La fruta no cae lejos del árbol

Pseudónimo: Eneri

Al año que muere mi madre, mi papá me da la sorpresa que tengo unos hermanitos. Son hijos de él y de su secretaria.  Me dice en ese momento que no espera que yo los conozca ni que me lleve con ellos, pero yo le pido que me lleve a conocerlos.

Como si fuera ayer me lo recuerdo parándose de la mesa en el Shirley’s Court dirigiéndose al teléfono público color negro pegado en la pared, echando la moneda de 20 centavos de cobre, y haciendo una breve llamada. Terminamos de desayunar nuestros hot cakes con huevos estrellados, tocino muy dorado y bañados de miel maple. Nos fuimos hacia el club de golf La Hacienda. En una casa estilo mexicano conocí a los hermanitos. Eran muy pequeños: él no tenía ni 3 años y ella estaba por cumplir el año.

Pasaron los años y no nos vimos por mucho mucho tiempo. Desafortunadamente mi padre ya viviendo en Estados Unidos se enferma de cáncer en febrero, y de ese momento hasta septiembre, cuando fallece, mis otras dos hermanas y yo nos turnamos para ir cada semana  a verlo a San Diego. Durante esos viajes relámpagos empecé a conocer a uno de mis dos hermanos.  Era un chamaco joven de apenas 18 años y desafortunadamente fue muy poco el tiempo que pudimos convivir.

Después de la muerte de mi padre, mi hermano se va a Italia a vivir con su novia. La familia de ella lo acoge y él se siente muy cómodo, le dan trabajo, le dan casa, vive muy feliz hasta que sucede otra pérdida importante en la familia.

La hermana, con la cual yo casi no tuve contacto, decidió quitarse la vida al igual que nuestra abuela en común; fui a ver a mi hermano y a estar con él. No llegué al entierro, pero en ese viaje hubo un acercamiento muy importante entre él y yo.

A través de los años mantuvimos el contacto vía cartas y llamadas. Cuando él venía a México nos veíamos y yo cuando estaba en Europa trataba de ir a Milán a verlo. Pasamos varias vacaciones juntos tanto en Acapulco como en Italia y ahí nos logramos conocer un poco más.

Yo me di cuenta  que  tenemos mucho en común, en cuanto a gustos de comida, de vestimenta, la temperatura del cuarto; nos gusta ver la tele en la noche  y no nos gusta pararnos temprano en la mañana, no nos gusta el ejercicio, y muchas cosas más. Es muy curioso que crecimos completamente en otra época, con diferentes mamás y hermanas, en otro país, y bajo muy diferentes circunstancias… Pero la fruta no cae muy lejos del árbol.