mí en mi propio cuerpo, esta criatura tomó control total de mí causando destrucción total a mi alrededor.

            Por suerte, mi cerebro y mi razón reaccionaron; lo obligaron a dejarme ir, me fueron reconstruyendo poco a poco, pero jamás volví a ser lo que alguna vez fui.

Aún queda rastro de ese pequeño ángel que alguna vez juró protegerme. Sin embargo, tuve que descubrir de malas maneras que este ángel endemoniado jamás me iba a abandonar, o al menos no por completo, ya que, este ángel era yo.

Como dije: Yo era una niña normal hasta que algo, o alguien, me alcanzó. Ahora sí, no me queda más remedio que aceptar que la adolescencia por fin me enseñó que el peor enemigo que puedes tener eres tú mismo.

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