Curioso día de melancolía

Seudónimo: Tortilla

Recuerdo ese día con melancolía, estaba en Veracruz con mi abuelita, nadamos con tiburones, cantamos y cenamos en el Café de la Parroquia. En la carretera de regreso a casa nos la pasamos hablando de la vida, ella me contó su historia, una que nunca había escuchado, una historia con partes tristes, terribles y mágicas. Me habló de lo mucho que le dolió la muerte de mi abuelo y el divorcio de su segundo marido; me reveló cosas que nunca imaginaría, cosas que, claro, no las escribiré porque sus secretos están a salvo conmigo.
Hoy es 15 de enero, se cumplen cuatro años de su partida, cuatro años de no ver su hermosa sonrisa, de no verla preocupada y enojada con mi padre, de no verla hacer esas cosas que tanto me costaba admitir que hacía, de no ir a su casa, de no escuchar aquellas historias, cuatro años de que esa terrible enfermedad la acabó.
No quiero decir que ella se rindió porque no fue así, sólo decidió no luchar más. Ya estaba agotada, su cuerpo no aguantaba, cada vez se volvía más débil y esa enfermedad no se podía vencer. Decidió no pasar más tiempo en dolor, ya no soportaba ver nuestras caras tristes y asustadas, lo que ella no sabía es que yo no soportaba saber que pronto ella no estaría conmigo. No es que me enojé con ella, todo lo contrario, me enojé conmigo misma por no haberle dicho tantas cosas, por no verla más seguido, por no hablarle por teléfono o tan siquiera haberle dicho que la quería.
Murió y yo no he sido la misma. A pesar que ya pasaron cuatro años de su partida, no puedo perdonarme, no puedo dejar de pensar en ella y definitivamente no puedo borrar de mi mente a esa persona que no la respetó, a esa persona que le deseó la muerte y, aunque ella nunca se haya enterado que su ex esposo me dijo que ojalá ella no existiera, sé que lo sospechaba porque veía mi carita triste cada vez que la veía a los ojos. Cada vez que le decía una palabra, mi voz se cortaba.
Cuando al fin dejó de sufrir, mi tormento empezó. Eran noches llorando en la almohada de mi cama, escondiendo esas lágrimas de dolor, escondiendo mis sentimientos. Eran días de no mencionar su nombre frente a mis padres, porque si lo hacía, sabrían que sentía un vacío sin ella.

Pasaron años y sigo arrepentida, triste y decepcionada de mi misma, ¿Cómo es qué cuando tuve la oportunidad, no hablé con ella? ¿Cómo es que ese día me quedé haciendo un proyecto en vez de ir a su casa por última vez mientras ella estaba sana, mientras todavía no sabía que estaba tomando sus últimos respiros?

Haría todo por regresar a esos años en los que sólo la vi una vez a pesar de que vivía a cuadras de mi casa, por regresar a aquél momento en el que se despedía diciendo lo mucho que me quería, pidiéndome que cuidara de mi padre. Haría lo que sea para regresar a darle ese último abrazo que no fue fuerte porque tenía terror a lastimarla.

Es muy curioso que el día más triste para una persona pueda ser el más feliz para otra. El día en que ella se fue, nació mi prima. Mi tío brincaba de emoción porque tenía una hijita, a quien pasó 7 años esperando...

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *