El polvo que era diamantina

Seudónimo: Gal-Gal

Lili tenía una imaginación enorme pues le encantaba leer, aunque a veces la gente no la entendía. Pensaban que decía cosas sin sentido, o que no podía hablar seriamente, pero esa imaginación le ayudaría muchísimo para superar lo que pasaría en su país cuatro años antes. Ella vivía en México, un país muy bonito con playas, bosques, selvas, etc. Sin embargo, también tenía un defecto: temblaba mucho.

Hace 4 años Lili festejaba su cumpleaños número 7, y estaba con su familia muy emocionada celebrando. Después se fue a la escuela. Ese día hicieron un simulacro para recordar un temblor muy fuerte que había sucedido muchísimos años antes y a las personas que murieron en él. Todo iba muy bien, hasta que dos horas después, mientras todos estaban en el recreo, el piso se empezó a mover. Lili y sus amigas sentían que todo se movía de arriba para abajo. Ella no supo qué hacer, imaginó que estaba en un mar que se movía con grandes olas, abrazó muy fuerte a todas sus amigas y les dijo que todo estaría bien. 

Las maestras y directoras llevaron a todos los niños y niñas para sus salones, y aunque Lili no tenía miedo por el temblor, sí estaba preocupada por su familia ya que no sabía nada de ellos.

—Tranquilos, no pasa nada —dijo su maestra a todo el grupo de Lili cuando estuvo unido—, todo va a estar bien.

Las amigas de Lili empezaron a llorar y ella las abrazo aún más. No sabía cómo ayudar a su maestra para que sus amigas y compañeros se tranquilizaran, así que empezó a contarles historias divertidas que salían de su imaginación. Todo el salón estuvo muchísimo más tranquilo.

Llegó el momento de irse a casa, pero el camino fue bastante largo, pues había muchísimo tráfico. Lili sólo quería llegar y abrazar a su familia.

Cuando llegó a casa, sólo estaba su abuelita que temblaba de miedo pues veía en la tele como muchas casas se habían derrumbado. Su abuelita ya estaba muy viejita, así que Lili la abrazó y comenzó a contarle una historia:

—Abuelita —le dijo Lili—, todas esas casas se derrumbaron porque las tocó un bello arcoíris; de hecho salió diamantina en vez de polvo, y eso que parece yeso, son ricos chocolates blancos que cayeron al suelo. Van a construir casas más ricas porque estas ya sabían muy feo. La nuestra no se puede caer porque aún tiene un sabor muy rico. 

La abuelita se tranquilizó después de escucharla y Lili fue a prepararle un té. Minutos después, escuchó desde la cocina que su papá había llegado; salió corriendo a abrazarlo pues estaba muy feliz de que estuviera sano y salvo. La abuelita le contó a su hijo, es decir, al papá de Lili, lo que ella le había contado sobre las diamantinas y el yeso, y que quería probar un pedacito de la pared de la casa porque se le había antojado.

—¿Por qué le cuentas mentiras a tu abuelita? —dijo muy enojado el papá de Lili.

El papá de Lili la castigó y la mandó a su cuarto; le quitó su celular y Lili se sintió muy nerviosa porque no podía comunicarse con su mamá y hermanita que aún no llegaban a casa. No entendía por qué su papá se había enojado tanto si no había dicho cosas malas o groseras. Lloró y lloró hasta quedarse dormida. 

Cuando despertó, se dio cuenta que era su imaginación la que la había metido en problemas, así que ya no volvería a inventar cosas. Salió de su recámara y le pidió disculpas a su papá y abuelita.

—Papá, perdón por lo que pasó. Te quiero mucho y estoy muy agradecida contigo por todo lo que has hecho por mí. No volveré a decir cosas sin sentido, te amo y eres el mejor, sin ti no sería nada —dijo Lili llorando y le dio un gran abrazo a su papá, casi casi como si fuera el fin del mundo.

En la calle se escuchó un camión, era el transporte de la escuela de la hermana de Lili que ya la traía a casa. Lili y su papá salieron por ella y la abrazaron muchísimo. Su hermanita estaba llorando mucho pues estaba espantada de que había escuchado que muchas casas se habían caído. No dejaba de llorar por más que su papá le explicaba que todo eso era normal, pues el país en el que vivían tiembla mucho. Nada la consolaba, hasta que escuchó a su abuelita decir:

—Todas esas casas se derrumbaron porque las tocó un bello arcoíris; de hecho salió diamantina en vez de polvo, y eso que parece yeso, son ricos chocolates blancos que cayeron al suelo. Van a construir casas más ricas porque estas ya sabían muy feo. La nuestra no se puede caer porque aún tiene un sabor muy rico. 

El papá de Lili ya no dijo nada cuando vio que su pequeña hija dejó de llorar. Minutos después, llegó la mamá y abrazó a Lili y a su familia fuertemente como si fuera un gran oso. Toda la familia estaba sana y salva.

Decidieron quedarse a dormir todos esa noche en la sala para estar juntos, pero antes de dormir, cada quien contó un cuento inventado. Fue una noche hermosa hasta que se quedaron dormidos. Lilise despertó aproximadamente a las 3:00 am porque escuchaba ruidos: era su papá que estaba leyendo el primer libro que le había regalado cuando ella era aún muy chiquita.

—No te preocupes, yo estaré siempre contigo y tu imaginación —le dijo su papá.

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