Cuentos al caer la noche

Seudónimo: China

Había una vez, un niño que se llamaba Alex. Vivía en Berlín Alemania, a una

cuadra del museo Bode. A él, le encantaba redactar historias de terror así que un día decidió llevar a la escuela sus escritos y enseñárselos a sus compañeros. Después de leérselos, todos se empezaron a burlar de él. Al finalizar la escuela, Alex se regresó muy triste a su casa y dijo llorando: “yo me esforcé mucho en estos cuentos, ¿por qué a nadie le gustan?”

Alex decidió que iba a quemar sus escritos. Se dirigió al elevador y bajó al sótano. Una vez en él, en lugar de bajar al sótano, éste le llevó a un pasillo muy misterioso. Alex caminó lentamente y, de repente, a la derecha, encontró una puerta que conducía a una habitación con un televisor prendido, pero nadie lo estaba mirando.

Alex estaba muy asustado porque no sabía qué iba a pasar, qué le iban a hacer o a quién se iba a encontrar. De pronto, encontró un pastel sobre la mesa, al lado de este había un tenedor y una cuchara, se quería comer el pastel porque se veía delicioso, pero se dijo a sí mismo: “¿Estará envenenado? No lo creo.” Probó un pedacito y pensó: “¡Qué rico!”. Le gustó tanto que se lo acabó. De pronto se apareció una persona con capa negra y máscara; se la quitó y era una señora de ojos verdes y pelo güero. En realidad, no era una señora cualquiera: ¡era una bruja! Su nombre era Natasha.

Alex estaba muerto de miedo y después de unos momentos en total silencio, la bruja le preguntó:

—¿Cómo te llamas? —él no contestó.

Después de algunos segundos, la bruja le volvió a preguntar, pero ahora con gritos y voz ronca:

—¿¡Cómo te llamas!?—

Alex muy asustado y tartamudo le dijo:

—A… A… Alex

La bruja empezó a caminar lentamente hacia él, y él a su vez caminó hacia atrás pues tenía mucho miedo. La bruja con sus poderes, empezó a levantarlo y a ahorcarlo.

—¡Déjame! —gritó Alex como pudo y de forma desesperada.

La bruja lo dejó caer al piso y lo llevo a otra habitación en donde había cientos de telarañas,  un espejo roto, las ventanas estaban abiertas y no había sábanas en la cama. La bruja vió su reloj y le dijo:

—Son las 11:34 p.m. Mañana  me traerás el desayuno a las 7:30 a.m. en punto a mi habitación.

—Sí, ahí estaré— dijo Alex muy espantado.

La bruja salió volando de la habitación y azotó la puerta. Alex buscó en el closet a ver si había alguna sábana y sí, sí había pero estaba rota, tuvo que dormir sin sábanas.

A la mañana siguiente bajó a la cocina y mientras preparaba el desayuno, encontró un gato que caminaba, de repente, el gato desapareció. “Estoy alucinando”, se dijo para sí Alex y volvió a ver al gato desaparecer.

—Sólo es Mailo— le dijo una niña.

—¿Quién esta allí? —preguntó espantado Alex.

—Soy yo.

—¿Quién?

—Soy yo, Yazmín. ¿Tú, cómo te llamas?

—Alex —dijo el niño y con mucho valor le pidió otra cosa —.¡Sal, quiero ver tu cara!

Lo que Alex no sabía, era que Yazmín era una niña que tenía el poder de hacerse  invisible igual que Mailo. Yazmín salió y Alex se le quedó viendo. Después de 5 segundos la niña le dijo:

—Me tengo que ir.

Los dos se quedaron callados, cada quién se fue a su habitación y después Alex llegó a la habitación de la bruja Natasha.

—¡Hola! —dijo Alex con voz misteriosa y tocando la puerta.

—¿Quién es?— dijo Natasha

—Soy yo, Alex.

—¿Traes mi desayuno?

—Sí—  respondió Alex.

—Déjalo en la mesa  y vete. Antes cierra la puerta.

Al dejar el desayuno, Alex fue a buscar a Yazmín. No la encontró, pero después se oyó una voz:

—¿Alex, eres tú? —dijo Yazmín.

—Sí, soy yo. ¿Por qué te hiciste invisible?

—Porque no quiero que me vea Natasha.

Alex no sabía qué decir, así que cambio el tema y preguntó:

—¿Qué hora es?

—Son las 6:52 p.m.

—¿Tan rápido pasó el tiempo? Hace 5 minutos eran las 7:30 a.m.

Yazmín pensó y dijo:

—Tal vez es la magia de la casa, nunca lo había notado…

Alex no le dió importancia a lo que dijo Yazmín y preguntó:

—¿Aquí hay biblioteca?

—Si hay una allá arriba. ¿Quieres que te lleve?

—Sí, por favor —dijo Alex.

Los dos subieron las escaleras y se dirigieron a la biblioteca. La puerta estaba abierta, pasaron y encontraron una biblioteca gigante con muchísimos cuentos, de todo tipo como deportes, historia, terror, etc. Alex fue a la sección de terror, esos que tanto le apasionaban. Regresaron a la cocina y encontraron a la bruja Natasha observando un cuadro de una mujer misteriosa.

—¡Oh, al fin llegan! Vamos a la sala para que me leas un cuento de terror —dijo Natasha.

—¿Cuento de terror? Pero no tengo nada preparado —dijo Alex.

—Allí hay algunos, saca uno y léelo en voz alta.

Alex empezó a leer el libro, se sentía angustiado de leer tanto misterio y terror, sin embargo, para la bruja Natasha era diversión. Cuando iba a terminar el libro, decidió cambiar el final pues era muy feliz y tal vez eso haría enojar a Natasha. A Natasha le encantó lo que escuchó.

—Ve a dormir y avísale a Yazmín que ya se duerma.

—Sí, ahorita le aviso —dijo Alex bostezando.

Alex se fue a buscar a Yazmín y cuando la encontró ella le dijo:

—¿Quieres ir a explorar la casa?

Alex no dijo nada, pero Yazmín entendió que sí por la cara de alegría que puso. Bajaron unas escaleras que los llevaba a un sótano aún más profundo. Cuando llegaron, prendieron algunas veladoras y comenzaron a observar todo, de pronto, una caja en forma de ataúd apareció, vieron a una persona dentro de él. Lo abrieron y era la bruja Natasha. Alex dijo:

—¡Corre!

Alex sentía que no avanzaba por más que corría, hasta que escuchó a lo lejos una alarma que cada día se escuchaba más y más fuerte. ¡Era la alarma de su despertador! ¡Todo había sido un sueño!

Alex se paró de la cama rápidamente, se sentó, comenzó a escribir sobre su sueño y esperó que este cuento de terror sí le gustara a todos sus compañeros.

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