En sí

Seudónimo: Mérida

Cuerpo mío, cuerpo tuyo, cuerpo nuestro.

Me preparo para tu encuentro, nerviosa estoy de nuevo. ¿Qué tengo que hacer para que me quieras y que por mi belleza me sostengas?

En donde el comienzo es al revés, no es mío, no es tuyo y no es nuestro.
Cuerpo tuyo, cuerpo nuestro, luego es mío, hasta al final es mío, pero que les digo, aquella entidad lo rechaza y se marcha sin previo aviso.

Cuerpo mío, alma mía.
Te la regalo, a ti, a esos ojitos risueños que me lo pidieron a gritos. Tócalo, úsalo. Te lo pido. Quiérelo, ámalo, te lo suplico.

Cuerpo nuestro, el que me prometiste que cuidaríamos, unidos,

unidos y fusionados. La poca tela que traigo, en la que se asoman de mi piel esbozos extraños. Dibujos que firmó la vida misma con sus propias manos.

¡No te asustes! Sé que se puede llegar a ver desarreglado, un poco dañado, moreteado y abollado, pero vida mía, amor mío, un poco de maquillaje por aquí y otro poco de plástico por acá y listo, tómame fuerte, no me dejes ir.

Pero cuerpo tuyo, cuerpo nuestro, alma mía, cuerpo nuestro. Prométeme que harás buen uso de él, que lo cuidarás como si fuera mi alma,

alma mía, esa no te la presto.

Me dijo que siempre va primero el cuerpo, cuerpo nuestro.

El que te hipnotiza, el que llevamos a pasear a todos lados, al cual entrené a hacer todo lo necesario, como una lámpara de deseos.

Te regalo todo lo que tengo.

Toma tres deseos… cinco, ¡toma mil!

Pero no te dejaré huir, no después de moldearme a tu pedir.

Sin importar cuan difícil fuera. Me dijeron que eso alcanzaba.

Lo sé, para tenerlo a él entrelazado en mis manos eso bastaba,

para ellos también, para todos sin ofender,

pero para ella no. ¡Para ella no!

Alma mía, me enseñó que para eso era cuerpo nuestro.

Para protegerme a mí y a ella, pero cuerpo tuyo, ya no es mío,

ya lo rompieron, rasguñaron , cicatrizaron…

Ya no lo quiero, aunque supongo que si es nuestro, en ese caso,

lo rompimos, rasguñamos y cicatrizamos, unidos, entrelazados.

Peor no ha podido quedar. Tremenda esa fiera que nos utiliza cuando ansía,

nos toca y nos manipula. Aunque en sus garras yo sigo buscando la cura.

Pero ya es el amanecer, esa fiera brilla como sol, luego nos desecha otra vez, como ayer y antier. Como a veces lo hace él o él,

pero estos son fáciles de reponer.

Que irónico, ¿no creen?

Como Peter Pan alguna vez, quería cortar su propia sombra,

como un par de tijeras cortan un papel.

Pero colorín colorado, esta historia no se ha acabado, no hasta mi final feliz.

¿No me amas? ¿Acaso no me amas?

Para escuchar esas simples palabras, con coraje,

me vuelvo a levantar de mi cama.

Por última vez lo adorné, lo vestí. Mis labios de rojo pinté

y de esa cintura tallas recorté.

En él una sonrisa dibujé y con un par de esmeraldas detallé.

A los enredos de pelo quemé. Corté y pegue, pegué y corté.

Desesperada por su mentir, pues más ya no puedo exigir.

Ya no quiero el mismo resultado que mis ojos han presenciado por años.

Cinco de ellos tocando mi ventana, dos de ellos debajo de mi falda,

pero ninguna fiera esperándome contenta. Por eso no puedo estar completa.

Se cierra el telón, el show ya se acabó.

Alma mía se rindió, sin esperanza se quedó.

De regreso a la soledad y a las cicatrices remarcar.

Recuerdo cuánto se marchó junto con el ocaso.

Él si se quedó, cuerpo nuestro si devoró.

Otras mil veces más aquella criatura de enmarañado pelo rojizo,

con brutalidad nos abandonó en el abismo.

Aquel que con desconsuelo escalamos y con inquietud nos arrastramos. Buscando ese antídoto. Una vez más mi cuerpo no quiso.

Era tuyo, era tuyo, ¡era nuestro! ¿Acaso no te gusta cómo lo adorné?

Quizá otro color de tinte intentaré.

Esperaba encontrarme a quien tanto ansiaba,

con mi sonrisa pintada, mis manos temblaban.
Cada vez menos tiempo para volver a verte, para poder tenerte,

califícame del uno al diez, ¿cómo me juzgarás esta vez?

A la mañana siguiente, te encuentro ahí, parada de frente.

Sin éxito, como siempre, me insultaste, me rechazaste.

¡Maldito el día que naciste! Te grité y un fuerte golpe te solté.

En mis nudillos sangre noté. Ahora un nuevo espejo tendré que reponer.

“Hasta que la muerte los separe”, es lo único que es posible que suceda,

porque mientras tanto la ilusa fiera está adherida y de mí soportará toda la vida.

En fin, cuerpo tuyo, cuerpo mío, cuerpo nuestro.
¿Te gustan mis nuevos artes?

Espero que esta vez mi oferta aceptes.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *