Calle Jacaranda

Seudónimo: DS

Era un jueves cualquiera cuando me desperté por la mañana, hice mi rutina habitual y me fui a la

escuela. Iba en 2do de prepa, tenía algunos amigos y me gustaba leer en las tardes. Se podría

decir que tenía una vida “normal”, pero no sabía que ese día iba a cambiar todo.

Esa tarde cuando regresé a mi casa mis papás no estaban, yo estaba muy asustada, así que

llamé a mi mejor amiga:

-Olivia no están mis papás- le dije. Pero ella no sabía qué hacer tampoco. Pensé que tal vez se les

había hecho tarde en su trabajo, así que solo me senté a esperarlos. Dieron las 7:00 p.m. y

todavía no habían llegado, así que decidí llamar a la policía, pero me dijeron que no podían hacer

nada. Después de pensarlo mucho, decidí que yo misma iba a ir a buscarlos. Así que me alisté y

como a las 8:30 salí de casa. Estaba decidida a no regresar a mi hogar sin ellos.

Después de estar una hora caminando por las calles llegué a un lugar que nunca había visto,

era la calle Jacaranda. Se me hizo raro porque, aunque yo no sea la persona más exploradora del

mundo, conocía mi ciudad, y las calles en ella. Caminé un largo rato por esa calle, y todo el

tiempo que estuve allí no vi a ningún ser vivo; ninguna tienda o casa, lo único que había era

jacarandas. Todas eran y estaban completamente iguales. Entonces no sabía si yo estaba llegando

a algún lado o solo caminando en círculos.

Después de estar por diez minutos caminando sin salir de la calle Jacaranda, me empecé a

poner nerviosa. Era como estar en una calle sin salida, así que decidí dar media vuelta y regresar

a mi casa. Llegaron las 3:00 a.m. y todavía no había logrado salir de esa calle. Estaba muy

cansada y me dolían los pies, así que me acosté debajo de una de las jacarandas y me quedé

dormida.

A la mañana siguiente me desperté sintiéndome diferente, era como si algo dentro de mí

hubiera cambiado. Volteé a ver a mi alrededor y ya no había ninguna jacaranda, eran solo

personas, paradas, sin moverse ni hacer nada. No entendía qué había pasado, y cómo llegué ahí,

hasta que me di cuenta de que al lado mío estaban mis papás.

– ¡Mamá¡… ¡Papá!- dije emocionada. Supuse que ellos me habían encontrado en la noche, pero

no entendía por qué me habían llevado ahí, así que les pregunte: -¿Dónde estaban? ¿Qué es este

lugar? – Ellos se sorprendieron mucho cuando les hablé. Era como si no supieran que yo estaba

allí.

– ¡Caro! – dijo mi papá. – ¿Qué te pasó? … ¿Cómo llegaste aquí? – pronunció él. Justo antes de

que mi mamá empezara a llorar. Yo no entendía qué les ocurría, los había encontrado, y eso era

bueno.

– ¿Dónde estamos? – les pregunté. Mis papás se voltearon a ver por unos segundos, hasta que mi

mamá pronunció unas palabras. -En la calle jacaranda. Pero esta calle no es lo mismo ahora que

lo que era ayer para ti-.

Todo era muy confuso, no entendía lo que quería decir con eso. -Cuando te dormiste el olor

de las jacarandas se metió en tu cuerpo, y ahora, por más difícil que sea de creer, todos nosotros,

somos jacarandas-. No sabía qué contestar, todo era muy complicado y difícil de creer, así que

no dije nada.

Después de estar un tiempo procesando en mi mente todo lo que me habían dicho mis papás,

pensé que tal vez no era tan raro lo que estaba pasando, porque por algo no había ninguna casa,

ni persona en esa calle, y a fin de cuentas nadie nunca había comprobado que no existía la magia,

o algo parecido. No creía que lo que me acababa de pasar a mí fuera magia, pero no puede ser

algo muy diferente.

Después de estar un par de semanas siendo una jacaranda empecé a disfrutarlo. Ya sé que

muchos deben estar pensando que estoy loca, y que cómo me podía gustar ser un árbol, pero no

está tan mal como suena, y como no tenía muchas opciones elegí verle el lado bueno y disfrutar

lo que estaba pasándome. Me la pasaba todo el día respirando, pero no como lo hacía siendo una

persona; era diferente, más profundo, y más real. Tenía mucho más tiempo, bueno la verdad es

que todo el tiempo del mundo para pensar en mí y despreocuparme de todo. Mi única

responsabilidad en ese momento era estar ahí, parada, respirando. También me gustaba observar

a la gente que pasaba por la calle, me daba mucha melancolía recordar mi vida pasada, extrañaba

mucho a mis amigos. Y aunque a veces me llegaba a aburrir un poco, me gustaba el tipo de vida

que tenía ahora.

Al cabo de unos años empecé a envejecer, el tiempo también pasa diferente si eres árbol, me

seguía gustando mi vida tranquila. Pero cada vez que una persona aparecía en la calle jacaranda

me daba mucha nostalgia, me gustaba recordar cómo era mi vida cuando era humana. Y algunas

veces en las noches me ponía a pensar qué hubiera pasado si ese día, mucho tiempo atrás el

destino me hubiera llevado a terminar en otra parte: ¿Qué hubiera sido de mi vida?, ¿Sería más

feliz, acaso? Bueno, son ese tipo de preguntas que se quedan en tu mente, ahí pertenecen, porque

no tienen respuesta.

Fin