El guardabosques

Seudónimo: Edgar Phillips

La vida en el bosque es muy tranquila. La gente que vive ahí se encuentra cuasi aislada de la sociedad. No les interesa tener el coche más nuevo, vestir a la moda, tener el celular más reciente o subir fotos a redes sociales. En el bosque no se busca mantener un estatus social, como en la ciudad. Al guardabosques Bob, una especie de anacoreta que vive en lo más recóndito de aquella espesura, lo único que le preocupa es cuidar y alimentar a su esposa e hija, y que el bosque esté seguro de algún incendio o talamontes que quieran dañar el hábitat.

La cotidianidad de Bob comienza muy temprano, poco antes de que despunte el alba. Desayuna con su familia, sale a correr por el bosque, ya que se tiene que mantener en forma para hacer sus labores del hogar: cazar, talar árboles, ir los miércoles al mercado por comida, y más. No todo en el bosque ocurre siempre con normalidad. De vez en cuando sucede alguna emergencia médica y el hospital más cercano se encuentra a no menos de dos horas de camino. Cosa que preocupa demasiado a Bob, ya que su hija, Diana, sufre de esquizofrenia. O por lo menos eso es lo que creen sus padres, ya que nunca la han diagnosticado propiamente. Diana juega todos los días con su compañero de aventuras: un imaginario oso gris que, ella dice, es su amigo. Cuando Diana tenía apenas cuatro años, sus padres pensaban que el oso era producto de su imaginación y que era una etapa normal en una niña pequeña, que con la edad pasaría. Pero ya no consideran que sea normal. Diana acaba de cumplir 14 años y sigue pensando que ese oso existe y que es su amigo. Por las mañanas lo invita a la casa a jugar con sus muñecos; por las tardes juegan fútbol en el bosque y siempre, antes de dormir, Diana grita por la ventana:

一¡Buenas noches, oso. Nos vemos mañana para jugar!

一Hija, ya te dije que ese oso no existe.一 le decía continuamente Bob.

一¡Ya Bob, déjala! Ella piensa que el oso existe porque no conoce a ningún otro niño de su edad. Creo que es hora de dejar el bosque. Por el bien de nuestra hija.一 dijo Ema, su esposa.

一¿Por qué quieres regresar a la ciudad si aquí hemos vivido por muchos años y no nos ha faltado nada? ¡Vivimos bien!一 dijo Bob.

Ema, con una mueca de disgusto y agotamiento, y haciendo como que no había escuchado el último comentario de Bob, le dio un beso de buenas noches a Diana y salió del cuarto.

A Bob ese desplante de indiferencia lo puso furioso. Si algo no le gustaba es que no le respondieran cuando realizaba una pregunta. Con un movimiento brusco detuvo a Ema al salir ella del cuarto de su hija y le reprochó su deseo de irse a vivir a otro lado. Comenzaron una discusión tan fútil como banal, pues de antemano Bob ya había decidido que los tres eran felices en el bosque y que no les faltaba nada. Ema le hacía ver que su hija necesitaba una educación formal, amigos reales y una atención médica especializada, para descartar la teoría de que su hija tenía esquizofrenia. Estuvieron discutiendo durante un par de horas, cuando Bob exclamó:

一Ya es tarde, tengo que descansar, mañana es miércoles y debo ir al mercado por comida.

一Está bien. Pero la discusión no acaba aquí. Mañana seguimos hablando. No permitiré que mi hija se quede en este lugar olvidado de dios.一 dijo Ema, con un par de lágrimas rodando por su mejilla derecha.

Se fueron a dormir muy enojados.

Bob permaneció en vigilia durante varias horas. Pensaba cómo podía redimir sus acciones, tan agresivas hacia su esposa e hija, hasta que el cansancio dominó su cuerpo e hizo que se quedara profundamente dormido.

Cuando despertó, el miércoles por la mañana, dispuesto a disculparse y hablar sobre si deberían dejar de vivir en el bosque, le extrañó que su esposa no estuviera a su lado. Aunque no era la primera vez que discutían, siempre ocurría que durante la noche alguno de los dos cruzaba un pie con el pie del otro. Era la señal de la reconciliación. Ambos sabían, así lo recordaba Bob, que a pesar de que las cosas estuvieran muy mal, había algo que los mantenía unidos, algo más fuerte: el amor que por todos estos años se habían profesado.

Terminó por espabilarse. Se quitó rápidamente la cobija que lo cubría y no sólo no vio a Ema, tampoco reconoció el cuarto donde se encontraba. No era su cuarto, el cuarto de su casa, la casa que él mismo había construido años atrás cuando decidió irse a vivir al bosque. La cama donde yacía ahora era más incómoda de lo que lo recordaba, no había ningún otro mueble y el cuarto estaba todo blanco como si entrara mucha luz, como si nunca oscureciera en él. Bob pensó que estaba un poco enceguecido. Se talló los ojos para removerse las lagañas.

De repente, escuchó abrir la puerta y una voz de mujer que le decía:

一Buenos días, Bob. ¿Cómo te encuentras esta mañana?

En primera instancia Bob creyó escuchar a su esposa, se sintió tranquilo. Pero inmediatamente reparó en que Ema nunca le había hablado así. Además, pensándolo bien, esa no era su voz. Abrió los ojos apresuradamente y dijo:

一¿Ema?

一No, Olivia, señor Bob.一 dijo la enfermera que había entrado a la habitación con un tono de extrañeza. 一Ema hace muchos años que ya no trabaja aquí, aunque me sorprende que sepa de ella, pues usted ingresó tiempo después de que ella renunciara.

一Ema, no bromees.一 dijo Bob anonadado, con una cara que palidecía de susto.

一No bromeo, señor Bob. Ema dejó de trabajar con nosotros cuando falleció su hija. Pobre niña, estaba por cumplir sus quince primaveras cuando fue hallada en un claro del bosque. Se dice que el guardabosques que vivía ahí la violó y mató. Pero nunca lo encontraron. Ema no pudo soportar el dolor y se fue de aquí. Le perdimos la pista. No sé qué habrá sido de ella.

Bob no cabía en sí del horror. ¿Cómo que Ema no estaba?, ¿cómo que su hija había muerto? No entendía una sola palabra de lo que esa mujer le estaba diciendo. Apenas anoche se había acostado a dormir en la misma casa donde ellas estaban. Había sentido el pie de Ema rozar con el suyo entre las sábanas de su cama. Había visto a su esposa dándole un beso de buenas noches a su hija.

La enfermera volvió a hablar y le dijo inquisitiva:

一Pero no creo que se refiera a esta Ema. Seguramente usted debe aludir a otra persona con el mismo nombre, ¿no es así? ¿Quién es? ¿Su esposa, su hija? ¿Tuvo alguna vez familia, señor Bob? Su historial no lo registra. Qué raro. Nadie ha venido a visitarlo en todo el tiempo que usted lleva aquí. Quizás sea porque este hospital psiquiátrico se encuentra muy apartado de la ciudad, en lo profundo del bosque.