Jaque mate

Seudónimo: Poni

No sé si es real lo que estoy viendo, una señora mayor que está frente a mí, está acomodando las piezas de un ajedrez viejo y un poco desgastado, lo curioso es que la veo sola, no tiene compañía. Ya acabó de acomodar el tablero, se está dando un cordial saludo entre su mano derecha y su mano izquierda, empezó la partida, siendo ella las fichas blancas, moviendo una ficha, dándole fin a su turno, se está levantando, girándose para sentarse del lado de las piezas contrarias, se acomoda y vuelve a jugar, pero ahora con las piezas negras, se está cambiando de posición una y otra vez, pero está jugando como si estuviera compitiendo contra alguien más, cada que cambia de lugar, hace gestos y reacciones, pensando en cómo poder ganar el juego, aunque es un poco irónico porque si gana la partida, también estaría perdiendo. El juego está por terminar y la vieja se nota demasiado contenta, las piezas negras ganan y de cierta forma la señora también ganó.

Volvió a acomodar las fichas, queriendo comenzar otra partida, voy a acercarme a ella para ver si quiere jugar conmigo, estando lo suficientemente cerca de ella, dando un paso más y la anciana ya no está a mi vista, desapareció, como si todo lo que vi jamás hubiera pasado. No sé si fue mi imaginación o si en verdad la vieja sí estaba ahí, no sé que hacer, supongo que mañana voy a regresar y espero encontrarle.

Volví y para mi suerte la anciana está a la mitad de una partida con ella misma, estoy esperando pacientemente a que la anciana acabe para poder hablar con ella. La anciana por fin terminó su partida, me estoy acercando a ella, pero ahora un poco más calmada, ya estoy cerca, no ha desaparecido.

- ¡Hola!, ¿cómo está?. La señora me está viendo con una mirada profunda y una sonrisa envidiable, pero no me responde, ya van como 10 segundos que estamos haciendo contacto visual y no dice nada. Hace un gesto, queriéndome decir que me siente a su lado, sin pensarlo me siento, estoy del lado de las piezas negras, la anciana empieza a acomodar el tablero y yo comienzo a ayudarle, las fichas ya están acomodadas y ella empieza la partida, en verdad estoy disfrutando bastante jugar con ella, aunque todavía no hable. Constantemente me ve a los ojos, transmitiendo paz y con una sonrisa, provocando que yo se la regrese, no estamos teniendo plática, no es necesario.

Ya finalizó la partida y como era de esperar, ella ganó, me está señalando su reloj, supongo que eso significa que ya se tiene que ir, quiero volverla a ver, rápidamente le pregunto que si quiere volver a jugar mañana, ella asiente con la cabeza y se va, ni siquiera me dio tiempo de despedirme.

Llevo toda la tarde pensando en la anciana, todo resulta un tanto extraño, ¿Por qué no me decía nada? ¿Por qué jugaba sola? ¿Por qué desapareció ayer y hoy no? No tengo respuestas, solamente sé que quiero volverle a ver, no había tenido una conexión tan profunda con alguien hasta que la conocí, como si su mirada me expresara más  que una hora de conversación, como si nos conociéramos desde siempre.

Ya es un nuevo día, regresé y la vieja estaba ahí, me estoy sentando al lado de ella, sigue sin hablar. - ¿Vamos a jugar?, pregunto emocionada, ella está sonriendo, moviendo la cabeza afirmando a mi pregunta. Saca el ajedrez y entre las dos lo estamos acomodando, ahora yo soy las piezas blancas, la partida comienza, otra vez me siento en paz, no es necesario nada más, su bella sonrisa y presencia me llenan, como si fuera todo lo que necesito, ya está por terminar el juego, le quiero preguntar tantas cosas, pero algo me dice que no las va a responder, decido quedarme callada.

Ya acabó el juego y la anciana ganó de nuevo, rápidamente viene a mi, dándome un abrazo fuerte, es de esos abrazos que no quieres que terminen, es la primera vez que tengo contacto físico con ella y no se siente incómodo, se siente real. Me está dando una carta, es corta pero se ve que tiene un bonito mensaje, con esa sonrisa de felicidad que tiene se despide y se va lentamente. Empecé a leer la carta:

“Hola, Sara, sé que estás bien aunque un poco confundida, te quiero dar las gracias por acercarte y confiar en mí, eres una joven muy capaz, con un potencial increíble, sé que eres una niña muy cariñosa con los demás y contagias tu felicidad. Vas a llegar muy lejos, solo falta que lo creas. Toma la vida con calma, tienes un largo camino que recorrer, poco a poco vas a ser más fuerte y valiente. Recuerda tener un poco más de paciencia y controlar mejor tus pensamientos y emociones. Te amo, con cariño, tú, Sara”.

No puedo creer lo que está pasando, cómo sentí tan real algo que nunca pasó.

Supongo que lo que acaba de suceder fue creado por mis pensamientos y probablemente la vieja sea yo o tal vez lo que llegaré a ser en mucho tiempo, es una parte de mí que quiere decirme algo.

Yo quiero ir creando mi camino, como la vieja del ajedrez, no quiero competir con nadie más, solo deseo compararme con lo que fui hace un instante, siempre ir disfrutando el proceso y aunque en un momento mis piezas (ideas) se vean amenazadas, tenga la oportunidad de cambiar mi dirección y dirigirme a un ambiente que me ayude a ver mi grandeza. Quiero reír hasta llorar, quiero llegar a mis últimos días sabiendo que fui feliz. No quiero ser como todas las personas, porque así, no seré nadie. Quiero crear mis propias reglas y no lo que la gente a mi alrededor me diga que debo hacer, sé que tengo la capacidad de crear una vida extraordinaria, lo sé.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *