Olvido

Desperté gracias al odioso sonido de mi despertador, cansado y sin ganas de ir a trabajar me paré de mi cama lentamente, me quedé unos minutos de pie viendo hacia la dirección del sofá con la mente en blanco, estiré un poco mis brazos y me dirigí hacia el baño, donde salpiqué unas gotas de agua sobre mi cara, sin embargo, el cansancio no se había desvanecido. Entré al armario con la cara aún mojada y una toalla de tela en la mano, tomé algunas prendas de ropa sin estar seguro de que estas estuvieran del todo limpias, aun así, me las puse y me calcé un par de zapatos que encontré debajo de la ropa. Mi estómago empezó a hacer ruido haciéndome saber que era la hora del desayuno. Como de costumbre, mi plan era preparar un simple cereal con leche, así que fui a tomar los ingredientes, serví la leche en el plato hondo junto al cereal, pero esta mañana sabía diferente, me pareció que era la leche, sabía a naranja, jugo de naranja para ser precisos, supuse que había confundido los envases de la leche y el jugo, sin más apetito lo tiré a la basura y permanecí sentado en la barra de la cocina pensando. Un terrible sentimiento nervioso pasaba por mi estómago acompañado de un horrible dolor de cabeza. No sabía si era por el cereal con jugo que acababa de ingerir o por algún otro motivo, pero algo parecía faltar.

Tomé el saco del perchero de mi entrada que mantengo ahí para no olvidarlo y salí de mi casa camino al trabajo; normalmente hubiera tomado el autobús pero hoy decidí caminar para llegar más despierto a la oficina, además quería evadir el ruido y gentío  del autobús  que solamente empeoraría el dolor de cabeza. Comencé a caminar en dirección al trabajo, el cual está a pocas cuadras de mi casa por lo que no debía de tardar más de cinco minutos llegar. Mientras caminaba el molesto sentimiento en mi estómago había vuelto, algo parecía faltar, pero no podía descifrar que era, sin darle importancia alguna seguí caminando, tenía las manos en los bolsillos y la vista hacia abajo, subía y bajaba de la banqueta cuando una sensación de mareo recorrió todo mi cuerpo provocando que me resbalara de la banqueta, por suerte nadie miro mi ridícula caída y me levanté rápidamente sacudiendo mi saco y volteando a ambos lados para cruzar la calle, en realidad estaba muy cansado esa mañana, sin embargo la sacudida de aquella caída había despertado cada hueso en mi cuerpo, saqué mis manos de los bolsillos.

A mi derecha se encontraba el parque donde generalmente tomaba mi descanso, siempre habían niños jugando y parejas disfrutando de una cita bajo el cálido sol de verano, al voltear mi corazón empezó a palpitar más rápido de lo normal, empecé a sudar, mi pecho se llenó de dolor y no podía parar de temblar,  todo se veía extraño, los árboles eran manchas verdes, los niños jugando y las parejas enamoradas ahora eran figuras abstractas sacadas de una pintura de Kandinski, cerré los ojos con fuerza esperando que cuando los abriera todo haya desaparecido. Tratando de calmarme abrí lentamente los ojos, encontrando el paisaje igual de borroso y angustiante como se encontraba antes. Con ganas de llorar me quedé parado un momento para recuperar la cordura y seguí adelante ya que solo me encontraba a media cuadra de la oficina, aceleré el paso con la intención de llegar lo antes posible. A punto de llegar recordé el drenaje abierto donde los bomberos rescataron a un pequeño gato la semana pasada pero ya era demasiado tarde, no lo vi y mi pie cayó justo en la cloaca arruinando mi zapato y cubriéndolo de un espantoso olor a cañería, sabía que llegaría tarde al trabajo si me iba a cambiar, además quería cerrar los ojos y descansar lo antes posible, por lo que me quité el zapato y corrí en dirección al trabajo.

Habitualmente admiro los coches que pasan mientras que el semáforo se torna rojo, no lo podía soportar más, tenía que llegar a mi oficina, con un zapato en la mano y unos terribles escalofríos corriendo por mi cuerpo crucé la calle sin pensar, estaba mareado y mi visión se había nublado, ¿Qué me está pasando? Cruzó mi mente cuando de pronto escuché a una persona gritar.

  • ¡Cuidado señor!

Inmediatamente, sentí el impacto de un coche, me habían atropellado, caí al suelo y por un momento agradecí estar acostado, aunque fuera en medio de la calle, la señora dentro del vehículo salió y gritó realmente enojada

  • ¿Qué acaso usted no ve?

En ese momento fue cuando recordé lo que tanto me faltaba, lo que había estado en el fondo de mi mente todo este tiempo y lo que había causado esta cadena de eventos desafortunados. Había olvidado mis anteojos.

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