Viajar al pasado me enseñó el futuro

Seudónimo: Micush Cucush

Viajar al pasado me enseñó a vivir el presente

Cuando me vio con esa mirada, supe que no había vuelta atrás, no podía volver a abusar de mi poder, tenía que reparar todos mis errores y todos los daños que había causado. Tenía que comenzar a pensar también en los demás y no solo en mí.

Pero retrocedamos unos años, al 30 de enero del 2047. Ese día llegó al mundo una preciosa niña de piel clara, unos ojos verdes enormes heredados de su padre y con el hermoso pelo dorado de su madre. Esa niña soy yo, Alexa.

Tenía 2 años cuando se produjo una horrible guerra en Ciudad Esmeralda, el lugar donde vivía. Dormía en mi cuna inteligente cuando oí unos gritos; comencé a llorar, pero mis padres no entraron a ver qué es lo que estaba pasando. Me quedé dormida de tanto llorar y ya no recuerdo qué sucedió después.

Cuando desperté, me hallaba en un lugar desconocido, quise caminar pero extrañamente pude; intenté llorar, pero las lágrimas no salían de mis ojos.  Un espejo de la habitación me devolvió la imagen de una niña de unos 11 años; la mano de esa niña no era normal, era de metal, y en la parte de atrás de la oreja tenía una gran abertura de la que salían miles de cables. Me senté en la cama a esperar. Al cabo de unos minutos, entraron dos hombres altos vestidos de negro; uno de ellos me preguntó que si estaba lista para conocer a mi nueva familia. No entendía de qué me hablaban, sólo quería ver a mis padres, ¿qué les había sucedido? El otro hombre me indicó que lo siguiera.

Los tres subimos a un artefacto que se encendió y empezó a caminar; era como un automóvil, solamente que éste podía volar. La cosa voladora se detuvo enfrente de una casa; en la puerta esperaba  una pareja con una niña como de 8 años y un robot. La madre, con lágrimas en los ojos, le dijo a la pequeña:

-Mira, Evelyn, ella es Alexa, tu nueva hermana.

La mujer me acarició el brazo con su suave mano y me dijo:

-Hola, Alexa, soy Linda - y señalando a su esposo, añadió - y él es Samuel; somos tu nueva familia.

-Gr-aci-as- respondí con voz entrecortada.

Mis primeros días en casa de los O´Connell transcurrieron tranquilos; Evelyn se convirtió en  mi mejor amigas, hacíamos todo juntas. Samuel y Linda, a los que ahora llamaba “mis padres”, me daban todo lo que les pedía, no podía estar más agradecida. Me festejaron cada cumpleaños; el número 15 fue INCREÍBLE. Vinieron todos mis amigos de la escuela, hasta el chico más lindo, León, del que estaba muy enamorada, aunque él nunca iba a fijarse en mí, porque, claro, ¿quién se enamoraría de una chica con una mano de metal?

Por si se lo preguntan, no recordaba mi pasado, hasta que llegó el día 7 de febrero de 2062. Era una linda mañana; Evelyn y yo, jugábamos en el simulador de vestidos cuando me empezó a doler la cabeza muy muy fuerte; sentí que me desmayaba. Sólo alcancé a escuchar que Evelyn le decía a mis padres que algo andaba mal, pero mis ojos se cerraron y no supe qué sucedió después.

Cuando desperté, vi las caras nerviosas de Linda y Samuel. Minutos después llegó un señor que me revisó y, con cara de preocupación, les dijo algo a mis padres que yo no alcancé a oír. Mi madre en voz alta le dijo a mi padre:

-Samuel, creo que es hora de que le digamos.

¿Qué me tenían que decir? Dejé que mi padre me explicara:

-Alexa, sabemos que siempre has querido conocer tu pasado;  ha llegado el momento- se aclaró la garganta y con voz seria dijo -. Cuando eras bebé, hubo una horrible guerra en la ciudad en la que vivías; lamentablemente mataron a tus padres, pero un amigo mío te encontró y te rescató. No tenía muchas esperanzas de que sobrevivieras porque estabas muy herida y tu cerebro habría sufrido un gran daño. Pero encontraron la manera; te metieron cables en el cerebro (por eso no puedes llorar); te pusieron una mano de metal porque perdiste la tuya y te pusieron un chip de androide; esa es la razón por la que eres tan inteligente. Tienes poderes que aún no puedes usar, por eso, atrás de tu oreja tienes una llavecita que te protege de ellos porque pueden ser peligrosos y podrías matar a gente sin darte cuenta. Esa llave bloquea tus poderes mientras la tengas en su lugar.

Sentí unas enormes ganas de llorar, pero mis ojos estaban secos.

- ¿Alguien aparte de ustedes sabe que literalmente soy una androide?

- Sólo el amigo que te rescató -me dijeron después de un largo silencio.

