Digestión

Seudónimo: Harold Loyd

Es el año 2098; se escucha de muchas extrañas desapariciones que nadie entiende, el mundo se ha vuelto un lugar de desconfianza. El gobierno dice que si no se cumplen las reglas nos pasará lo mismo que a los desaparecidos y todos los testigos dicen que las personas que no vuelven a casa han roto una ley.

Las familias han crecido y se han vuelto enormes y ya nadie confía en nadie: los hijos se alejan de sus hermanos y sus padres; casarse se ha vuelto muy complicado. Es la era de la confusión y el caos. Y hay hambre, mucha hambre. Y hay pocos recursos, muy pocos.

La familia más grande es la familia Brown, ellos confían unos en los otros y siguen la ley a la perfección, ya que no les cuesta nada hacerlo; excepto a Astrid, ella es una niña muy traviesa pero inteligente, le fastidia la ley y a veces la rompe; sus padres hacen todo lo que pueden para ayudarla y para que no haga nada malo, pues no la quieren perder. ¿Cuál ley? La ley de la ración: una cantidad determinada de alimento al día que entrega el gobierno. ¿Dulces? Uno al mes, de acuerdo a la ley.

Hace no mucho, Astrid cumplió 15 años y se ha vuelto una persona responsable, a pesar de que sus padres no vivieron más. Desaparecieron. La ausencia la tiene destrozada y muy enojada, no supo qué hacer para quitarse ese sentimiento, pero su hermana mayor, Sara, la ayudó a mejorar y reparar esas heridas.

Le dijo:

–Astrid no te pasa nada, está bien estar triste, suéltalo todo; pero, principalmente, debes recordar que ellos, nuestros padres, siempre estarán contigo, al igual que yo. Ellos están dentro de ti, dentro de mí, dentro de nosotras.

En la escuela, Astrid aparentaba ser una chica amargada y deprimida, todos intentaban alegrarla, pero nadie lo lograba. Ella un día estuvo muy enojada porque un compañero le dijo:

–Tus padres eran unos criminales que no cumplían la ley, por eso los desaparecieron.

Ese comentario la afectó; ella estaba tan enojada que agarró un palo de metal, lo levantó y lo dejó caer en la cabeza del chico… pero ella no quería matarlo, tan solo darle un buen golpe para poder enseñarle que no se deben de meter con ella.

Astrid rompió la ley de no agresión y fue llevada ante el gobierno. Ahí le pusieron el castigo que todos los desaparecidos habían sufrido. Astrid quiso explicar por qué lo hizo, pero no la escuchaban.

Su hermana Sara la siguió a escondidas para ver lo que le sucedía; ella comenzó a llorar al escuchar que su hermana sería castigada.

Astrid vio a lo lejos y notó a Sara, al verla ya sabía que su hermana la seguía y aunque estaba preocupada por el castigo, se calmaba al saber que Sara siempre dijo la verdad y siempre estaría para ella.

Cuando las hermanas se dieron cuenta de lo que era el castigo se quedaron heladas del miedo, no podían creerlo; Sara intentó ponerse en el lugar de su hermana, pero no logró nada. Astrid no estaba tan asustada porque sabía que estaría bien, tanto encerrada como libre, tanto viva como muerta, no importaba mientras su hermana estuviera bien.

Sara se fue llorando del lado de su hermana, se sentía decepcionada de sí misma porque no pudo cumplir con la promesa de que siempre estaría al lado de su hermana. Sara decidió decirle a su familia lo que realmente sucedió y luego a sus vecinos y así hasta llegar a toda la ciudad, pero la gente no le creyó: pensaron que estaba loca y la llevaron con el gobierno, y el gobierno la puso en un manicomio por cinco años y después la mataron, para que no revele el secreto y todo siga según su plan.

Mientras tanto en la procesadora de alimentos, el lugar donde Astrid fue llevada a cumplir con su castigo, siguen llegando cuerpos y condenados para sostener la economía y la alimentación del mundo. Tal vez Astrid llegue a estar con Sara a través de algún buen bocado en una de las raciones gubernamentales.

Ahora me cuestiono si es que Astrid y Sara llegaron a disfrutar a sus padres después de su desaparición o estaban muy tristes para probarlos. Hay cosas que nadie puede cambiar; Sara, sin saberlo, le dijo una verdad inmutable a su hermana: los padres siempre estarían dentro de ambas. Cada que Sara recordaba esa verdad, vomitaba sus alimentos en su celda del manicomio.