Una noche de espanto

Seudónimo: Loira

Palideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la historia con emoción:

-Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista. Las callejuelas que tenía que atravesar estaban negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo; los pensamientos confusos; tenía el corazón oprimido… “¡Declina tu existencia!… ¡Arrepiéntete!”, había dicho el espíritu de Spinoza, que habíamos consultado.                                                                                                                                       Al pedirle que me dijera algo más, no sólo repitió la misma sentencia, sino que agregó: “Esta noche”. Yo nunca creí en el espiritismo, pero la idea de la muerte, me impresiona.    

Llegué a mi casa y al entrar, sentí una especie de miedo. La casa estaba sola, mis papás y mi hermana habían ido a cenar. Me dirigí a la cocina por un vaso con agua y subí a mi habitación.

Cuando entré, no podía creer lo que estaba viendo, el vaso de agua que tenía en las manos, se resbaló y cayó al piso, rompiéndose en mil pedazos. Había un enorme ataúd en medio de mi cuarto, no podía creer lo que estaba viendo. ¿Por qué habría un ataúd ahí? Me quedé paralisádo, era enorme. Me acerqué a verlo, encima tenía una pequeña nota, escrita con una letra pequeña, decía: No abrir por ningún motivo.

Estaba tan aterrado, que lo único en lo que pensé, fue en salir corriendo de mi casa. Bajé las escaleras lo más rápido que pude, corrí hacia la puerta pero cuando traté de abrirla, esta se atoró, traté de salir por las ventanas, pero estas también estaban atascadas.   

Estaba muy asustado, me quedé en la sala porque no pensaba en regresar a mi cuarto otra vez. Agarré mi teléfono para llamar a la policía, pero no tenía pila. Todo parecía muy extraño.

Escuché ruidos que venían de mi cuarto, estaba temblando de miedo, pero no tenía otra opción, así que subí las escaleras muy lentamente y fui directo a mi cuarto. Los ruidos cada vez eran más fuertes, venían del ataúd. Pareciera como si alguien quisiera salir de ahí. Claramente decía que no lo abras, así que sólo me quedé ahí parado sin saber qué hacer.

Después de estar diez minutos observando el ataúd, mi curiosidad me ganó. ¿Qué será lo que está ahí adentro? Por más paciente que traté de ser, no me aguanté. Abrí el ataúd de un golpe.

Nunca me imaginé lo que me podía encontrar. Al abrir el ataúd, me vi a mi mismo, vi mi cuerpo inerte, dentro del ataúd. En eso, el cuerpo despertó, me miró. Era como ver a un espejo. Se me quedó viendo un minuto, sin moverse. De repente, sacó sus brazos y rápidamente me agarró. Me jalaba con todas sus fuerzas hacia el ataúd, yo resistía, pero no podía aguantar por mucho tiempo. Me ahorcaba y me jalaba los brazos, era como si quisiera llevarme con él y encerrarme en el ataúd.

Usé mi última gota de fuerza que me quedaba para empujarlo y cerrar el ataúd. Golpeaba para salir pero me senté encima de él y puse toda mi fuerza para que no pudiera.

Esperé un buen rato a que se calmara. Se calmó, pero yo estaba tan cansado, que no me di cuenta y me quedé dormido. Cuando desperté, estaba en un lugar pequeño y oscuro, traté de salir pero no pude. De repente, me di cuenta. Oh no, estaba encerrado dentro del ataúd.

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