Prosaico

Seudónimo: Betzalel B.

I

De nuevo me veo postrado frente a la hoja en blanco. Frente a la inconsistencia.

Si no fragua no fragua, dicen. Pero aquí estoy tratando de poner algo en palabras. ¿poner en palabras? Es decir, reducir algo (esencia, sentimiento, idea, emoción) a letras. Pero si eso es matar la idea. Al decirla, se materializa, pero se muere. Y el lenguaje se nutre solamente de ese cementerio.

Si las letras fueran tan importantes, habría más de ellas. Pero en su austeridad solamente aparentan.

Formas y memorias que se rompen en la incompetencia de decir algo.

II

Me dejo caer en la absoluta disposición de la inercia. No hay pasos ni caminos. Sólo existe una pausa que se eterniza, una escansión atemporal y que predomina con total soberanía.

Esta inmovilización se ha vuelto tan autoritaria que ni ha dado lugar a la duda o a la suposición. Devora todo lo que se le aproxima y me empequeñece tanto que ya casi no queda nada de mí, sea lo que sea que he sido o que me ha dado cierta identidad.

Sufrir en los aposentos de mi inercia

En el libro cerrado de mi pensamiento

En mi hermética imaginación

Nada cabe, nada queda

Solo la evidencia

De encontrarme con el silencio

Viviendo todas las etapas en una sola.

Floto fuera del campo del placer. Por eso me duelo, porque el placer es lo más profundo del alma y porque activa la voluntad. Por cuanto que vivo en este ascetismo, mi voluntad pende en un estado ausente, en la abstinencia de ser o de hacer algo. En otras palabras, estoy encerrado en la soledad más pura, en su fase más completa. Pero, ¿no acaso se forma primero la soledad y luego la conciencia? Entonces estaría donde debo estar: en el paso adecuado y que es previo a la reflexión. Sin embargo, en mis palabras ubico también la mezcla de la soledad con la conciencia, de la representación y su reflexión. Dado que mi experiencia se presenta en sí misma, únicamente al fragmentarla por medio de mis palabras puedo dar cuenta de ella, pero no ahora como un todo, sino como las partes de ese todo.

Lo que quiero es desdecir algo y la única manera en que sé hacerlo, es decirlo.

Entre circuitos, entre pasos dobles o entre ningún paso. Lo que importa es el intento.

III

Es que no podía funcionar, es que no podía arrancarme de mis ideas lo que vendría a ser poesía o magia encrespada. Sin saber, sin poder, sin hacer, sin matar, perder o temer. Ojos, piernas y movimientos. Torcidos entre el viento. Cayendo en pavimento. No se piensa más. No se es más.

nunca

Pero el torbellino del sonido, pero los botones. Ojos, teclas, cuerpo. Magnetismo, fusión y unión. Ruido y granos de letras, flecos y recorte aquí y allá.

se indica

En lo que hacer. En lo que no. Pero se y se y no no no fluye, puente y cantata de voz horrenda. Se truena o se cuaja, se rompe o dilata. En la extensión nos mostramos.

el resto

La identidad de un fragmento, la parte de una pared y su espina. En dónde, en donde no. Pero las formas, las astillas del ruido de nuevo aplauden.

mengua

Mentiras y repeticiones. Muchas rimas que se agrietan, se engullen y tragan por no decirse. ¿Cuánto se ha censurado? Nostalgia de algo, del olvido. Para entretener los no y no y tampoco. O para darle ánimo a los posibles quizás que se embarran en la desidia.

encontrado

Para ya no saber si jugamos o callamos, encerrados o liberados. Efímeros golpes o conciencias que frenan o arden y se expanden, que yacen o se liquidan. Pero sobre todo, aceptan.

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