Los miedos de Ariela

Seudónimo: Lola

Había una vez, hace mucho mucho tiempo, nació una niña que se llamaba Ariela. Ariela creció y creció hasta que tenía 5 años.

Ariela siempre se imaginaba muchas cosas, ella era una imaginadora. Pero un día Ariela estaba en su cuarto con las luces apagadas porque ya era hora de dormirse y se imagina una cosa horripilante, se imagino una bruja volando en su escoba. Se asusto tanto pero tanto pero tanto, que grito: ¡papá, mamá!, sus papas llegaro corriendo a su cuarto y su papa le pregunto: ¿que paso Ariela? Y Ariela contesto ¡la bruja!, su mamá le dijo: aquí no hay nada Ariela, es solamente tu imaginación, ya no tengas miedo, contesto el papá. Ariela ya no tuvo más miedo ese día.

La noche siguiente Ariela se imagino un terrible fantasma que tenia lentes y audífonos. Se asusto tanto pero tanto pero tanto, que grito: ¡papá, mamá!, sus papas llegaro corriendo a su cuarto y su papa le pregunto: ¿que paso Ariela? Y Ariela contesto ¡el fantasma!, su mamá le dijo: aquí no hay nada Ariela, es solamente tu imaginación, ya no tengas miedo, contesto el papá. ya no tuvo más miedo ese día.

Al otro día, Ariela ¡ya no podía dormir! Porque estaba en su cama con las luces apagadas y se imaginó algo muy muy horrible, se imagino se imagino una bruja volando en su escoba con un fantasma que tenia lentes y audífonos. Se asusto tanto pero tanto pero tanto, que grito: ¡papá, mamá!, sus papas llegaron corriendo a su cuarto y su papa le pregunto: ¿que paso Ariela? Y Ariela contesto ¡la bruja y el fantasma!, su mamá le dijo: aquí no hay nada Ariela, es solamente tu imaginación, ya no tengas miedo, contesto el papá, y Ariela pregunto: ¿Cómo le hago  para ya no tener miedo? Y su papá le contesto: concéntrate, cierra tus ojos e imagina algo bonito, algo que te guste mucho como una flor o una princesa o un vestido muy bonito. Ariela se concentro, cerro sus ojos y empezó a imaginar cosas bonitas que ella le gustaban, porque Ariela era una imaginadora  y dijo: aaa eso es lo que se tiene que hacer.

Esa noche Ariela aprendió que ella podía controlar su imaginación y Ariela ya nunca más tuvo miedo.

Fin.

Prosaico

Seudónimo: Betzalel B.

I

De nuevo me veo postrado frente a la hoja en blanco. Frente a la inconsistencia.

Si no fragua no fragua, dicen. Pero aquí estoy tratando de poner algo en palabras. ¿poner en palabras? Es decir, reducir algo (esencia, sentimiento, idea, emoción) a letras. Pero si eso es matar la idea. Al decirla, se materializa, pero se muere. Y el lenguaje se nutre solamente de ese cementerio.

Si las letras fueran tan importantes, habría más de ellas. Pero en su austeridad solamente aparentan.

Formas y memorias que se rompen en la incompetencia de decir algo.

II

Me dejo caer en la absoluta disposición de la inercia. No hay pasos ni caminos. Sólo existe una pausa que se eterniza, una escansión atemporal y que predomina con total soberanía.

Esta inmovilización se ha vuelto tan autoritaria que ni ha dado lugar a la duda o a la suposición. Devora todo lo que se le aproxima y me empequeñece tanto que ya casi no queda nada de mí, sea lo que sea que he sido o que me ha dado cierta identidad.

Sufrir en los aposentos de mi inercia

En el libro cerrado de mi pensamiento

En mi hermética imaginación

Nada cabe, nada queda

Solo la evidencia

De encontrarme con el silencio

Viviendo todas las etapas en una sola.

Floto fuera del campo del placer. Por eso me duelo, porque el placer es lo más profundo del alma y porque activa la voluntad. Por cuanto que vivo en este ascetismo, mi voluntad pende en un estado ausente, en la abstinencia de ser o de hacer algo. En otras palabras, estoy encerrado en la soledad más pura, en su fase más completa. Pero, ¿no acaso se forma primero la soledad y luego la conciencia? Entonces estaría donde debo estar: en el paso adecuado y que es previo a la reflexión. Sin embargo, en mis palabras ubico también la mezcla de la soledad con la conciencia, de la representación y su reflexión. Dado que mi experiencia se presenta en sí misma, únicamente al fragmentarla por medio de mis palabras puedo dar cuenta de ella, pero no ahora como un todo, sino como las partes de ese todo.

Lo que quiero es desdecir algo y la única manera en que sé hacerlo, es decirlo.

Entre circuitos, entre pasos dobles o entre ningún paso. Lo que importa es el intento.

III

Es que no podía funcionar, es que no podía arrancarme de mis ideas lo que vendría a ser poesía o magia encrespada. Sin saber, sin poder, sin hacer, sin matar, perder o temer. Ojos, piernas y movimientos. Torcidos entre el viento. Cayendo en pavimento. No se piensa más. No se es más.

nunca

Pero el torbellino del sonido, pero los botones. Ojos, teclas, cuerpo. Magnetismo, fusión y unión. Ruido y granos de letras, flecos y recorte aquí y allá.

se indica

En lo que hacer. En lo que no. Pero se y se y no no no fluye, puente y cantata de voz horrenda. Se truena o se cuaja, se rompe o dilata. En la extensión nos mostramos.

el resto

La identidad de un fragmento, la parte de una pared y su espina. En dónde, en donde no. Pero las formas, las astillas del ruido de nuevo aplauden.

mengua

Mentiras y repeticiones. Muchas rimas que se agrietan, se engullen y tragan por no decirse. ¿Cuánto se ha censurado? Nostalgia de algo, del olvido. Para entretener los no y no y tampoco. O para darle ánimo a los posibles quizás que se embarran en la desidia.

encontrado

Para ya no saber si jugamos o callamos, encerrados o liberados. Efímeros golpes o conciencias que frenan o arden y se expanden, que yacen o se liquidan. Pero sobre todo, aceptan.

En su mal humor, destruía

Seudónimo: Andanti

No eran las cincuenta primaveras,

pues aún no las cumplía.

No eran los maltratos de la vida,

pues nunca le tocaron en demasía.

Nadie, ni ella, sabía bien qué era;

pero en su mal humor, destruía.

Sus arranques, ya legandarios,

a seres queridos y a extraños herían.

Mas al final de día, cuentan sus diarios,

ella también sufría.

La primera víctima por las mañanas:

su propia madre, a quien mucho amaba.

Pronto a su hermana, abuela y abuelo,

a primera provocación, con su ira verbal atacaba.

¡Es que me domina el corazón! se decía.

Más al final del día, éste también le dolía.

¡Tal vez nací en el signo equivocado!

Pero estas excusas, ni a ella, ni al doctor, convencían.

“Es su amígdala, señorita” “Es la sentinela en su cerebro, que le quiere ayudar.”

Detecta peligros, y la hace atacar, sin a su razón consultar.”

¿Hay remedio o alguna operación para retirarla?

¡No! ¡A la guardiana interna no debe nunca extirparla!

¡Es de vital importancia! ¡Para develar riesgos la podemos necesitar!

Para que la fuerza del trueno y la calma del mar, puedan en paz cohabitar.

Pero he tratado el trote, la copa y la meditación.

¡Ahora qué haré,  si ya no hay más solución!

¿Quién dijo que no?, preguntó sorprendido el doctor.

Le daré una pócima que a mi, con este dilema, me ayudó un horror.

Pero al momento que ya se la iba a entregar,

¡Derramó un poco y, en su coraje, el doctor mismo, la hizo estrellar!

Convencida de que ni la ciencia, ni los signos, le darían solución,

Se dio al camino de la exploración.

Tras duda, angustia y reflexión: ¡Algo muy nuevo su cerebro experimentó!

¡Y fue la respuesta que siempre que siempre anheló!

Regresando a su hogar, no sabiendo si todavía la podían amar,

buscó la peor situación, en la que su familia más la hacía rabiar.

Pero ésta vez no los atacó, ni pataleó ni violentó,

¡Su cabeza, un vacío, amígdala o no! Con valentía, enfrentó la cuestión.

Descendió sobre ella una gran claridad: Q ella era ella…los otros o no.

Nada en este mundo ya le podía afectar.
Tranquilo su cerebro, por fin pudo empatar:
La fuerza del trueno y la calma del mar.

Dicen las lenguas que suelen contar, que hasta su amígdala se pudo calmar;

y con voz nueva pero antigua, fuerte pero clara y asertiva pero en paz,

comenzó una nueva vida de armonía, que ni la ciencia pudo explicar.

Las dos princesas

 Pseudónimo: Juglari

            Nadie se sorprendió mas que la Reina misma cuando dio a luz, no a una, sino a dos princesas.  Ya nació la princesa, declaró la partera, como era tradicional dar el anuncio a la madre.  Y minutos más tarde repitió:  Ya nació la princesa.

            Los nueve meses, la partera había escuchado un solo corazón latir durante la revisión mensual, y es que las gemelas se habían sincronizado de tal forma que no se distinguía el latir de cada una.  Lo hicieron a propósito, pues se les hacía de lo más divertido imaginar la cara de la partera cuando viera que eran dos las herederas que nacerían ese 28 de octubre.

            Les gustó octubre para nacer, aunque las esperaban para noviembre.  A decir verdad, ya estaba muy apretado ahí y no querían reñir por que una tuviera el pie de la otra enterrado en su espalda o alguna no pudiera chuparse agusto el dedo porque la otra le estorbaba para alcanzar su boca. 

            Amamantar les fue fácil, porque la Reina tenía suficiente leche para ambas, y cuando una no quería comer, podía hacerse guaje, porque nadie nunca se acordaba cuál había comido más y cuál menos.  Dado que se entretenían entre ellas, no tenían que estar riéndose de los chistes bobos del Rey, que hacía ruidos como de estornudo, esperando que una, y otra, y otra vez, esto les causara gracia;  para la cuarta vez, se puede decir que más bien lo que les causaba era lástima.  Lo bueno es que cuando él y la Reina, las nanas y otros cortesanos las veían jugando entre ellas, se relajaban y las dejaban ser, sin hacerles mil caras chistosas que, a la larga, no lo eran.  Así pasó la vida, y pudieron jugar a lo que quiseran, hablar en el idioma que fuese -sea el del reino o el inventado entre ellas –  y, a la larga, estudiar lo que les apasionara.

            Quisera decir así fue el resto de sus vidas, que hicieron lo que les vino en gana, que se casaron a su gusto y fueron felices para siempre, pero no.  No fue así, pero no por lo que ustedes se imaginan.

            Les cuento: con su adolescencia surgió el dilema de encontrarles su futura pareja.  Si el Rey normalmente tenía que pensar en un desafío para elegir al futuro consorte de su hija, ahora debía quebrarse la cabeza aún más, pues tendría que elucubrar: dos desafíos.

            Curiosamente, al Rey no se le había ocurrido anticipar dicho problema pues, desde el principio, asumió que con un desafío era suficiente para encontrar a sus dos futuros yernos.  Sin embargo, pronto le hicieron ver la Reina y sus consejeros, que de efectuarse un solo concurso, sería de muy mal gusto darle a una hija un joven de primera…y a la otra…¡Un joven de segunda! ¡Era necesario obtener dos jóvenes de primera!

            ¡Ah! Y es que para comprender la encrucijada que angustiaba al Rey tienen que comprender ciertos datos acerca de él, que son relevantes.  Uno es que padecía de jaquecas desde jóven, por lo que pensar, en general, le  provocaba fuertes dolores de cabeza.  Y el otro dato es que era tradición que el Rey, y nadie más que él, diseñara el reto para la búsqueda de novios. 

            Imaginen entonces el doble dolor de cabeza que sólo pensar en esto le generaba al monarca. Nunca había sido muy bueno para resolver acertijos, lo cuál le hacía también no muy bueno para diseñarlos.  Y,  aunque ustedes no lo crean, en carreras y desafíos, nunca había participado.   Había venido a suceder que, cómo era el hijo de los Reyes anteriores, había heredado ser realeza y no había tenido que competir para ganar una esposa.  Al contrario, había paseado por el Reino hasta elegir a la que más la gustó y punto.  Fácil y sin problemas.  Nunca se arrepintió de su buena elección, era una mujer inteligente, comprensiva y guapa.  Y como a ella sí le hacían gracia sus estornudos falsos y demás gracias, él vivía muy feliz, entre jaqueca y jaqueca.  

            Algo bueno es que si el Rey evitaba pensar, eran mucho menos sus migrañas.  Sin embargo, para el cumpleaños 21 de sus princesas, no iba a poder evitar pensar.  Se compró varias dosis extra de la poción para sus dolencias, canceló todas su actividades de la semana y se retiró a sus aposentos con pluma y pergamino a diseñar lo que decidiría el futuro de sus hijas.

            Claro, al igual que a ustedes, a nadie en el reino le sonaba como que  las princesas fuesen el tipo de jovenes mujeres que acatarían con brazos cruzados la elección ajena de sus parejas de por vida.  Pues en ese punto, ustedes y todos, erramos:  sorprendentemente, esa parte de su educación fue muy contundente y no se les ocurrió que tendrían derecho de replica, de  protesta o de rechazo ante el destino que les tocara. Aceptarían al ganador sin problema.

            Sorprendentemente, los dos desafíos fueron francamente astutos;  basta decir que uno terminaba en lograr conquistar los mares y el otro las montañas.  Mucho se publicitaron, jóvenes se presentaron y al final los dos ganadores se vistieron de gala y se casaron cada uno con su princesa.

            La historia, sin embargo, no puede terminar aquí.  ¿Cuál sería el punto de haberles recontado  esto con semejante detalle si su no tuviese un climax, un desenlace y un final, como deben tener todos los cuentos, y sobretodo los de reyes y princesas?

            Bueno, pues al principio, la vida siguió y les fue fácil estar casadas. Si, en efecto, a veces intercambiaban lugar sin que sus esposos se dieran cuenta, y así si una no quería ir de cacería con su cónyuge, la otra iba, o si una no estaba de humor para la intmidad, hacían lo mismo.  Sus esposos eran felices porque siempre había ánimo de todo, y además mucha variedad de ropa, frescura y alegría.

            El problema, me imagino que estarán ustedes ya sospechando,  fue cuando tuvieron hijos.  Lo que primero sucedió, se imaginarán ustedes, es que cada una a luz, no a uno, sino a dos príncipes.   Ya nació la príncipe, declaró la partera, como era tradicional dar el anuncio a la madre.  Y minutos más tarde se volvió a escuchar, claro, ¡lo mismo, otra vez!

            Resultó que los cuatro bebés, lloraban al mismo tiempo, comían al mismo tiempo, necesitaban cambio de pañal al mismo tiempo y no dormían para nada…al mismo tiempo, Era demasiado.  Las princesas lloraban, claro, también al mismo tiempo.

            Ustedes podrán no creer mi historia y dirán que con tanto personal de servicio en palacio para ayudarles, todo esto se podría haber evitado desde que nacieron los bebés.  Pero no, no fue así.  Les servían y asistían, pero igual la paz no cundía.

            Un día de octubre, antes de sus cumpleaños, las lágrimas de las princesas se confundieron con la lluvia, durante una tormenta que inundó al reino entero.  Las infelices madres juntaron pañaleras y bebés y corrieron a las afueras del palacio, sólo para darse cuenta de que no cabían las dos con sus consortes y bebés en la misma canoa.

            El nivel de agua subía peligrosamente y no encontraban forma de acomodarse los ocho en pequeña nave.  La corriente acarreaba tortugas, cocodrilos y demás. Los rayos amenzaban y los truenos ensordecían.  Finalmente, tuvieron que dividirse, cada princesa en una canoa, con sus gemelos y marido; cada nave sobre la corriente, arrastrada en diferente  dirección. 

            Cuando cesó la lluvia y asomó el sol, fue la primera vez que cada familia experimentó la paz, desde que habían nacido sus niños.  Les cuento que, por primera vez, los niños no lloraron día y noche, mas si amamantaron cuanto quisieron, jugaron entre ellos y hablaron los idiomas que se les antojaron. 

            Cuando por fin la corriente las trajo de vuelta al castillo, cada una navegó con su familia, sin decir palabra, hacia una torre diferente, donde desembarcaron y se instalaron cada una en otro extremo del palacio. 

            Y, en efecto, el final ahora si lo podemos decir como se debe:  ¡Vivieron felices para siempre!  El Rey con menos jaquecas, porque, ya con sus hijas grandes, y con la Reina más al mando, él no tenía que pensar tanto.  La Reina, feliz de tener mucho que hacer y de ver a sus cuatro nietos llegar, jugar y… partir a dormir a sus propias torres.             Y las princesas, ellas también felices, cada una regresaba con su familia a su propia torre, después de haber juntado a los niños por la tarde a jugar.  Y a veces muy noche, si había luna llena, se podían ver las siluetas de las hermanas reunirse al centro del palacio y, bailando con alegría, su infancia  recordar.

Yo

Seudónimo: Wira

Porque esta soy yo.

Porque soy mi gusto al chocolate

y mi poca habilidad para el debate

Porque soy mi frustración frente a la computadora

y también soy mi miedo a estar sola.

Soy la que confía muy rápido,

tanto que me mareo y me caigo.

Soy la que llora a mares

solo para entender el porqué me dejaste.

Soy una adolecente jugando a entender la vida,

siempre voy pensando distraída.

Soy las sonrisas que siempre muestro para sentir aprobación

y, la que cuando falla, escribe una canción.

Soy la que siempre elige el bando equivocado,

las amigas, el grupo y al chico equivocado.

También soy la que disfruta escuchar música mientras veo el atardecer,

solamente porque siento el pecho arder.

Soy todo lo que no ves.

Amigos

Seudónimo: Güeris

¡Sí!, para poder vivir,

hay que tener amigos.

¡Sí!, los he buscado

y los he encontrado.

Son exactamente los amigos

que necesito.

Reflejan en mi optimismo y mi alegría.

Son mis amigos para el bien

y para el mal.

Sólo a un amigo se le puede hablar

sin preocupaciones y sin pensar

lo que hay que revelar.

Amigos para poder reír.

Hermanos para jugar.

Compañero para poder trabajar.

Deseo siempre tenerlos a mi lado

y no sentirme juzgado.

Poder compartir mi amor

y que sea conmovedor.

Hoy

Seudónimo: Mila

Es extraño, ¿verdad?

 Como las aventuras más extrañas y locas siempre empiezan tan normal, como hoy. -¡Carolineeeeee, Carolinee despierta querida!…“ve al pueblo a buscar comida para la cena de año nuevo- dijo mi madre apurada.

Este año mi familia iba a ser anfitriona de la fiesta de año nuevo de 1901. Me paré y compré un boleto de tren para el pueblo más cercano, cuando me subí estaba tan cansada que me quedé dormida, solo quería dormir un par de minutos más para recargar energía. Cuando desperté vi a una señora vestida de forma muy rara, hablándome para que despertase.

 -Amelie, vamos despierta para que vayamos a casa- dijo la sra tranquilamente.

Yo estaba confundida, el tren no parecía el mismo al que me subí y todos estaban vestidos muy extrañamente. Me bajé con la señora y le pregunté qué había sucedido, ella comprensivamente me dijo que ya habíamos llegado a nuestra estación y que nos teníamos que apurar para llegar a almorzar. Claro que estaba confundida y quería decir que no y llegar a mi verdadera casa, pero mi estómago rugía y mis pies la siguieron a un edificio muy alto. Nos subimos a una gran caja gris metálica en la que habían muchos botones ,presionamos el que marcaba el número “6”, y después de un minuto se abrió las puertas de la  caja hacia un pasillo con tres puertas de madera.La señora tranquilamente abrió con una pequeña llave la segunda puerta. Ya dentro, ella me dijo que me lavase las manos para comer y yo sólo accedí con la cabeza, confundida. Me señaló sutilmente un acceso, como indicándome el lugar, entré y mi cuerpo solo ya sabía qué hacer, volteé al espejo y ví algo que me dejó en shock. Era alguien más, había alguien en el espejo que no era yo, tenía unos ojos azules brillantes, cabello castaño rizado, ropa tan extraña que me incomodaba un poco y hacía los mismos gestos que yo.

Salí del baño y fui a buscar a la señora para comer, porque aunque tal vez yo era otra persona, aún así tenía mucha hambre. Ella dijo que me sentara porque se iba a enfriar y que pronto llegaría mi padre a comer,  obedecí la indicación. Comimos y me preguntaron un poco de mi día a lo que no sabía qué responder, así que evadí todas las preguntas y cuando terminamos les pedí salir con “mis amigos”, excusa para poder buscar pistas tranquila.

Ellos no muy contentos por la idea asintieron, con la condición de que me llevara el teléfono y que volviera antes de la cena, yo acepté  y rápidamente tomé el bolso que tenía cuando desperté y me fui.

 Bajé por las escaleras, ya que todavía no sabía cómo funcionaba la caja de metal, lo primero que hice fue esculcar la bolsa. Encontré dentro una cartera pequeña con monedas y billetes, pero lo más interesante era que tenía una tarjeta con una foto de mi reflejo en el espejo, que decía: Amelie Jonson Main, ¡Ese era mi nombre!, eso fue un alivio. Busqué un rato pistas pero no encontré nada útil, caminé hasta un puesto de revistas y pedí el periódico, al vendedor le pareció rara mi solicitud,pero me lo dio, y al leer la fecha me quedé helada, decía que era el 31 de diciembre del 2021. ¿Pero cómo era posible si esta mañana era el 31 de diciembre de 1900?

Subí al edificio de nuevo y abrí la puerta tal y como lo había hecho mi acompañante, adentro se encontraba ella preguntándome porque había llegado tan temprano y si todo estaba bien, le dije que sí y me fui a un cuarto lleno de fotos de Amelie. Me quedé tirada en la cama por horas, hasta que mi mamá me dijo que me preparara para la cena de año nuevo, y amablemente me preguntó si quería que la ayudara a elegir qué atuendo ponerse, asentí y me dio un vestido que yo creía conocer, ella me dijo que ese fue el que usó la bisabuela para el año nuevo de 1901 y ¡Lo recordé! yo había comprado ese vestido para el año nuevo, pero ¿Eso qué significaba?, ¿soy yo la bisabuela?

 Me probé el vestido y ella me enseñó una foto ,me dijo que esa era su bisabuela, mientras señalaba a una chica .Cuando movió el dedo y yo me acerqué más, me vi ahí en la fotografía, ¡Era yo! y esa foto me la había tomado el día anterior. Ya en ese momento nada me sorprendía, empezó la cena y vi a muchos familiares que no reconocía. Mi madre me dijo que olvidó pasar a buscar el pastel y que si podía ir yo en metro, acepté y me dio las instrucciones.

 Me subí al metro y me quedé dormida de nuevo. Desperté con una viejita al lado diciéndome que ya llegamos al pueblo, miré la ventana y era de día, miré para abajo y tenía puesta ropa vieja, confundida, volteé para todos lados para entender qué había pasado, pero no habían respuestas, después de unos minutos llegamos al pueblo (al qué tenía qué ir) para buscar comida para la cena, ¿Pero cómo era posible sí unos minutos antes estaba en otro lugar y otra época?

 Cuando llegué a mi casa con lo pedido, mi madre molesta preguntó porqué había tardado tanto y si traía el cambio del dinero que me dio, yo un poco desconcertada revolví mis bolsillos y qué encontré una foto de Amelie.

Esta escena, todavía me causa pesadillas, porque ¿Cómo pudo haber sido un sueño si tengo su foto?,  ¿Lo soñé todo? La imagen de Amelie aún me persigue en mis sueños, buscando una respuesta.

La historia de las dos caras

Seudónimo: Manzano

Consejo de vida, uno nunca debe confiar en nadie.

