Dejando un legado

Seudónimo: Basu

Prólogo:

Año 1939, año en el que la Segunda Guerra Mundial sucumbió al mundo, donde el terror y desgracia descansaban por cada rincón de Europa. La falta de alimentos, agua y medicamentos dentro de los campos de concentración hicieron de esta una fatídica calidad de vida. El plan del régimen Nazi estaba por comenzar, no sólo por tierra, sino también por los mares, dando así comienzo a la Segunda Guerra Mundial.

 

Un plan masivo, un barco de alta tecnologia y cientos de personas trabajando en los mares del Atlántico para el régimen Nazi. ¿Qué se estaba por descubrir?

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21 de agosto de 1939

—Capitán Langsdorff, ¿Estamos listos para zarpar? —. La máquina de enigma radio telegráfica resonaba por los altavoces de la camarada. El Admiral Graf Spee estaba por levantar anclas desde la costa alemana del norte, donde funcionaba una de las bases más importantes del tercer Reich, el cual se anticipaba así al bloqueo que provocaría el inicio de la guerra, haciendo sobrepasar las barreras enemigas y surcando los mares hacia el norte, donde se encaminaban a las posiciones secretamente comunicadas. La misión era clara, la cual se basaba en interceptar la línea de abastecimientos de la Gran Bretaña, que era la fuente de importación desde América para Europa. Debían actuar en las penumbras debido a la estrategia naval que habían desarrollado, por lo cual se traducía en hundir barcos mercantes. El Admiral Graf Spee operaría en el marco de las misiones especiales de las fuerzas expedicionarias alemanas.

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Isla Martin Garcia, Argentina, 1939.

—Señor Aharon, ¿No tendrá un kilo de harina? — preguntó la señora Olga, vecina de Aharon desde su balcón.

—Me temo que no, traer cosas desde Buenos Aires está costando una fortuna—. expresó Aharon— Dentro de poco emprenderé viaje para abastecer el almacén.

 

Aharon Suaya, un judío observante emigrante de Siria, era el dueño del único almacén de ramos generales de la isla Martín Garcia, ubicada en el Rio de la Plata entre la frontera de Uruguay y Argentina. En el año 1930, Aharon decidió mudarse a la isla desde Buenos Aires por una oportunidad de negocio, el cual era próspero y abundante siendo la única tienda de abarrotes en la Isla. De esta manera, Aharon, su esposa Sofía y sus tres hijas, Lili, Rosita y Margarita, podían disfrutar de una buena calidad de vida con beneficios maravillosos como ser las únicas personas en la Isla que poseía un automóvil marca Essex modelo 1927.

A pesar de la distancia con su familia de Buenos Aires, eran muy queridos entre el pueblo y podía llegar a ser algo raro que gente nueva aparezca entre el pueblo.  Eran una hermosa pequeña comunidad de amigos y vecinos y también, el trabajo en la Isla era muy agitado y constante, ya que proveía de la mayor fuente de adoquines de Buenos Aires (material que se usaba en tiempos antigüos para crear la superficie de pisos o calles).

 

Un cualquier domingo, Aharon vio observar que un grupo considerable de personas se asentaba entre las paredes del pueblo, entraban y salían del almacén con frecuencia. Aharon se preguntaba quienes serían, ya que no se parecían a lo que estaba acostumbrado a ver. Eran tipos altos y fornidos, para agregar que no sabían hablar el español. Aharon sabía que eran extranjeros, pero su país de nacimiento, pronto lo descubriría.

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26 de septiembre 1939

La misión estaba siendo cumplida con total éxito, el capitán Langsdorff había dado la orden de corregir el rumbo hacia el Atlántico Sur, bajo la imperceptible línea del Ecuador de donde el acorazado alemán jamás regresaría.

 

A partir de esos meses, la nave alemana hundió a más de doce barcos mercantes británicos que estaban en las costas brasileñas y también africanas.

La idea de Langsdorff era confundir al enemigo para que piensen que se trataba de cualquier otro barco, es decir cambiaba de banderas y pintaba la embarcación con los colores de la flota enemiga al exponer carteles con el nombre de otras naves. El capitán sabía que si se descubria la identidad del barco, la suerte de la nave y sus hombres, estaría echada.

