El cuerpo es el límite

Seudónimo: Kartus

Durante mis 30 años de entrenador, siempre me encontré a ese típico niño que nunca acertaba a meter gol,aunque tuviera la cancha sólo para él. Alex era uno de esos niños testarudos que solo entraban al equipo para sentarse en el banquillo hasta que uno de sus compañeros debía ser relevado porque no podía jugar, aunque eso significaba arriesgarse a perder el juego. Pero eso sí, en una cosa sí era diferente Alex a los demás niños; él tenía una motivación para jugar. Siempre llegaba a los partidos con su padre y lo que más quería era  enorgullecerlo, por eso lo daba todo para poder jugar. Cada partido era necesario discutir con Alex para que entendiera que era mejor que se quedara en el banquillo  y dejara jugar a los que realmente sabían. Él se entristecía mucho, ya que su padre siempre iba especialmente para verlo jugar y se sentaba con sus lentes de sol en las gradas; sin embargo,  muy pocas veces Alex tenía la oportunidad de hacerlo.

            Una de esas incontables veces que Alex, me pidió jugar, hizo que toda mi perspectiva cambiara sobre él y sobre… la vida. 

Ese día íbamos a competir contra  el equipo más fuerte de la temporada, había preparado al equipo lo mejor que había podido ya que ganarles  era asegurarse el pase directo a la final. Un día antes del partido, me acerque a Alex y le dije en un tono cariñoso:

-Mañana es un día muy importante para el equipo; si ganamos, nos aseguramos un pase directo a los grandes juegos. Así que desde ahorita te pido, no me insistas en jugar mañana, porque no te voy a dejar pasar. Es mejor que ni te presentes.

Al día siguiente, el gran día, las cosas no iban saliendo como esperaba; el equipo iba perdiendo y, en efecto, Alex no se había presentado. No nos quedaba ninguna esperanza para gana, tenía que pasar un milagro.  En eso Alex se presentó al juego y, a pesar de lo que yo le había dicho,  me insistió como siempre en que lo dejara salir. Teniendo en cuenta cómo iba el partido, ya no tenía nada que perder, así que le dije que sí.

Para mi sorpresa y para la de todos, Alex hizo lo imposible y nos hizo ganar el juego; jugó como nunca antes en su vida. Estaba muy orgulloso de él y pensé que alguien lo iba a estar aún más. Me volteé hacia la grada para buscar al padre de Alex; sin embargo, no lo vi por ningún lado. Me sorprendió mucho, ya que nunca se perdía ningún juego y ¿justo hoy no iba a llegar para disfrutar del triunfo de su hijo?Me intrigaba su ausencia, así que, sin más, me acerque a Alex y le pregunté:

-Siempre vienes con tu padre y hoy que no viene, juegas como nunca, ¿qué pasó?

-Entrenador, le explico; todo este tiempo que mi padre se sentaba en las gradas para apoyarme y hacerme compañía, en realidad no podía verme jugar, porque era ciego. Hoy no llegué tarde por lo que usted me dijo ayer; yo iba a venir igual, pero mi padre falleció. Ni siquiera iba a venir, pero  me di cuenta de que mi padre, por fin iba a poder verme jugar desde el cielo. Por eso esta vez jugué con lo mejor de mí;  estoy seguro de que ahora por fin mi padre puede verme, ya que el cuerpo sólo es un límite… 

Me quedé sorprendido por la capacidad de este niño para entender tales conceptos de la vida. Así es como yo aprendí que el cuerpo es sólo un límite, es sólo algo material que después desaparece y queda sólo un alma, la cual no tiene límites y lo puede todo.

Hoy en día nos preocupamos tanto por lo físico, por lo material, por cómo nos vemos, por la apariencia damos al mundo que olvidamos que somos más que un cuerpo limitado. Tenemos una esencia dentro de nosotros y es eso lo que verdaderamente nos construye como personas.

El papá de Alex que era ciego y nunca pudo ver jugar a su hijo, pero ahora que ya no está atado a ese cuerpo limitado, lo puede hacer, desde allá arriba, porque su esencia perdura para siempre.

Veamos a las personas y recordemos que hay más allá que sólo un cuerpo. Somos también un alma.

FIN

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *