Desayuno en tacones

Seudónimo: Churubuzco

En una gran ciudad, inundada de cultura, donde en cada rincón hay luces de colores que dan un toque mágico al follaje de edificios y calles llenas de taxis, se escuchan conversaciones en idiomas de orígenes desconocidos y vendedores ambulantes se acercan a todo el que se detenga. En la calle Maddison, caracterizada por su estilo lujoso y exclusivo, vive Tiffany, una mujer de carácter peculiar quien nunca permite que alguien la vea comer. Siempre porta una manicura con barniz de color rojo y no sale de su casa en zapatos que no sean de tacón, se diría que es la personificación de una Femme Fatale, el personaje de las películas cuyo objetivo es destruir al hombre a través de su femeninidád, sin embargo, ella gustaba cuidar y nutrir a su marido Robert, desde pequeña, de hecho.

Su afinidad por cuidar a sus queridos comenzó con su padre cuando enfermó, ella sólo tenía 11 años y tomó el rol de su cuidadora hasta su muerte repentina. Mamá no dio muchos detalles sobre cómo sucedió.

Cuando conoció a Robert en la escuela, siempre le llevaba comida para el recreo, lo acompañaba a clases y lo ayudaba en las materias que se le dificultaban. Llegó el momento de casar, ella supuso que ese hombre la iba a cuidar y amar sin importar la circunstancia. A pesar de ser un hombre privilegiado y exitoso, nunca ha dado las gracias por su taza de café en las mañanas, llega tarde a la cena y se va temprano al trabajo sin despedirse siquiera. Él nunca le pregunta a Tiffany cómo se siente, cómo le fue en el día o siquiera qué hizo, sólo se preocupa si la cena está hecha, y aún así, aunque Tiffany la mantiene caliente y servida cuando Robert llega, él encuentra algo de que quejarse: “Es demasiada, ¿cómo esperas que me acabe todo esto?”, “Es muy poca, ¿acaso me quieres matar de hambre?”, “Te he dicho que ya no quiero cenar esto”. No obstante Tiffany lo ama y mantiene la fachada de una mujer perfecta de la femeninidad ante la sociedad.

Un día como cualquiera, un martes, para ser exactos, Tiffany se levantó a las 6:00 am, una hora antes que Robert, se puso un vestido que acentuaba su silueta, se aplicó maquillaje finalizado por su labial rojo rubí y peinó su pelo con ondas perfectamente esculpidas. No faltan, como siempre, sus tacones favoritos, los primeros que le regaló su madre. Eran rojos, al igual que su labial y su manicura,  tenían un tacón tan delgado y filoso que uno se preguntaría cómo los puede usar por más de 10 minutos. Se dirigió a la cocina donde preparó una taza grande de café, sin azúcar y sin leche, sólo café, amargo y fuerte, una vez hecho subió a su habitación, eran las 7:00 am. Él, apenas despertando, fue recibido con su café y un beso en el cachete, Robert, apático como siempre solamente le contestó con un esbozo de sonrisa, rápidamente se vistió y como siempre se fue sin decir adiós.

Ella sabe que Robert no la merece, está bien enterada de que esta fachada, la de la esposa perfecta que pone todas las mañanas, la está matando por dentro. Robert la hizo así, él es quien la domesticó, antes de él, Tiffany disfrutaba de cuidar a las personas, pero él ha hecho que ella viva como una ayudante de casa. Le tiene que poner un alto a su abuso.

Tiffany se dirigió hacia el edificio donde trabaja Robert, un rascacielos en el centro de la ciudad, en el elevador en camino a su oficina, se repetía a ella misma una y otra vez lo que le iba a decir a Robert. Sólo planea confrontarlo pero el momento en el que se abren las puertas, quedó paralizada al ver a Robert sentado en su escritorio, ella nunca lo había confrontado, no se pudo armar de valor y cobardemente decidió regresar a su casa. Quedó perpleja, no sabía lo que acababa de hacer así que llamó a su madre y le comentó la situación. Su madre, Lilly, siempre sabe qué decir, es su consejera más confiable.

Todos dicen que Tiffany y Lilly son como gemelas, no es extraño. Lilly desde pequeña implementó un régimen de belleza muy estricto y al tener a su hija se lo pasó como una reliquia familiar. Lilly, durante su conversación, mencionó los tacones que le regaló a Tiffany, se los dio unas semanas después de la muerte de su padre: 一Esos tacones me ayudaron en uno de los peores momentos一, dijo con un tono de voz más serio de lo usual. Tiffany no le prestó mucha atención ya que vio una foto de su padre enmarcada en su buró, ella levanta la foto viéndola con nostalgia y le dijo a Lilly cuánto lo extrañaba.

El reloj marcaba las 3:00 pm, Tiffany se dirigía a la comida de cumpleaños de su amiga Sonia, quien se encontraba en un bar de rooftop con un grupo de mujeres a quienes Tiffany apenas había visto. Tomaron asiento al lado de una mujer alta, de  carácter dominante e intimidante pero que, a la vez, le invocaba un sentimiento de  seguridad. Su nombre es Índigo, lo dice la carta a un lado derecho de su plato. Tres horas y media después de su llegada, Tiffany e Índigo estuvieron juntas en todo momento, para ellas, segundos. Índigo inexplicablemente, como un hechizo, logró abrir la jaula donde Tiffany había estado aprisionada tanto tiempo. Nunca en su matrimonio con Robert se había sentido así; antes se había creído invisible pero por fin encontró a alguien que la hace sentir importante. Después de tanto tiempo, Tiffany finalmente se sintió visible dentro de una gran ciudad.

Otra mañana como cualquiera, un miércoles, para ser exactos, Tiffany se levanta a las 6:00 am, una hora antes que Robert. Tiffany se dirige a la cocina donde prepara una taza grande de café, sin azúcar y sin leche, sólo café, amargo y fuerte. Son las 6:40 am, Robert permanece dormido mientras Tiffany lo mira con resentimiento, ella sabe que Robert no la merece, le tiene que poner un alto a su abuso.

Tiffany se siente entumecida esta mañana, voltea abajo hacia sus pies adornados por sus tacones de aguja, se quita uno y se dirige hacia Robert, quien permanece dormido en su lado de la cama. Le tiene que poner un alto a su abuso. Le tiene que poner un alto a su abuso. Le tiene que poner un alto a su abuso. Tiffany calza su tacón y se apresura hacia el cuarto de  lavado. Bien le había enseñado su madre que las manchas de sangre no son nada fáciles de quitar si no se lavan de inmediato.

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