Estela es mar

Seudónimo: Serendipia

Estela se siente mejor en la playa. Como a tantos, el mar la rejuvenece y la transforma, como si hubiese sido un error nacer en un país sin mar y en una ciudad tan seca que las lenguas de los gatos parecen suaves y lisas como la arena mojada.

Cuando Estela conoció el mar en la década de los ochenta se enamoró, pero no de otro, sino de ella misma. Descubrió que nació para correr en la arena, su piel tostada era como la de Sophia Loren y que ella misma era más alegre y amigable en la playa. La semana en la que vivió el paraíso hecho agua y sal  cumplió los diecinueve años. Estela tostada por el sol, cumpleañera y feliz ante los ojos de los demás, pero sobre ante los suyos. Fue la semana más inolvidable , descalza y marítima de su vida.

Estela recordaba la oda al mar de Neruda…Oh mar… dices que sí… dices que no… Pensaba que el poeta chileno tenía tanta razón, al ver el sube y baja de las olas que le afirmaban y le negaban en tan sólo un pestañeo. La picazón en la piel le parecía una caricia, la ropa era ya un estorbo citadino, el cabello una maraña de océano y brisa que ondeaban como largos tentáculos. Había en Estela, una estela de mar. Cuando regresó se la veía distinta, porque lo estaba. Sus manos bronceadas tecleaban la máquina de escribir de forma taciturna, como buscando caracolas que no se hallan en la oficina. Su voz sonaba alegre y a la vez nostálgica de pisar con sus pies desnudos, castillos de arena deshechos por los golpes de las olas vespertinas. Su piel cubierta de telas, añoraba los brazos de un sol que la había recibido cuasidesnuda, en un día que prometió ser eterno.

Estela pertenecía al mar, lo supo. Se prometía volver-ver-volverse a ver y envolver sus años en mar.

Estela, de cincuentaypico años ya. Estela que añora regresar. Estela que aún busca su estela en ese mar lejano , en ese mar que es suyo, que añora su pálida piel de escribana, que aspiran sus miopes ojos de lectora, que tantean sus ásperas manos de soledad.

Se la ve cambiada, comentan las señoras del edificio. Se la ve ausente, comentan sus conocidos. Porque Estela es solitaria, porque Estela está partida en dos. Es tela de ciudad y es piel de mar.

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