La loba roja

Seudónimo: Balún Canán

 Y en ese instante, el lobo se lanzó vorazmente sobre su abuelita comiéndosela toda en un solo bocado sin dejar ni siquiera un pequeño hueso. Luego salió de la pequeña cabaña y se perdió en la oscuridad del bosque, lo último que se percibió de él fue un aullido espeluznante.

Érase una vez, en una pequeña aldea, una hermosa y dulce joven conocida por el nombre de Caperucita Roja. Era conocida por este nombre ya que sus ojos eran rojos como la sangre.

En esta aldea había rumores de que todas las noches de luna llena, un lobo salía del bosque y atacaba a los habitantes, pero Caperucita había sido muy afortunada de no haberse topado nunca con él. También, había rumores sobre hombres lobo que rondaban por las calles y que las noches de luna llena se transforman en feroces lobos que no recordaban a nadie y que podrían llegar a matar hasta a su mejor amigo.

Un día la abuelita de Caperucita Roja, que vivía del otro lado del bosque, enfermó gravemente, así que Caperucita decidió llevarle unas galletas, pero no se dio cuenta de que esa noche había luna llena y ella se iba a adentrar en el bosque.

A la mitad del camino Caperucita escuchó un aullido a lo lejos y vislumbró algo moverse detrás de ella, se dió la vuelta y se topó con un hermoso lobo parado frente a ella que la observaba fijamente a los ojos. El lobo dio un paso hacia delante y Caperucita intentó alejarse de él, en el intento de correr, se tropezó con una raíz y cayó al suelo. El lobo aprovechó esa oportunidad para acercarse a ella y comérsela. En el momento que estaba enterrando sus colmillos en el pie de Caperucita, sonaron unos disparos a lo lejos y el lobo se escabulló entre las sombras del bosque, dejando a Caperucita con una herida en el pie. Caperucita regresó lo más rápido que pudo a la aldea y decidió no contarle a nadie sobre lo sucedido, ya que la herida no había sido muy profunda y si su mamá se enteraba de lo sucedido nunca la iba a dejar ir a visitar a su abuelita de nuevo.

Pasaron los días y la herida de Caperucita fue sanando poco a poco, todos los días se preguntaba qué hubiera sido de ella si los disparos no hubieran asustado al lobo.

Exactamente un mes después de su encuentro con el lobo, Caperucita decidió ir nuevamente a llevarle algo de comer a su abuela.

En las calles de la aldea la gente se le quedaba viendo fijamente.

—¡Qué ojos tan grandes tienes Caperucita!— le comentaban algunas personas.

—Son para ver el camino mejor—, les contestaba Caperucita.

—¡Qué orejas tan grandes tienes!— ,le mencionaban sus amigos.

—Son para escuchar mejor y no toparme con el lobo en mi camino—, les respondía  Caperucita.

—¡Qué colmillos tan grandes tienes!—, le decía la gente.

—Son para....—Caperucita se llevó las manos a la boca y se llevó la gran sorpresa de que sus colmillos habían crecido. Salió corriendo en dirección al bosque y se perdió de la vista de las personas de la aldea.

En el bosque se empezó a sentir más cansada de lo normal, notó como le empezaba a salir vello por todo el cuerpo. En ese momento entendió qué era lo que le estaba pasando, se estaba convirtiendo en lobo. Unos segundos más tarde Caperucita Roja había desaparecido, en su lugar estaba una hermosa loba roja. Lo único que quedó de Caperucita fueron sus ojos rojos como la sangre.

La loba roja corrió por el bosque, estaba muy hambrienta, a lo lejos logró diferenciar una pequeña cabaña con las luces prendidas dentro, sabía que ahí iba poder encontrar una deliciosa cena. Se acercó a la casa y derrumbó la puerta, en ese momento se escuchó el grito de una anciana. La loba roja se acercó a la cama y vio la silueta de  una mujer vieja acostada, la anciana volteó y se le quedó mirando a los ojos,  la loba roja estaba lista para comerse a la vieja mujer.

—Ojos rojos como la sangre, Caperucita, pequeña ¿eres tú?— preguntó la anciana con un hilo de voz.

 Y en ese instante, la loba se avorazó sobre su abuelita comiéndosela toda en un solo bocado, sin dejar ni siquiera un pequeño hueso. Luego salió de la pequeña cabaña y se perdió en la oscuridad del bosque, lo último que se percibió de ella fue un aullido espeluznante.

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