Trauma

Seudónimo: Steve

Causa

¡Eh, ustedes! ¡Sí ustedes! ¿Por qué me ven así? ¿Nunca habían visto a un emo? Bueno, pues que creen, no siempre fui un emo. Todo empezó hace 6 años, cuando estaba en 4° de primaria. Mis padres se divorciaron y acordaron que mi padre tendría el control sobre mí y que únicamente podría pasar las tardes con mi madre. Mi padre y yo nos mudamos con mi abuelo a su mansión, la cual yo detestaba, ya que ahí esa persona arrugada me hacía sufrir gravemente. Mi abuelo y mi padre, tan duros y difíciles como piedras, decidieron trasladarme a una escuela militar, ya que, aunque era el típico alumno estrella, era todo un niño rata, gracias al trauma del divorcio y necesitaba disciplina. Recuerdo que, cada tarde, mi mamá me recogía de la escuela y yo no paraba de llorar mis pesares hasta que llegábamos a su pequeño apartamento, con vista al Capitolio. Era la única persona a la que quería y en la que confiaba. Un día, mi madre no llegó por mí, lo cual se me hizo muy extraño, pero supuse que estaba en su apartamento haciendo algo, así que me fui caminando. Llegué y, antes de entrar, vi una nota pegada a la puerta. “Me sentí mal y me fui al hospital”. Así decía la nota. Nunca me imaginé la razón por la que se fue. Pensé que era un simple dolor de cabeza. Fui al hospital y pregunté por mi madre en el mostrador y me enseñaron una bolsa para cadáveres. No entendí la referencia en ese momento, pero unos minutos después me cayó el veinte. Mi madre había muerto. Quien sabe cómo, pero murió. No lo podía creer. Me puse a llorar ahí, enfrente de todos, pero no me importó. No quería regresar a casa, ni al apartamento de mi madre. Mi única opción era quedarme ahí. Me quedé ahí un rato y decidí volver a la mansión. Ya no podía perder otra alma. Debía de seguir caminando, aunque sea más traumado que nunca. Llegué a la casa; me encerré en mi cuarto y no salí como en tres meses. Por suerte tenía escondidas unas 90 bolsas de frituras ahí. Finalmente decidí salir, me sentía un poco mejor. Perdí a alguien más. Mi padre se había ido con su instructora de pilates, Jeanne, a vivir a Noruega. Finalmente quedé bajo la custodia de mi abuelo, el cual notó que tenía un talento innato para la música, en especial para la ópera, por lo que me explotó y lo odié fuertemente. Y así quedé destruido mental y emocionalmente.

2

Efecto

Y así que ya saben porque soy así. Así que ¡váyanse! Es la séptima vez en la semana que hago eso. Camino hasta la mansión, escuchando en mi walkman a Dee Snider. Llego y me retoco las uñas y los labios de negro. Me delineo los ojos y cambio la música a la bocina. Me cambio la ropa a unas botas de cuero negro, un jeans negro y roto por las rodillas y una playera negra sin mangas, aparte de mis comunes pulseras, aretes, collares, anillo y piersings. Vuelvo a salir a caminar, con más gente viéndome como si fuera un animal. No solo me ven por ser emo, también me ven porque estoy enfermo. Soy anoréxico. Solo llego a los 45 kilos. Estoy muy triste para comer. Llego a la casa y vuelvo a poner la música. Esa es mi vida ahora. Vida de depresión. Vida de traumas. Una vida arruinada. Han pasado como siete años desde mi última sonrisa. Ocho años desde mi última vez con amigos de verdad. Seis años desde mi último trauma. Seis años sin ver a mi madre.

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Felicidad

Sigo caminando, absorto en mi depresión. Algo me llama la atención. Una vieja se me acerca. No me atrevo a acercarme, pero ella se me acerca cada vez más y me da un papel con un número. Parece buena persona. La llamaré. Regreso y la llamo. Ella me empieza a platicar toda su vida por teléfono y yo nada más le cuelgo. No sé qué fue eso. Me parece que quería romper el hielo. Veo de nuevo el papelito y hay una dirección. Decido ir mañana. Ya llegó la mañana de nuevo. Vuelvo a mi aspecto oscuro y me voy. Estoy muy triste para fijarme en la gente que me ve. Llego y es una casa enorme llena de gente haciendo actividades. Entro y una señora de unos veinte años se me acerca y le pregunto en dónde estoy. Me dice que en rehabilitación. No entiendo por qué. ¿Estoy bien…no? Dudo si quedarme o irme. Me quedo y la señora me lleva a mi habitación. No me había fijado en ella, pero es muy guapa. Llego a mi habitación y es lo más wow. Me baño y me cambio la ropa. Salgo y la chava me está esperando. Me pregunta qué quiero hacer y le digo que encerrarme solo en mi cuarto. No me deja y me lleva a un estudio de arte y me pone a dibujar. Dibujo una calavera negra y me rompe el dibujo. - ¿Qué quieres que dibuje? -le pregunto. Me contesta que lo más feliz que me haya pasado. Dibujo a mi madre. Me pongo a llorar al recordarla. Hago más actividades como yoga, veo una película y medito. Ha acabado el día. Me voy a dormir

Ha pasado una semana. Ya me adapté a este lugar y me gusta. Mi guía, la cual descubrí que se llama Ivette, me ha ayudado mucho

Ha pasado un mes. Ya he cambiado mi ropa y ya me hice muchos amigos. La viejita es una de ellos. Creo que mi abuelo piensa que he muerto.

Ha pasado un año desde que llegué y ya reuní el valor para invitar a mi crush, mi guía, a una cita. He vuelto a ser feliz. Me ha aceptado la segunda cita. Creo que he progresado mucho.

Han pasado seis años desde que salgo con Ivette. He disfrutado mucho el tiempo que he pasado. Le he pedido matrimonio y ha aceptado. Soy el hombre más feliz del mundo.

Ya pasaron veinte años desde que nos casamos y tenemos dos hijos. Tristán de dieciséis años y Monique de trece. No hay nada que me haga más feliz que eso.

Y ya volví a ser feliz.

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