Cayendo profundo

Seudónimo: Locomotora

No era una selva cualquiera, era frondosa, enorme y espantosa. Se sabía entre la gente que el que entraba no regresaba. Estaba llena de criaturas peligrosas y temerosas. Jim suspiró cansado, acababa de pelear contra un tigre, un par de cocodrilos y, por si fuera poco, también contra siete serpientes. Estaba herido y pensaba en lo que pasaría con su carrera de explorador. Había estudiado mucho para ese tipo de aventuras, por eso aún seguía vivo. Pensaba en sus hijos, un ingeniero y un biólogo. También en sus descubrimientos y en todas las peleas que había tenido.

De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos. Se escucharon risas, risas de hienas. Y no eran solo dos hienas, era toda una manada de cerca de 35. Jim empezó a correr, no se había dado cuenta de que tenía un cadáver cerca de él. Las hienas querían comer y se sintieron amenazadas. Jim se salvó de ser devorado, pero cuatro hienas lo persiguieron. Jim se escondió rápidamente en un arbusto, cuatro tiros y todo habría acabado.

De pronto se dio cuenta de que se le acaban las balas. Quería llamar a su equipo, pero su celular se perdió mientras corría. Se puso histérico. Su único mapa no lo ayudaría en nada. Pensaba en todas las formas posibles de escapar de la selva. Las heridas no lo dejaban pensar y, por si fuera poco, una serpiente se le acercó. Una serpiente anormal, medía cinco metros y medio. Era una cobra escupidora de un tamaño que nadie había visto. Otro tornado de pensamientos pasó por su mente. Tenía que enseñarle esa serpiente a su equipo, pero ¿cómo la cazaría? ¿Y si lo mordía? ¿Y su cámara fotográfica? La había olvidado. De todas formas ¿quién le creería? ¿Qué iba a hacer? ¿Correr? ¿Escapar? Se limpió la frente y cortó una rama. La deshojó, la afiló con una piedra. Estaba listo. La serpiente se le acercaba cada vez más rápido. Jim cogió más ramas, se las empezó a lanzar a la serpiente, pero ninguna acertó. Cogió una piedra. La lanzó y acertó. La serpiente quedó atrapada, pero solo por unos momentos. Jim atacó, pero la serpiente también le escupió veneno, un poderoso veneno. La serpiente logró escapar de la piedra y casi mordió a Jim. Siguió la pelea. Jim acabó matándola con la rama inicial. Ya tenía la serpiente, ¡gran descubrimiento! Ahora tenía que regresar. Jim decidió buscar su celular. Corrió al mismo lugar de donde escapó de las hienas. No se dio cuenta y de pronto cayó en un profundo hoyo. La caída duró cerca de tres minutos; durante ese tiempo, recordó a Alicia en el país de las maravillas. También se preguntó a dónde llegaría.

Jim cayó de la cama,

-¡Oh, vaya sueño que he tenido!