La aventura y la amistad

Seudónimo: El mago 2

!!Hola¡¡, me llamo Dakari, no te voy a contar de mí, sino del momento que cambió mi vida.

Todo comenzó el 10 de agosto del 2011 cuando yo tenía 13 años...

Ese día yo estaba muy emocionado, por fin iba a entrar a La academia de magia “wings world”, era la academia más prestigiosa del mundo y yo soñaba con ser mago desde que tenía memoria.

Mi mamá no estaba tan feliz porque me iba a ir por muchos meses, pero sabía que era mi sueño y me apoyaba. Yo era su único hijo, y se quedaba sola porque mi papá había fallecido cuando yo era muy chiquito.

Mi mamá me llevó en el coche a la academia. Era muy lejos, nos tardamos 4 horas en llegar. Cuando vi el edificio me sorprendí mucho, era muy alto y con muchas ventanas, era mucho más grande de lo que me imaginaba. Mi mamá se despidió de mí con lágrimas en los ojos y un fuerte abrazo.

Al entrar un niño con pelo negro y chino, chaparro y flaco me dijo-“¿Hola cómo te llamas?” “Hola me llamo Dakari ¿y tú?”, le pregunté “me llamo Alex, ven y te enseño la academia”.

Alex me llevó por diferentes pasillos y salas. Me llamó mucho la atención un retrato de un niño como de 15 años que estaba colgado en un salón. Le pregunté a Alex quién era él. Me miró sin poder creerlo y me dijo: “¡¿Cómo no sabes quién es?! ¿Nunca escuchaste hablar de Esteban Hous? Es una Leyenda. Era el mejor alumno de la academia y un día desapareció sin dejar rastro.” Yo no lo podía creer, nunca había escuchado esa historia. Alex y yo seguimos recorriendo la escuela y luego me acompañó a la habitación donde dejé mis cosas y me puse muy contento al saber que íbamos a ser compañeros de cuarto.

Al día siguiente comenzaron las clases, yo estaba muy nervioso porque hasta el momento todos mis hechizos habían sido un desastre. Pero las academias son para aprender, así que me tranquilicé.

Los maestros se veían buena onda, todos excepto uno, Iván, el maestro de pociones. Alex me dijo que era muy estricto y si no le caías bien seguro reprobarás. Eso me puso más nervioso de lo que ya estaba. 

Desde el primer día Iván nos mandó de tarea hacer una poción para que una hoja levite. Miré a mi alrededor y todos mis compañeros estaban aliviados. Yo nunca había hecho pociones. Alex me volteó a ver y me dijo largando el aire: “Bueno, por lo menos está fácil”. Yo le respondí sorprendido: “¡¿Fácil?! me vas a tener que ayudar”.

Esa tarde en nuestra habitación, Alex lo logró al primer intento. Mientras tanto yo no lograba hacer que por lo menos la hoja se moviera. Después de mil intentos, la hoja no levitó, pero cambió de color verde a morado. Alex sorprendido me dijo: “¿Cómo hiciste eso?, ¡eso es de nivel tres!”

Al día siguiente, Iván revisó todas las tareas. Todos mis compañeros habían logrado que sus hojas levitaran. Cuando revisó la mía, yo me sentía bastante satisfecho con mi trabajo. Pero cuando vió que hice otra cosa me regañó y me dijo: “¿Por qué no cumpliste con la tarea? ¿Crees que soy tonto? se nota que la pintaste”. Alex trató de defenderme, diciendo que lo hice con una poción. Pero el maestro no nos creyó. 

Iván nos fue dejando más y más tareas. Yo nunca pude cumplirlas bien, pero me salían pociones que servían para otras cosas. Con cada día que pasaba le caía peor al maestro. 

En las otras materias no me iba tan mal. En hechizos, la maestra me felicitaba cuando me salía un hechizo diferente. Haciendo que los niños traten de copiarme para aprender algo nuevo. 

En magia avanzada, el maestro me cambió mi varita pensando que la mía venía fallada. Cuando vio que no era la varita sino yo, me apoyó dando clases después de hora.

Para el examen final de Pociones teníamos que lograr convertir un sapo en un gato negro. Cómo él era tan exigente, no podía fallar de ninguna manera o reprobaría la materia. Estuve estudiando durante muchos días. 

Llegó el día del examen y primero teníamos que ir a atrapar sapos al jardín. Me costó mucho trabajo poder atrapar un sapo. Ya todos mis compañeros tenían el suyo. Por fin, luego de varios intentos logré atrapar a uno. Se veía un poco más grande que el resto y con manchas raras. Pero eso no importaba. Ya en el salón, teníamos que crear la poción adecuada para el hechizo. El maestro caminaba por todo el salón con cara de pocos amigos.

A mí se me ponía la piel de gallina cuando se paraba cerca de mí. Uno a uno mis compañeros iban logrando convertir a su sapo en un gato negro. Finalmente, solo faltaba yo. No estaba seguro de mi poción, pero ya no quedaba tiempo y tenía que hacer algo.

Con un gotero le tiré con miedo una gota al sapo. Todos me estaban mirando muy atentamente. El maestro sabía que una vez más iba a fallar. De repente el sapo empezó a crecer y cambiar de forma. Yo me sentí muy aliviado al ver que estaba funcionando. Pero estaba creciendo más que el tamaño de un gato. Luego de unos segundos el sapo tomó forma de un niño. Todo el salón estaba boquiabierto, incluido Iván. El sapo finalmente se había convertido en un niño, y ¡no cualquier niño! Me sonaba haberlo visto antes. Iván estaba pálido. Luego recordé: ¡El niño del cuadro! Esteban Hous. 

Esteban, se miró y se palpó el cuerpo y gritó de felicidad “¡Por fin soy yo! ¿quién rompió el hechizo y me salvó después de tanto tiempo?” Yo dudando levanté la mano. El niño me abrazó con fuerza y brincaba de alegría. Mientras tanto Iván se escabulle lentamente del salón.

Esteban gritó: “¡No tan rápido Iván!” Yo estaba muy confundido, de donde conocía a Iván. Esteban explicó delante de todos que cuando eran alumnos, eran compañeros. Pero Iván le tenía envidia porque Esteban era el mejor de su clase, y una noche Iván fue a su cuarto y le dio una poción que lo convirtió en sapo. Y así estuvo durante 30 años hasta ese día.

Ese día me convertí en un héroe. Aprobé con 10 la materia. A Iván lo condenaron a prisión por lo que había hecho y Esteban siguió siendo alumno de la academia y nos hicimos grandes amigos.

Hoy en día tengo un cuadro de mi retrato colgado junto al de Esteban y soy una leyenda también. 

Con el paso de los años mis hechizos se fueron perfeccionando, y la poción que inventé accidentalmente se hizo famosa.

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