La zona más protegida por los británicos era la desembocadura del Río de La Plata donde se producía 40% de los alimentos que consumían en el Reino Unido.

El capitán britanico Henry Hardwood era el encargado de vigilar los mares atlánticos en busca del Graf Spee.

Nadie sospechaba que en el océano Atlántico navegaba una embarcación fantasma, hasta que los aliados advirtieron que ningún barco mercante llegaba a puerto.

El 6 de diciembre, el Graf Spee se reunió con su nave nodriza alemana para hacer la rutinaria carga y descarga de combustible y prisioneros, por la noche un barco no identificado cruzó silenciosamente su camino, pocos días más tarde en el Río de La Plata los vigías del Graf Spee divisaron dos antenas en el horizonte e inmediatamente la tripulación se preparó para una rutina de abordaje, vieron que se trataba de un buque comercial con bandera inglesa, El bombardeo para hundir el barco estaba por comenzar. Cuando el Spee se acercó a la embarcación, Langsdorff comprendió que se trataba de una trampa, lo que habían divisado en el horizonte no era un buque comercial, sino tres buques de guerra de la fuerza británica.

Cuando los británicos encontraron varias balsas entre barcos hundidos en los mares atlánticos, encontraron la  magna manera de comunicación de los alemanes, una máquina llamada Enigma que enviaba mensajes radio telegráficos, con esto en su poder, los ingleses radiaron al capitán Langsdorff información falsa, diciendo que poseían combustible y que se iban a encontrar en un punto determinado del océano.

 

El 13 de diciembre del 1939 los hombres de Langsdorff divisaron dos mástiles de un barco pero creyeron que simplemente era un barco mercante ya que no se podía observar bien debido al clima, a las seis de la tarde, tres naves de guerra por parte de los británicos, habían acorralado a Graf Spee el cual había perdido la única ventaja que poseían, que era mantener distancia y sigilo con el enemigo.

La guerra naval en el Río De la Plata había comenzado, los bombardeos mutuos entre el Graf Spee y las tres naves británicas, dieron resultado a que ambas embarcaciones se dañen.

 

Pero el Graf Spee no estaba dispuesto a rendirse. Al ser más pesado y por lo tanto más lento, se vio obligado a explotar bombas de humo para que la niebla ayude a que sea más difícil de divisar. Tan pronto como el Graf Spee arribó en el Puerto más cercano —el cual era Montevideo en Uruguay— trataron de hacer los reparos de la nave, pero Uruguay al ser un país neutral, le dio a la tripulación setenta y dos horas para que abandonen el país.

 

El capitán al verse atrapado en esta situación, decidió hundir el barco para no marcar la rendición, en el estuario del Río De La Plata frente una muchedumbre que veía el fatal desenlace desde el puerto.

 

Finalmente, los tripulantes nazis desembarcaron para quedarse a vivir en Uruguay, Buenos Aires y unos cuantos cayeron en la Isla Martín Garcia.

 

Los nazis habían llegado a la isla.

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Los nuevos extranjeros se comportaban amables y generosos ante los ojos del señor Aharon, pero él sabía que algo no cuadraba con ellos. Simplemente no podía confiar en ellos.

Su habla alemana los delataba y supo entonces que eran nazis.

Al tener Aharon tres hijas adolescentes, los alemanes las vieron hermosas y brillantes y desearon cortejarlas.

 

Al pedirle la mano de sus hijas a Aharon, supo que tenía que abandonar la isla, a pesar del único  coche, educación y dinero que podían disfrutar,  porque dejar un legado de entrega y pertenencia a un pueblo milenario era mucho más importante.

Fin.

Nota de la autora:

Esta es una historia verídica, inspirada y basada en lo hechos que ocurrieron durante el año 1939 en los mares del Atlántico Sur por inicios de la Segunda Guerra, la cual está dedicada a mi bisabuela Rosita hija de Sofia Suaya, quien falleció el 30 de marzo del 2022 con 99 años de vida. Que su memoria sea recordada para bendición porque ha dejado un hermoso legado a todos sus hijos, nietos, bisnietos y las generaciones por venir.