No veo la Luna

Seudónimo: La escritora de los sueños

Emilia era una niña muy feliz. Le encantaba su vida. Tenía una familia muy unida y a las mejores amigas que puede haber, sin embargo, existía algo extraño en su vida, resulta que ella no podía ver la Luna. Era septiembre, mes que se caracterizaba por tener las lunas más bonitas de todo el año. Casualmente en ese mes ella cumpliría 12 años. Ya se acercaba su cumpleaños, un día muy especial para Emilia y su familia.

Ella tenía la ilusión de poder ver ese año la Luna. Así que empezó a prepararse para su cumpleaños, hizo muchas cosas diferentes para poder tener un encuentro especial con la Luna. Por ejemplo, empezó por intentar dibujarla, guiándose de aquello que le habían contado de la Luna, pero lo único que dibujó fue un círculo blanco común y corriente. Hasta que se le ocurrió buscar en internet una foto de la Luna, pero cuando quiso abrir la foto solo se veía un cielo estrellado.

Emilia estaba tan decepcionada que empezó a llorar. Fue tanta su desesperación que cuando quiso apagar la computadora le picó al botón incorrecto y apareció una página en que decía: La luna es hermosa... Es blanca como la nieve y redonda como una pelota con manchitas grises muy hermosas.

Emilia empezó a saltar de alegría. Volvió a intentar dibujarla y le salió muy hermosa. Siguió y siguió, una y otra y otra vez hasta que se aburrió y se cansó. 

- Es como si estuviera atrapada en un túnel del tiempo, pensó.

Y en ese momento se le ocurrió que podía dibujar otro tipo de Luna presentándola en todas sus fases (cuarto, llena, menguante). Sin embargo, ya era muy tarde y tenía mucho sueño, así que se fue a descansar. Mientras dormía, soñó con un reloj en el que las agujas avanzaban muy rápido, tan veloz que no podía ver ni siquiera qué hora era, pero de repente, el reloj se paró. Emilia intentó enfocar la hora y se dio cuenta que marcaba las 6:00 p.m. Algo extraño sucedió, empezaron a salir líneas y de repente el reloj se convirtió en una media Luna.

Emilia se despertó muy contenta y feliz de haber visto la Luna aunque sea en su sueño. Emocionada se arregló para ir a la escuela. Cuando llegó la hora del recreo, Emilia le contó a sus amigas: Lily y Miley, lo que había pasado el día anterior. Ellas le preguntaron si podían ir a su casa a ayudarla con la decoración para su cumpleaños y Emilia les dijo que sí.

Cuando acabó la escuela, las tres niñas llegaron a la casa de Emilia y fueron a su cuarto. Empezaron a dibujar diferentes tipos de lunas, a nadie le quedaban como las de Emilia, esas parecían hechas por una profesional. ¡Eran mágicas! Parecía que quienes nunca habían visto la Luna eran sus amigas.

Así pasaron los días. Emilia y sus amigas pegaban las decoraciones en las paredes del salón de fiestas y escogieron el pastel de cumpleaños que, obviamente, también era de Luna. Hasta que llegó el cumpleaños de Emilia. Llevó un pastel a la escuela y lo comieron en el recreo. En la tarde fueron sus amigas a su casa y se prepararon para la fiesta. Más tarde, en la noche, empezó la celebración, había música y una pista de baile. Todo se veía hermoso, la festejada y sus amigas se la estaban pasando genial, pero de repente, Emilia se empezó  marear tanto que se desmayó. 

Durante el desmayo, empezó a soñar un recuerdo de la última vez que había visto la Luna. Cuando tenía tres años había ido a acampar con su familia en el bosque. Esa noche, la Luna brillaba mucho, tanto, que se asustó y por eso dejó de verla. Ella decidió voltearse a otro lado y empezó a caminar dentro de la casa de campaña para no seguir deslumbrada, pero empezó a escuchar una vocecita que decía: “despierta y enfrenta tus miedos”. La voz fue muy repetitiva, la oyó una y otra vez hasta que despertó. Cuando volvió en sí misma, todos la miraban, no le importó porque ella sabía que ahora sí iba a poder ver la Luna. Así que se fue corriendo a la terraza, pero lo único que veía era un cielo estrellado. Entonces, se dio cuenta que no iba a enfrentar su miedo buscando en el cielo, sino que lo iba a enfrentar usando su imaginación y pensó: qué suerte poseo, tengo una familia increíble, amigas inseparables y yo puedo imaginarme y decidir cómo se ve la Luna mientras el resto del mundo no, porque pueden verla. Emilia regresó con su familia y sus amigas a bailar y a cantar. Ella disfrutó mucho. Tanto que tuvo la mejor noche de su vida. A veces, a las personas nos gustaría tener cosas que nunca tendremos, pero lo esencial es valorar aquello que sí se tiene, y esa decisión podría darte mucha felicidad.   

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