Todos podemos pedir ayuda

Seudónimo: Selvas

 En tiempos de la antigüedad, existió una selva muy grande, había árboles enormes llenos de hojas verdes y brillosas, los animales que allí vivían eran salvajes, muy grandes y feroces.

En esta selva vivía un león muy presumido y enojón, todos los animales chicos y grandes le tenían mucho miedo.

En la entrada de la selva estaba puesto un letrero que decía: “Prohibido el paso a personas”, tal vez porque era propiedad de los animales y de los bellos árboles que ahí vivían y no querían ser molestados.

Un día en el que el sol brillaba, el aire era cálido y soplaba tranquilo, Yosef y su familia paseaban por las orillas de la selva, los papás advertían a Yosef que tuviera cuidado al caminar y que no tocara nada de la selva.

Yosef era un niño travieso y muy curioso que quiso explorar y conocer qué había dentro de esa hermosa selva.

Yosef no hizo caso de las recomendaciones de sus papás y sin permiso entró a la selva que parecía amigable. No había caminado mucho hacia la selva cuando de repente escuchó un rugido muy fuerte, nunca había escuchado algo tan fuerte como ese rugido. Yosef se asustó mucho, mucho y lo único que se le ocurrió hacer fue esconderse detrás de una piedra. Pasado un rato, se asomó por un ladito de la piedra, todo el cuerpo le temblaba de miedo, pero aún así se asomó y vio a lo lejos un enorme león atrapado en una trampa de lazo, al ver al pobre león inmovilizado, se tranquilizó, ahora ya no tenía miedo, sentía tristeza al ver al pobre león atrapado y sin poder moverse.

Lentamente se acercó al león y le preguntó. - ¿Te puedo ayudar? Y el león con voz indiferente contestó. - No ¡Yo soy el rey!

Entonces Yosef muy triste se alejó del león, cuando quiso regresar con su familia, se dio cuenta que estaba perdido, se volvió a esconder detrás de la piedra mientras trataba de encontrar a su familia. De repente, volvió a escuchar el fuerte rugido del león, Yosef se volvió a asomar por un lado de la piedra, esta vez sin miedo. A lo lejos escucho que el león decía: - ¡Niño, niño! Ven, acércate, no te haré daño, ayúdame por favor, yo también necesito ayuda aunque sea el rey, ven ayúdame.

Yosef se acercó al león para ayudarlo a salir de la red y el león le ayudó a Yosef a encontrar a su familia.

Yosef y el león pensaron: todos necesitamos ayuda.

 Fin

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