Peces de fuego

Su mano sostenía con firmeza la espada de metal. Era como si formara parte de ella y si la
soltaba perdería absolutamente todo; su dignidad, orgullo, fuerza, y poder. Mirándolo a los
ojos hundió la espada en su abdomen lentamente y terminó el trabajo.
—La próxima vez encuéntrame a un oponente digno de mi tiempo —demandó a
través del ruedo.
El hombre sentado en el trono de huesos no mostró expresión alguna, mas levantó su mano
indicándole a la chica que se callara. Ella dio dos pasos hacia atrás y dirigió su mirada del rey
al piso. La multitud se silenció, sus labios se curvaron y mostró una falsa sonrisa de
suficiencia. La espada ensangrentada seguía empuñada en su mano.
Lexa Hunter ha pasado cada primer día del mes peleando este ruedo desde que
aprendió a caminar. Este día no era excepción. Lexa se para en el mismo ruedo, con el mismo
tipo de arma, y la misma cantidad de espectadores mes tras mes, año tras año. Uno pensaría
que lo disfruta, que siempre ha sido despiadada. Y aunque no estén en lo incorrecto, su vida
es compleja, lo único que conoce es la constante lucha por su derecho a vivir. Al menos de
eso se ha encargado su padre, el rey Tiberias II.
Portar el apellido Hunter no solo significa formar parte de la familia real. También
representa las prácticas sádicas y salvajes a las que someten a sus integrantes. Estas prácticas
son provenientes de un antiguo régimen establecido por el rey Belenos, también conocido
como “El primer salvaje” y tatarabuelo de Lexa. Este régimen tiene el propósito de
evolucionar a la familia, haciendo que sus descendientes nazcan con los genes más fuertes y
hereden las mejores habilidades. Al mismo tiempo deben asegurarse de que el resto del
mundo lo sepa, por eso es que no se les otorga un nombre al nacer, sino que obtienen el de la
primera persona que matan. Funciona como un trofeo, una forma de hacer que todo el mundo

sepa que, sin importar la edad que tengan, los Hunter saben matar y pueden hacerlo
fácilmente.
En Skammdegí, la población es clasificada en tres: armas, amenazas, y objetos
desechables. Cuál eres depende de tí; de tu destreza, ambición, y habilidades de combate.
Todos los integrantes de la familia real deben ser armas. Para ello su horario está lleno de
intensos entrenamientos sin descanso, lecciones sobre las diversas maneras de matar, desde
las más rápidas y efectivas hasta las más atroces y brutales, y clases sobre los métodos de
tortura que más dolor induzcan.
Después de dejar el ruedo, Lexa se retiró al patio de entrenamiento, donde comenzó a
practicar con un saco de paja de mientras que su hermano llegaba. No mucho tiempo después,
extremadamente sudado y cojeando con una pierna lastimada, entró Maddox.
—Así que esta vez no fue el brazo, fue la pierna —le dijo Lexa a su hermano, con una sonrisa
burlona mientras golpeaba agresivamente el saco de paja—. Esperemos que la próxima vez
no sea la cabeza.
—Muy chistosa, pero, ¿por qué estás tan asustada? Es solamente un saco de paja —replicó
Maddox—. ¿Acaso será que la intocable Lexa está dándose cuenta de que se está volviendo
débil?
—No estoy asustada, y no me estoy volviendo débil. Estoy practicando —Con un golpe seco
destrozó el saco de paja y se detuvo a mirar la pierna de su hermano, la cual estaba envuelta
en una venda roja, empapada de sangre—. Es lo que deberías de estar haciendo si planeas
vencerme algún día…
Su conversación quedó interrumpida cuando por fin llegó Ossian, el maestro de dominación
de las armas. Emocionado y con un par de hachas en sus manos, les informó de una actividad
que planeó para dominar el uso de éstas.

Para dirigirse al lugar, Maddox preparó su caballo favorito, el cual usaba únicamente en
situaciones que terminaran en muerte. Y conociendo a Ossian, una “actividad” que involucre
salir del palacio, siempre termina en muerte.
Al llegar a Feigr, las cejas de Lexa y Maddox se elevaron hasta convertirse en curvas
altas, sus párpados se expandieron y su boca se abrió completamente, exhibiendo una cara
perversa y llena de asombro. Se encontraban en el paredón, el lugar donde se ejecutaba a los
criminales.
Antes de comenzar Ossian dio una demostración. El primer criminal era un hombre
que rogaba por su vida, justificando que únicamente había robado medicamentos para su hija,
quien estaba enferma. Lexa y Maddox empezaron a reírse y a remedar al hombre. Ossian
levantó el hacha y la dejó caer con todo su peso, rebanando su cabeza con tan solo un
movimiento.
—Divídanse a los criminales —les dirigió Ossian—. Y agarren sus hachas…
Maddox agarró su hacha e hizo una breve pausa decisiva.
—En lugar de dividirlos, vamos a ver quién puede decapitar más, en menos tiempo. Estoy
seguro de que esta vez ganaré yo en lugar de Lexa.
Ossian fingía contar el tiempo, mientras los dos hermanos realizaban la actividad
competitivamente. Cada uno levantaba su hacha con trabajo y la azotaba violentamente
contra los cuellos desnudos de sus víctimas. Al cabo de 20 minutos, el escenario estaba
salpicado de sangre, y mientras que Maddox estaba orgulloso de estar bañado en ella, Lexa
estaba notablemente aburrida.
—Esto es muy fácil —alegó ella, desesperada por un cambio—. ¿Ossian, podemos
desatarlos?
Una vez desatados los criminales, la verdadera lucha de poder comenzó. El último hombre,
parado frente a Maddox, se veía indefenso, con las manos detrás de su espalda, en señal de

