Frente al espejo

Estoy fea, estoy gorda, soy asquerosa, tengo que dejar de comer...

Estoy parada frnete al espejo, veo a alguien a quien ya no reconozco, a quien que ya no es como antes. Me veo al espejo y lloro.

Hola, soy Andrea, tengo una hermana con anorexia nerviosa, se llama Lily. siempre se está criticando y no se quiere a sí misma, tengo miedo por mi hermana, a mis papás les dijeron que si no se cuida, puede morir.

Hace un año que empezó a dejar de comer bien, mis papás se dieron cuenta. La llevaron a hacer estudios y la diagnosticaron con anorexia nerviosa. Visitamos una psicóloga y una nutrióloga. Lily, cada vez que come, es vigilada.

¿Cómo llegamos aquí? Cuando ella era pequeña, siempre le hicieron comentarios sobre el cuerpo, la comida. Escuchaba a las personas comentar sobre otros cuerpos; de hacer dietas; de ejercicios y ensaladas.

No faltaron los amigos y familiares que criticaban a Lily… ¿que estaba gorda? Así que, Lily lo guardó y lo dejó crecer. Cada vez que comía se sentía culpable, por lo que iba al baño, se metía el dedo a la boca para provocarse el vómito. A escondidas, con la ducha abierta para disimular los ruidos de su sufrimiento.

Todos los días se pesaba, quería ser perfecta, contaba sus calorías, sus pasos sus rutinas, ella era su peor enemiga.

Cada vez que comía iba anotando las calorías que llevaba, si algún día se pasaba de 800 calorías lloraba, se culpabilzaba, se mataba toda la noche haciendo ejercicio.

Le encantaba bailar y en esta actividad sus amigas fueron testigos de sus continuos desmayos, de su cara pálida, de su postura deslavada y la transparencia de sus huesos. Confesó a su amiga más cercana:
—Me he provocado el vómito, por un año continuo.

Su amiga, lamentablemente, compartía el mismo mundo.

Mi Lily, mi hermana… su salud empeoró, la llevaron de urgencia al hospital porque se puso grave. Se desmayó en su clase de baile y se pegó en la cabeza.

Cuando despertó en el hospital su mamá le dijo que no quería decirle sus últimas palabras. Un infierno más comenzó para ella: le tuvieron que meter suero por las venas, se le hincharon todos los brazos, se le pusieron todos morados porque todos los días la torturaban agujas para poder alimentarla.

Pudo salir adelante, le costó mucho trabajo. Sin ella, nuestra madre hubiese muerto…pero de puro dolor.

Para poder pagar todo los gastos del hospital, de la terapia, la nutrióloga y los estudios, nuestros padres tuvieron que vender la casa y el coche. Lo cual era nada, a lado del valor de salvar la vida de Lily, quien poco a poco se fue recuperando.

Su amiga, quien vivió el mismo infierno, no pudo contar la misma historia. Falleció.

Hoy en dia Lily es nutrióloga, especializada en desórdenes alimenticios. Con la intención  de poder ayudar a las personas que tienen casos como el que tuvo ella. La manera más efectiva es curar es desde dentro, valorar que la vida y las de todos es muy importante. Que los cuerpos no nos definen y que no debe importar lo que otro piensen. Ahora Lily también da conferencias sobre porqué y cómo le hizo para salir adelante, así sobre cómo prevenir un transtorno alimenticio

Lily, en una de sus conferencias, recordó a su amiga en un discurso conmovedor

Querida Carla, te quiero mucho, fuiste muy importante en mi vida, me pongo triste porque no pudiste salir adelante. Sin embargo, gracias por lo que me enseñaste, por las aventuras, experiencias, chismes, risas, por todos los momentos que tuve contigo, felices y tristes. Por haberme ayudado en todos mis momentos, te extraño y me hubiera gustado, ahorita, en este momento, estar contigo dando esta conferencia. Me hubiera gustado que pudieras venir a mi boda, verme con mi vestido de novia, conocer a mis hijos y me hubiera gustado que tus hijos y mis hijos fueran amigos. Me hubiera encantado haber pasado más experiencias importantes juntas, fuiste y siempre seras una de las personas más increíbles e importantes en mi vida. No te puedo agradecer de ninguna forma, porque no hay manera de agradecerte por todo, es demasiado. Espero desde el cielo me estés escuchando.

Ella continuó…

Mamá, papá, les quiero agradecer por todo lo que hicieron por mí. Por haberme salvado la vida incluso aunque no tuvieran dinero, les agradezco por haber dado todo por mi tratamiento. Les agradezco que me dieran la vida, me mostraron el camino indicado para vivirla y mirar hacia adelante, siempre juntos.

Fue impactante lo que le siguio…

A la anorexia, bulimia y a la vida:

Les quiero decir que de verdad no la pasé nada bien, tenía miedo, tenía ansiedad, no podía dejar de llorar, no podía dormir, hay veces no iba con mis amigos para compensar las calorías extras que, según yo en ese momento, comía de más. Sintiéndome incómoda, insultándome y lo más triste es que veía a la comida como mi enemiga, y no encontraba un sentido para vivir. Ya no quería vivir ya no encontraba razones por las cuales vivir, pero gracias a las personas increibles que me rodearon, pude combatirles. Las derroté, anorexia y bulimia.

Finalmente se dirigió al presente…

A mis pacientes y a mis hermosas niñas:

Les quiero decir que valoren su vida, que tienen una vida por delante increíble, que piensen en sus papás, en sus amigos, en lo que más les gusta hacer. Todo eso, lo están perdiendo por querer tener un cuerpo perfecto y en realidad no hay un cuerpo perfecto. Todos los cuerpos son perfectos, quiéranse y ámense a ustedes mismas, ustedes son su propio templo.

Lily destinaba parte de sus ganancias en donativos a programas para personas con desórdenes alimenticios, para poder salvar vidas.

Bueno, de verdad estoy agradecida que mi hermana pudo salir adelante, ella fue todo para mí, mi compañera, mi mejor amiga, mi persona de confianza, mi ayudante. Mi ejemplo a seguir…. Y lo que imagino al verme, mientras lloro, frente al espejo.

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