Perdida en mi mente

Seudónimo: Letras

Un día común y corriente cuando desperté, me percaté de que veía borroso y la cabeza me dolía mucho. Sin entenderlo, veía a mucha gente extraña a mi alrededor mostrando una cara de preocupación y  al mismo tiempo de alegría, al darse cuenta de que estaba despertando de un largo y doloroso sueño, aunque yo no entendía nada.

De pronto, a lo lejos vi a un detective alto y sin pelo, con una personalidad extraña que hablaba con mi familia en voz baja. A la lejanía logré escuchar que, consternado, dijo: “El accidente que vivió su hija, no fue realmente un accidente“ (...), esas palabras taladraban mi cerebro durante horas, tratando de comprender a lo que se refería aquel detective extraño y conocido a la vez. Eso fue lo único que logré escuchar y desde entonces mi vida se tornó como un torbellino, no sabía en dónde me encontraba en realidad.

Conforme transcurría el tiempo, poco a poco fui comprendiendo que había estado en un accidente automovilístico y como consecuencia del mismo, había quedado en un estado de coma más de 2 semanas. Todo me resultaba extraño e incomprensible, al grado de percibir alucinaciones, en donde veía espejismos que no sabía si habían ocurrido en realidad o eran parte de las secuelas de haber estado en coma.

Había momentos en donde la habitación entera me resultaba familiar; recordar situaciones que había vivido, sentido o quizás padecido durante el coma, como haber visto a mi padre muerto tocarme el hombro y sonreírle, haber escuchado balbuceos decretando que yo tenía que vivir.

Todo esto, simplemente no lo entendía… sólo lo sentía.

Finalmente, y después de una larga agonía y una recuperación dolorosa, me dieron de alta. Al entrar a mi “supuesta casa”, todo me resultaba familiar pero extraño al mismo tiempo. Sentía que la gente me observaba meticulosamente como si estuviera confundida, pero la verdad era que yo no entendía nada, sólo recordaba lo que escuché a lo lejos y muy silenciosamente de la boca del detective.

Los días pasaban, las horas me parecían eternas y durante semanas, intentaba por todos los medios recordar, evocar, sentir, pero sólo pasaban por mi mente recuerdos  añejos por el tiempo, ninguno de ellos era pieza clave para entender mi verdadera yo. Lo que recuerdo de manera recurrente es que mi familia me repetía constantemente lo mismo, como queriendo convencerme de algo que yo estaba segura que no era verdad.

Así continuó mi vida, al parecer en una normalidad, aunque seguía sin lograr descifrar los cabos sueltos de este rompecabezas en el que estaba viviendo. Así mismo, trataba de evadirlas para lograr con ello intentar tener una” vida normal” como la de cualquiera de mis [email protected] y de una adolesente de mi edad.

Confieso que de vez en vez me venían recuerdos que me iban haciendo sentido y, junto con ello empezaba a juntar las piezas del rompecabezas. Así, paulatinamente, me fui acordando de ciertas partes de mi vida hasta aquel día singular en donde  encontré un celular que tenía una apariencia muy vieja, pero que en realidad estaba recién usado. Conforme fui leyendo los mensajes escritos en aquel aparato, encontré conversaciones turbias que me llevaron a soltarlo de inmediato y no quise seguir leyendo pero, a los días siguientes, me seguía viniendo ese recuerdo a la mente. De tanto pensarlo indagué más, leí y leí y quedé consternada, asustada, desilusionada... y descubrí que mis padres, vendedores de muebles, incrustaban droga en los muebles y fue en ese celular que encontré todas las conversaciones que mantenían con sus proveedores.

Al percatarme de quiénes eran mis verdaderos padres y a lo que se dedicaban,  me quedé sin habla. ¿Cómo es posible que mis padres, a los que veo como las mejores personas del mundo, resulten ser traficantes?, no lo podía concebir. Pensaba que seguía en coma y que al despertar de este largo sueño, me dirían que no era verdad, pero desafortunadamente, no fue así.

Al enterarme de la verdadera historia del lado oscuro de mis padres, continué investigando y, un día decidí buscar a aquel alto y sin pelo detective que recordaba lejanamente haber visto en el hospital. Mientras tanto, mi forma de relacionarme con mis padres cambió 180 grados, y les respondía sólo lo necesario y con monosílabos.

Así fue como me acerqué al nosocomio donde había estado en coma y me ayudaron a encontrar al detective. Le conté todo lo que había descubierto y él, alucinado por mi discurso, me pidió ver el celular viejo, a lo cual accedí de inmediato. Así fue como se abrió una carpeta de investigación sobre mi “supuesto accidente” y resultó que mis padres fueron los que provocaron que yo sufriera ese accidente automovilístico porque se habían percatado de que yo sabía su verdadero trabajo como traficantes.

Cuando mis padres se dieron cuenta de que yo ya sabía sus secretos, y que había recordado el pasado, que yo tenía plena conciencia de que planeaban otro movimiento como los que solían hacer a través de los muebles, fue que  decidí escapar. Huí justo en el momento indicado y me enteré por medio de los periódicos, la televisión e internet que a mis padres, a las personas que me trajeron a este mundo, los descubrieron.

Ahora están pagando las facturas, encerrados en la cárcel por ser narcotraficantes y por haber tratado de matar a su hija, causándole un accidente automovilístico.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *