Dulce batalla

Seudónimo: Dulce

Agua, agua fue de mis primeras palabras. Los labios secos, visión borrosa, cansancio extremo, taquicardia. Trato de gatear, caminar no puedo. Hoy le llamo “batería baja”. Al año y cuatro meses llegué al hospital con setecientos dieciseis de glucosa en la sangre. Fui diagnosticado con diabetes tipo 1. Ahora entiendo una de mis primeras palabras: agua.

El agua fue mi salvación cuando la glucosa invadió mi torrente sanguíneo. Mi monitoreo dura 24 horas, los 365 dias del año; sin vacaciones ni descansos. Al comer checo mi nivel, calculo los carbohidratos y me inyecto insulina con mi micro infusora.

La tecnología es mi mejor compañera, estoy muy agradecido por tenerla.

Ahora me checo con sensores, así puedo ver los niveles en mi reloj, pero no siempre fue así. De bebé recibí catorce o más pinchazos en un solo día, esa fue mi única manera de checar mi glucosa. Tengo que estar muy al pendiente cuando hago deportes para que no baje el nivel de azúcar.

Estoy en un partido de fútbol. Me mareo, siento cansancio, confusión, una vibración en mi muñeca, es tiempo de salir de la cancha. El marcador 1-1. Solo quedan 15 minutos para que termine el partido. Es la final de la copa, el peor momento para tener bateria baja.

Decido vivir y salgo de la cancha. Tomo jugo, saboreo la galleta y veo al que me reemplazó. Quiero entrar.

Desde la banca quiero entrar a la cancha, pero sé que ahora no puedo. Sigue corriendo el tiempo, empiezo a sentirme mejor; menos mareado y con más fuerza. Le pido al entrenador que me meta a la cancha, quedan cinco minutos para que termine el partido, 4:59, 4:58, 4:57…

El equipo contrario va a atacar, meten el contragolpe y están solo el jugador y el portero, uno contra uno yo me siento mejor checo mi reloj y ya estoy completa mente listo.

Le hago la seña al entrenador y entiende; él, a su vez, le avisa a mi suplente que es tiempo de salir de la cancha. Salgo rápido me barro y le quitó el balón al contrario. Se siente como una gran victoria. Etonces se la paso a un compañero y se va por la banda, centra el balon, cabeceo ¡y meto gol! Termina el partido, ganamos. Levanto la copa con gran emoción.

La diabetes me ha ayudado a ser más responsable, atento e inteligente.

Soy karateca cinta negra primer dan, ando en patineta, en bici de montaña, soy futbolista delantero de izquierda, deportista y soñador incansable. Mi condición de vida no me frena, tampoco me impide lograr todas mis metas.

Puede ser difícil tener diabetes, cansado, agotador, pero he aprendido a mirar la vida con alegría. Ahora sé que no es lo que te pasa, es lo que hacer con lo que te pasa.

Entendí que cada persona carga con una mochila en su espalda. Yo cargo mi diabetes e igual puedo hacer todo lo que me proponga en la vida, solo tengo que luchar día a día mi dulce batalla.