Estaba tan enojada y frustrada que no sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionar, ¿por qué yo tenía que ser así? Nunca nadie me llegaría a querer. Deseaba volver al pasado, volver a ser aquella bebé con otros papás, con mis manos y mis pies de carne y hueso, con un cerebro en vez de un millón de cables; lo deseaba con una desesperación que nunca antes había sentido.

            Mis papás me dejaron sola para que pudiera descansar, pero no lo hice; había encontrado el plan perfecto. No sé cómo, pero en mi cerebro había surgido una información que parecía útil: veía la imagen de un hombre sentado en el suelo, dentro de un puestito del mercado, frotando una bola de cristal que aseguraba que podía hacer todo lo que se deseara. Tal vez sólo era producto de mi imaginación, pero tenía que intentarlo.

Al día siguiente, busqué la dirección y llegué al puestito; allí me atendió un señor de barba larga. Le expliqué lo que quería y me indicó que lo siguiera. Entré a un cuarto, donde, de repente, empezaron a salir luces de las paredes. Me llevé las manos a la cabeza, mientras deseaba con fuerza volver al pasado; sin querer golpeé la llave de detrás de mi oreja y ésta cayó. Sentí que los ojos me quemaban, que ya no tenía fuerza y me desmayé.

Cuando desperté, estaba en un hospital; en la pared había un espejo que me devolvió la imagen de una mujer que me resultaba familiar con una bebé en sus brazos; entendí que esa bebé era yo. Mi deseo se había hecho realidad. Había vuelto al pasado.

Mi nueva vida siguió con normalidad. Era hija única y mis padres me adoraban. Pronto fui a la escuela y, cuál sería mi sorpresa, ahí me encontré con Evelyn. Aunque parecía la misma, en esta realidad, era la típica chica fresa que quería controlar a toda la escuela y, lamentablemente, León estaba incluido. Aquí, también me enamoré de él, nos llevábamos y era de sus mejores amigas; yo quería algo más, pero ahora era el novio de Evelyn, algo que no me agradaba.

Por lo demás, todo iba muy bien, hasta que de la nada aparecieron unos extraños seres que destruían las calles y  mataban a la gente;  no había nada que hacer. Estaba muy triste por todo lo que estaba pasando. Pensarán que soy muy frívola, pero lo único que me podía hacer feliz era saber que se acercaba la fiesta de cumpleaños de León, ¡iba a ser la fiesta del año!

Los días se pasaron volando. El día del cumpleaños, me arreglé lo mejor que pude y llegué a la fiesta ilusionada. Todo era hermoso, había muchísima gente. Busqué a León por todas partes hasta que lo encontré;  lucía fantástico:

-Alexa, ¡qué bien te ves! , ¿te gustaría bailar esta canción conmigo?

-Claro que me gustaría.

Empezó la canción y yo estaba más feliz que nunca, pero justo entonces el techo se derrumbó. En vivo y en directo vi a uno de esos seres que salían en las noticias. Todos corrieron a esconderse, pero yo tenía que hacer algo; sin la llave en mi cabeza, tal vez podría usar mis poderes de la otra realidad, al menos lo tenía que intentar. Me quedé parada frente al animal y este empezó a hablarme:

-Alexa, la razón por la que estamos aquí, destruyendo este planeta, eres tú.Al regresar, alteraste el planeta en el que vivimos; nos quedamos sin lugar donde vivir, flotando en el espacio. hemos venido a reclamarte lo que nos has hecho. 

No podía ser cierto; tenía el presentimiento de que algo así podía pasar, pero no podía soportar la idea de ser diferente a las demás personas. Concentré toda mi energía en usar cualquier poder que pudiera servir contra el animal:

-La única salida es que regreses a tu vida de antes.

-Pero no puedo, no quiero volver a ser ser diferente al resto de las personas

Volteé a mi alrededor y vi a León; estaba triste y preocupado. No podía que la gente a la que quería saliera lastimada por mi culpa. Si tenía poderes,era el momento de usarlos para salvar a la gente, no para destruirla. Entonces supe lo que tenía que hacer. Enfoqué mi atención en volver a mi vida de antes; de nuevo sentí la sensación de que me quemaba, pero finalmente lo logré.

Desperté en el puestito, parecía que no había pasado el tiempo; todo seguía igual. Corrí a mi casa y le conté todo a mis papás; me dijeron que el señor del puestito era el amigo que me había rescatado. Mi viaje en el tiempo había sido el resultado de un invento suyo para que conociera cómo soy y que me diera cuenta de que no tenía que cambiar. Así, entendí que cada quien es perfecto como es. Aunque soy diferente, la gente me quiere. Hoy en día, aprovecho mi vida al máximo, teniendo la vida que tengo y soy muy feliz siendo lo que soy.   No tengo que cambiar para ser una mejor persona. ¡así como soy soy perfecta!

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