Entre los vivos y muertos

Seudónimo: Rin

“Crack, crack” rechinaba aquel columpio algo viejo, pero todos los niños lo veían con escalofrío y unas miradas angustiadas, “qué raro” -pensó nuestra inocente protagonista- ¿Acaso no podían ver a esa niña columpiándose?

¡Ángel! ¡Ángel! -gritó mamá desde el otro extremo del departamento causando el fin de mi profundo sueño, para luego dirigir la mirada hacia el pequeño mueble a lado de mi cama y observar la hora… no dude ni un segundo en levantarme de golpe y correr hacia el armario abriendo y cerrando cajones, tome mi ropa y la arrojé a la cama, acto seguido, me la puse de prisa y me fui al baño, solo me eché un poco de agua en mis adormilados ojos color lila, eran de esos que con solo verlos te enamorabas o sólo te quedaba juzgarlos; observé que mi cabello era un desastre, así que solo lo humedecí esperando que no se esponjase con el paso del tiempo, abroché mis zapatos, corrí de prisa hacia el comedor, me despedí de mamá, tomé mi mochila y salí rumbo a la escuela; decidí tomar un camino diferente por el cual no podría encontrarme con mi amigo Zack, pero así sería más rápido, así que no le di gran importancia, lo verdaderamente importante era que en ese camino había una serie de obstáculos difíciles de atravesar y así fue; tropecé con un arbusto que tenía una rama salida haciendo que mis rodillas tomaran un color rojizo, mi uniforme se había rasgado y seguramente ya no llegaría a la escuela; así que solo me quedé sentada contemplando el tranquilo ambiente  en aquel bosque en el que me encontraba… escuché de cerca un pequeño ruido, gire la cabeza de forma brusca, fue entonces que me encontré con la imagen de un pequeño ser de ese bosque, era verde y pequeño, de alguna forma parecía bastante tierno, así que le acerqué mi mano, pretendiendo demostrarle confianza. El pequeño ser se acercó a mi mano para luego darle un pequeño mordisco a mi dedo índice -¡oye! Auch… los seres del bosque no son tiernos, ya veo.

-Exclamé ofendida, para luego levantarme ignorando el leve ardor de mis rodillas y dirigirme de regreso al vecindario. No vi a nadie conocido u otra persona, todos estaban en el trabajo o en la escuela.

Caminaba con la mirada baja, cuando de pronto oí un grito a lo lejos, venía del viejo parque, la voz que soltó el grito se me hacía muy familiar, así que corrí directamente a ese lugar. Al dar la vuelta, logré ver la escena más inquietante hasta entonces a mis 14 años. Eso era… inhumano -ante mis ojos había una bestia, no, un monstruo, era bastante grande- 6 o 7 metros tal vez, color negro, de su… su mandíbula escurrían hilos de saliva que se podían deslizar con el viento, en la cabeza, tenía una especie de armadura… aunque podría ser un escudo de huesos, sin duda era un monstruo, pero lo que era más inquietante era que estaba persiguiendo a mi amigo… ¡Zack! -le grite desde el otro extremo de la calle, atraje la mirada de ese monstruo, se preparó para perseguirme, di vuelta y corrí por el mismo camino que ya había atravesado, volteaba para asegurarme de que siguiera detrás de mí. No quería que fuera por Zack, alcanzaba a oír sus grandes pisadas. No sabía a dónde dirigirme y el monstruo casi lograba alcanzarme… Tan solo estábamos a 2, mejor dicho 1 metro de distancia. A lo lejos se escuchó un golpe en seco por lo que giré de nuevo la cabeza y observé a un curioso e impresionante chico de cabello blanco, vestía ropas extrañas que parecían más un uniforme de algún deporte japonés; lo seguí con la mirada me pareció una especie de depredador, había saltado desde el techo de aquella casa y en el aire desenvainó su espada, fue ágilmente en dirección del temible monstruo, éste por su parte se detuvo en seco, mientras ese chico se acercaba a él. Cuando menos se lo esperó, le clavó toda la espada en el pecho, el monstruo empezó a desaparecer mientras yo retrocedía unos pasos para observar la escena que sucedía ante mis ojos. Puse atención en el color de la piel morena del chico, su cabello era blanco, me pareció intimidante, estaba a punto de confesarle mi agradecimiento, pero no sabía si hacerlo o salir corriendo. De pronto me incliné y dije: Gracias. Corrí en busca de Zack, pero alcancé a escuchar al chico del cabello blanco que me gritaba algo, pero no entendía qué decía; así que no me importó y seguí corriendo, mi prioridad era Zack.

Me di cuenta que el “peliblanco” también me seguía, alcance a ver a mi amigo a lo lejos, así que aceleré el ritmo, cuando ya estaba muy cerca de él, me paré y respiré agitadamente, trataba de tomar aire, pero el peliblanco me rebasó y se dirigía a Zack sacando nuevamente su espada, sentí mucho miedo y no quería pensar en ¿qué estaba planeando hacer?

En ese instante correría tras Zack para protegerlo, al llegar a mi amigo lo tomé en mis brazos y el peliblanco me dijo que le diera al “niño” que él era quien había desaparecido a las otras almas y que las llevaba a un “lugar mejor”, - ¡yo quiero ir! Exclamó Zack con una gran sonrisa. Pensativa y desconfiada bajé cuidadosamente a mi amigo y lo coloqué en el suelo, dejé que decidirá su destino final. Zack se acercó a él, desenvainó su espada y colocó el mango en su frente, luego dijo: ル ソサエティ(Souru Sosaeti) mientras mi amigo se desvanecía sonriente, después se esfumó por completo. Cuando tomé conciencia de lo que había pasado, levanté la mirada y le pregunté a dónde lo había enviado, me respondió pacíficamente -Al cielo, como ustedes los mortales lo llaman.

Oh, ya veo

-¿Nombre?

-El Ángel, ¿tú?

-Kira ¿por qué puedes ver almas si estás viva?

-No lo sé.

-Yo supongo que sí sé ¿por qué?

-Porque eres un cazador de almas, como yo.

Estaba realmente confundida con lo que me acababa de decir, después de esa pequeña, pero extravagante conversación, de alguna forma no me sorprendía que fuera una “cazadora de almas” como Kira comentaba, pero quería saberlo todo.

Finalmente me explicó su trabajo, cómo purificaba a las almas en pena para que alcanzaran el cielo; me llevó con él, me explicó cómo funcionaba el cielo, el infierno, el limbo, qué pasaba con las almas alegres, huérfanas y tristes, también qué era lo que sucedía con las almas que se volvían monstruos, demonios, “Huecos”.

Después de ese día, mi entrenamiento como cazadora inició, hacía rutinas de ejercicio exhaustivas, peleaba con espada y así mi historia como cazadora inició, la que seguramente continuará, aunque yo muera y vaya a ese lugar que llaman cielo.

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