¿Quién soy yo?

Seudónimo: Arleen Brown

Cuando Sara se miraba en el espejo no tenía idea de quién era...

Sara siempre había sido una niña diferente a las demás, pero eso es algo que nadie sabía más que ella. Era una niña buena, educada y feliz, pero no siempre había sido así. Sara estudiaba en la secundaria, tenía 15 años y era una persona muy querida en su escuela, le gustaba ayudar a las personas, es respetuosa, dedicada y según todos era de las personas más felices que había  en la escuela.

—¡Sara!— la saludó Lisa, una de sus mejores amigas. —Necesito hablar contigo, ¿quieres hablar en el descanso?—. —Hola Lisa—, le dijo Sara con una sonrisa en la cara, —sí, claro, hay que hablar en descanso—.

Cuando llegó la hora del descanso, las dos amigas se pusieron a platicar, Lisa estaba muy entusiasmada, ya que hace mucho no platicaban entre ellas, mientras que Sara no tenía muchas ganas de platicar, pero eso no se lo podía decir a Lisa, así que con una sonrisa en la cara se puso a hablar con ella. —Bueno Sara—, comenzó a decir Lisa, —ya que tú eres mi mejor amiga y sé que puedo confiar en ti para decirte lo que sea igual que tú confías en mí para todo, te quería contar…—. después de que Lisa dijo eso, Sara dejó de escuchar lo que decía, ella sabía perfectamente que podía confiar en Lisa para lo que sea, pero había cosas que no le podía decir, cosas que eran de ella y sólo de ella, cosas de las que nadie se podía enterar porque la dejarían de ver como una persona feliz y la empezarían a ver de otra manera, por eso, Sara solo le mostraba a los demás una parte de ella, la parte que no le molestaba que conozcan, incluyendo a Lisa. —¡Sara!, ¿escuchaste lo que dije?—, Sara dejó todos sus pensamientos a un lado y sonrió, —lo siento Lisa, no sé en qué estaba pensando, me puedes volver a contar porfa—. Se quedaron platicando durante todo el descanso, Sara todo el tiempo con una sonrisa en la cara, pero sin dejar de pensar en lo que estaba pasando, eso que nadie podía saber, nadie podía descubrir la segunda parte de su vida.

Cuando Sara regresó de la escuela entró a su casa y la sonrisa que traía desapareció de su cara, se fue directo a la sala, donde encontró a su mamá acostada en el sillón, Sara se fijó en el piso y estaba lleno de botellas. Otra vez su mamá había estado tomando, desde que su padre las abandonó a su mamá y a ella, su madre no paraba de tomar, cada vez que llegaba a su casa era lo mismo. Sara subió corriendo a su cuarto y azoto la puerta, no tenía ganas de comer, no tenía ganas de hablar, no tenía ganas de nada, solo tenía ganas de acostarse en su cama y de llorar, y eso es justamente lo que hizo, tal vez fuera de su casa era una persona feliz, pero eso era porque no quería mostrar sus verdaderos sentimientos. Detrás de esa sonrisa que tenía siempre escondía más cosas de lo que cualquiera podía llegar a imaginar, dentro de su casa era una persona muy diferente, ya que podía hacer y expresar lo que quiera y a nadie le iba a importar puesto que solo tenía a su mamá pero ella nunca estaba presente. Una hora más tarde Sara decidió bajar por algo de comer, pero cuando bajó su madre había despertado y como Sara se lo esperaba tenía otra botella de alcohol en la mano. Su mamá pasó a su lado e hizo como si ella no existiera, no la había visto en todo el día pero si a ella no le importaba a Sara tampoco, así que se dirigió a la cocina, estaba pensando en agarrar algo, pero se le quitó el hambre cuando vio a su mamá despierta. Quería volver a su cuarto, pero se volvió a topar con ella y cuando volvió a ver la botella en su mano, no se pudo aguantar y se la quitó, su mamá la volteo a ver a los ojos y le dijo, —devuélvela Sara—, Sara no quería devolvérsela, su mamá se estaba haciendo daño a ella misma y la tenía que proteger, —¡no mamá!— le dijo Sara y antes de que pudiera decir otra cosa su mamá le arrebató la botella, le dio una cachetada, se volteo y comenzó a alejarse. A Sara se le llenaron los ojos de lágrimas cuando escuchó a su mamá decir en voz baja, —¡por qué tuve que tener una hija como esa!—. Cuando dijo eso, Sara no aguanto más, corrió a su cuarto y comenzó a llorar, otra vez; no aguantaba su vida, ya no quería estar ahí, pero tenía que hacerlo, no podía abandonar a su mamá ni a sus amigas, aunque ellas ni siquiera sabían lo que en realidad le pasaba, ya que solo conocían una parte de ella y no les quería mostrar la otra, no podía, no era lo suficientemente valiente para hacerlo.

Todas las personas conocían a Sara de una manera, pero ella se conocía de otra muy diferente, y cuando se miraba en el espejo, no sabía quién era, tenía dos versiones de sí misma, dos personalidades diferentes y ni siquiera ella, sabía cuál era la real, si alguna de las dos era real o si algún día llegaría a tener una que se sienta tan real como ella esperaba.