Riki tenía 19 años, recién cumplidos. Pelo castaño, complexión delgada, ojos color café miel, se podría decir que era una chica común. Trabajaba en un periódico de su pueblo, y

no mentiré, ese no era el lugar más tranquilo. Tampoco diré que ahí  nunca pasa nada para que crean que esto comienza como las historias de siempre, en las cuales uno menciona eso y súbitamente todo empieza a formarse como un caos.

Sin embargo, tampoco es muy común oír cosas terroríficas, pero, ahí es donde esta historia comienza…

Iba de regreso a casa, eran alrededor de las 11 pm. Sí, venía exhausta, se le notaba, subió las escaleras a su cuarto y se alistó para dormir, antes vio un poco sus redes sociales en el teléfono, olvidándose de cerrar su cortina de la ventana, como siempre.

Los días pasaban, siempre eran repetitivos. Sin embargo, un día después de trabajar y después de regresar de su tiempo para ir a comer, ella vio las noticias y algo le pareció muy extraño, se preguntarán, ¿qué la hizo sentirse insegura en el pueblo en el que era un lugar tranquilo? Pues la respuesta es que sacaron un anuncio en el cual decía que Norman Heit, asesino serial de aspecto físico extraño a quien se le notaban varias quemaduras y cortadas, estaba suelto, y se la había visto por la zona en la que ella vivía. Sin perder más tiempo, decidió irse a su casa, tomar un baño y descansar  pues no quería pensar en eso, lo que no sabía, era que Norman ya pensaba en ella, había estado observándola diariamente desde su ventana que nunca cerraba.

Días pasaron iguales a éste, hasta que un día ella comenzó a sentirse que alguien la observaba, ya no podía bañarse tranquilamente, le daba miedo cerrar los ojos y lavarse la cabeza, cada día sentía una mirada fija, hasta dormida; sin embargo, ella no lo podía explicar, un par de veces recurrió a sus amigas pero le dijeron que deliraba. En una ocasión, recibió una llamada y podía oír una respiración del otro lado, sin embargo a los segundos la cortó la otra persona. Así pasó su vida alrededor de un mes, y ella ya no confiaba en nadie, sentía que cualquiera podría estar espiándola.

No había oído noticias sobre el asesino serial pero sabía que seguía libre. Un día hasta le pareció verlo, pero volvió a mirar al lugar en el que ella pensó que estaba y no se encontraba. Verdaderamente pensó que estaba volviéndose loca y de nuevo así pasó un largo tiempo.

Semana después de regreso a su casa de noche otra vez, ahora sí estaba segura que lo vio frente al jardín de su hogar y se asustó tanto que salió corriendo de su casa, rápidamente marcó el número de la policía, le dijeron que estar afuera no era seguro así que corrió a encerrarse en su casa, ellos decían que no iban a tardar, que no se preocupara. Su respiración era muy agitada tenía tanto miedo que subió a su cuarto y cerró todo con llave. Decidió sentarse en su cama, estuvo así por alrededor de 5 minutos pero pronto volvió a sentir esa sensación de que alguien la miraba, y recordó que había dejado la puerta abierta cuando corrió fuera de su casa, no duró mucho tiempo con ese pensamiento, pues algo la agarró de los pies, y fue ahí cuando dio su último aliento, sintiendo como una daga se clavaba en su corazón, el cual pronto dio su último latido.

¿Saben? Me han decepcionado, al principio les dije con astutas palabras que no confíen en nadie… Y sin embargo confiaron en mí, al contar esta historia. Y  bueno, realmente nunca sabrán porque yo la maté, o quién soy, pero pueden seguir pensando que fue Norman como la gente en ese pueblo lo hace, al igual que la ley lo hace… Irónico ¿No? Que fácil es poder engañar a las autoridades.

El misterio en el tiempo

Seudónimo: Watson

Había una vez dos hermanos, sus nombres eran Emma y Leo, a Emma le encantaba la actuación y a Leo le encantaba pintar. A sus papás no les gustaba la idea de que fueran actriz y pintor porque querían que se dedicaran a otra cosa.

Todas las tardes Emma y Leo después de sus clases pasaban el tiempo en una casa abandonada donde hacían sus tareas y ahí podían actuar y pintar libremente. Un día se escuchó algo raro en el sótano y Emma y Leo bajaron a descubrir que era lo que podía ocasionar ese sonido tan raro, se encontraron con un objeto cubierto con una tela de color azul, Emma lo destapó y encontraron una máquina pero no sabían para que servía.

La máquina era grande y vieja, Leo apretó un botón color café y de pronto todo se oscureció, cuando abrieron los ojos se dieron cuenta que seguían en el mismo lugar pero al salir de la casa observaron que era otra época por la vestimenta de las personas  y la arquitectura de las casas que estaban en la calle. Se dieron cuenta que estaban en el año 1986 porque vieron un periódico en la calle y recordaron que en esa calle vivían sus abuelos.

Al llegar a la casa reconocieron a su abuela y a su abuelo y descubrieron que su abuela era una gran actriz y su abuelo un gran pintor, se quedaron con la boca abierta pues no los conocían y no sabían esos detalles de su pasado.

Emma y Leo regresaron a la máquina del tiempo y ahora apretaron un botón color negro con el que regresaron al presente. Fueron a su casa para platicar con sus papás sobre lo que descubrieron de sus abuelos en 1986. Sus papás les dijeron que ellos no querían que fueran actriz y pintor porque los grandes artistas se exponen a demasiadas pruebas y a veces puede ser muy complicado y frustrante, eso lo sabían porque los abuelos de Emma y Leo tuvieron una vida difícil.

Al final Emma y Leo viajaron en el tiempo con sus papás para visitar a sus abuelos y ellos les dieron consejos para sus carreras. Emma siguió estudiando para actriz y logró audicionar para una obra y se quedó como protagonista. Leo tomó clases de pintura y empezó a hacer cuadros que vendió hasta lograr convertirse en un gran pintor.

Fin

En el fondo del Mar Atlántico vivía un coral muy chiquito, blanco y muy rasposo

Seudónimo: Estrella de mar

En el fondo del Mar Atlántico vivía un coral muy chiquito, blanco y muy rasposo

El coral no podía hablar, pero era muy observador.

Se dio cuenta de que todos los demás corales tenían colores hermosos y brillantes que parecían arcoíris bailando con las olas.

No solo los corales tenían mucho color, sino que también los peces amarillos brillaban como el sol, las estrellas de mar eran muy pero muy naranjas, había conchas aperladas de colores pasteles y cada a animal oplanta marina se caracterizaba por un color diferente y especial.

Por todo esto el coral blanco sentía celos de todos los demás, deseaba ser como ellos, así que se le ocurrió un plan.

Esperó y esperó hasta que su amigo el pulpo pasó por ahí y le pidió que, si le daba un poco de su tinta para ponerse colorido, el pupo aceptó y lo bañó en su tinta, pero no logró quedarse pintado por mucho tiempo.

El coral lloró y lloró tanto que cuando pasó la víbora eléctrica le ofreció su ayuda para darle un poco de luminosidad y electricidad, pero lo único que recibió el coral fueron toques espantosos.

Después de dos meses de estar intentando pintarse con el color de los demás, se dio cuenta que era imposible.

Así que se escondió detrás de unas algas marinas para que nadie lo viera. Se quedó muy aburrido, solo y triste.

Un día cuando ya se iba a meter el sol, sintió cómo una red negra lo jalaba para atraparlo. Eran los buzos que buscaban corales más elegantes, diferentes y peculiares para adornar la pecera de un acuario de la ciudad.

No pasaron ni unos segundos cuando todos sus amigos del mar se unieron para defenderlo, jalando la red para el otro lado, su amigo el tiburón usó sus dientes para morder la red, los buzos se asustaron tanto que rápidamente se fueron.

Ese dia fue el día más feliz de la vida del coral blando, le agradeció a uno por uno su ayuda en intentar cambiarlo de color, aunque ya no lo creía necesario y les agradeció aún más por haber arriesgado su vida para salvarlo.

Descubrió que no necesitaba ser como los demás ni tener estos colores brillantes para ser bonito y feliz. Además, entendió que los buenos amigos son los que nos quieren tal y como somos.