rendimiento. Maddox estaba preparado para ganar. Levantó los brazos con el arma en alto.
Lo que él no sabía, era que el hombre tenía un as bajo la manga, una daga. La cual sacó
velozmente, apuntando a su garganta. En un impulso para salvarle la vida a su hermano, Lexa
empujó a Maddox, tirándolo al suelo. En un parpadeo esquivó la daga, se la arrebató y
apuñaló al hombre, ganando la competencia… otra vez.
Enfurecido, Maddox arrojó su hacha, que voló por el aire, casi rozando el cachete de
Lexa hasta clavarse en la pared detrás de ella. Desenfundó su espada y acuchilló a su amado
caballo hasta lograr que se desangrara por completo. Ante la mirada incrédula de Lexa y
Ossian, el antebrazo de Maddox empezó a desgarrarse, formando un símbolo, parecido a “la
marca de nacimiento” que siempre ha tenido Lexa. Parecía como si la sangre del caballo lo
hubiera tatuado.
—¡Mira! —exclamó Lexa—. Ahora tú también estás marcado.
—Nuestras marcas se parecen, pero la mía está al revés —dijo Maddox mientras se
estremecía de dolor.
Efectivamente, las marcas de los dos hermanos eran simétricas: un par de peces que, en el
brazo de Lexa, tenía la cabeza hacia adentro, mientras que en el de Maddox la tenía hacia
afuera. Parecía ser una especie de yin yang.
Al regresar al palacio, el frío les caló los huesos. El rey Tiberias los estaba esperando.
Inspeccionó sus brazos, de tal forma que Lexa y Maddox entendieron que el rey sabía lo de la
marca. Se trataba de una antigua leyenda, sobre unos peces que se encuentran solamente al
norte de Skammdegí, y pueden sobrevivir al invierno aún cuando los lagos están congelados.
La gente los llamaba “peces de fuego”. Al terminar la estación, los peces despertaban
hambrientos y, para reproducirse el más fuerte debía comerse al más débil. Era un gran
misterio cómo el pez ganador hacía para reproducir un nuevo linaje.

Los hermanos escucharon en boca de Tiberias esta leyenda, comprendiendo que la
marca de Maddox implicaba un paralelo incuestionable sobre su destino. Aparentemente
todos los duelos mensuales, habían sido una práctica para la batalla final: en la cual se
decidiría el próximo heredero al trono.
––¿Y por qué ahora? —preguntó Maddox.
––Porque demostraste que puedes dejar tus sentimientos de lado cuando se trata de ganar
—expuso Tiberias—. Ahora existe el duelo perfecto, la pelea entre el poder físico y el poder
emocional.
De pronto, Lexa sintió el acero frío de la punta de la espada de su hermano.
Comprendió que éste era el oponente más digno de su tiempo que jamás habría de encontrar.
Su mano sostenía con firmeza la espada de metal. Era como si formara parte de él y
debía aferrarse a ella. Lexa reconoció en su hermano la presión con la que ella tantas veces
antes había pretendido proteger su dignidad, orgullo, fuerza, y poder en el ruedo. Solamente
que esta vez, estaba temblando. Maddox la miró directamente a los ojos, hasta perforarle el
alma, haciéndole saber que no existía esperanza alguna de que cambiara de opinión. En ese
instante, Lexa dejó de reconocer a su hermano, sin embargo, no quería matarlo. Soltó la
espada y aceptó su destino. Mirando al cielo, con un último suspiro, se despidió, al fin
liberándose del mundo tan cruel, tan disfuncional, tan torcido del que había formado parte.
Maddox hundió la espada en su abdomen lentamente y terminó el trabajo. —Te vencí
—susurró— finalmente te vencí.

Glosario Vikingo:
Skammdegí = Los días oscuros. Una de las dos únicas estaciones vikingas. Se refiere al
invierno.
Feigr = Cercano a la muerte, condenado a muerte, destinado a morir.

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