El misterio gatuno

Seudónimo: Tana

Era una noche fría de enero, había un aire denso y las calles estaban húmedas, pues recién estaba parando de llover.

Un gato pequeño, hambriento, caminaba por la ciudad luchando por sobrevivir. Sin fuerza, el pobre se desmayó en el pavimento.

Al otro lado de la calle, una cafetería, estaba una chica llamada Ana: grababa un video de la ciudad donde vivía, para una tarea. Cuando revisó la cámara, ¡se dio cuenta de que había un gato tirado en la avenida! Salió corriendo de la cafetería y fue a rescatarlo. Atravesó la calle sin mirar; cuando oyó los frenos del coche, apenas tuvo tiempo de apartarse, pero se cayó y recibió un fuerte golpe en la cabeza que la dejó en coma.

Dos semanas después, despertó con taquicardia y empezó a gritar: “¿Dónde estoy?! ¡Sáquenme de aquí!” De inmediato, llegaron cinco enfermeras a tranquilizarla y le explicaron lo sucedido:

-Casi te atropella un enorme auto.

La chica todavía sentía extraña su propia cabeza; no recordaba nada de lo que había pasado con el gatito.

Días después, estaba en su casa coloreando con su sobrina unos dibujos de animales; en uno de ellos había un lindo gatito. ¡En ese instante Ana recordó al gato!

Esa misma noche, cuando dejó a su sobrina en su casa, pensó: “¿Cómo puedo encontrar al gato?” Mientras le escribía a una amiga buscando de ideas, le llegó una notificación: era la calificación del video que había tomado. “¡Claro!, ¿cómo no lo pensé antes? En ese video aparece el gato, podía sacar una foto de ahí y hacer posters, pegarlos en la calle, y así encontrar al gato más rápido.”

 

 

Fue de inmediato a la papelería. Imprimió muchos afiches y los pegó por toda la ciudad. Por cierto, su tarea obtuvo un 9. Pero poner pósteres no sería suficiente ¿Y si el gato había huido de la ciudad? O… ¿qué tal si había muerto?

A la mañana siguiente fue a la estación de policía, a ver si, de pura casualidad, ellos tenían grabaciones de aquella noche. Primero no encontraron nada interesante, pero de un video a otro descubrieron algo importante: el gato se había metido en una biblioteca, ¡en la de la señora Rebeca!

Ana fue corriendo para allá y tuvo suerte, porque, cuando llegó, ella estaba a punto de cerrar, ya que era su descanso.

-Señora Rebeca, por favor, deme un minuto, tengo que decirle algo importante.

– ¿Que pasó Ana? Si es porque quieres el chocolate del otro día, yo no lo tomé.

– ¡NO!, no es eso. Un segundo, ¿usted agarró mi chocolate!

– ¿Quién? yo? No Anita, ¿cómo crees?

– Bueno, eso ya no importa. Vine para preguntarle si vio pasar un gatito por aquí, hace como dos semanas. ¿Lo vio?

– No, lo siento; no estuve aquí hace dos semanas. Apenas ayer regresé de Nueva York, fui a visitar a mi hermana. Pero dejé de encargada a mi prima, ella seguramente lo vio. Puedes ir a buscarla a su casa; vive en Los Robles, en la casa #26. –

-¡Muchas gracias, señora Rebeca, ya mismo voy!

Ana se subió en su bicicleta y fue de inmediato hacia allá. Cuando llegó, vio que era una casa muy grande, pero daba algo de miedo, pues las paredes estaban agrietadas y las plantas estaban secas, pero de todas formas entró y tocó el timbre.

– ¿Quién es?

– Hola, me llamo Ana, vengo de parte de la señora Rebeca.

En ese momento la puerta rechinó y se abrió, la prima de la bibliotecaria era una señora viejita, un poco gorda y al parecer no tenía buen gusto en la ropa: llevaba puesto un vestido verde con flores moradas y unos zapatos azules, y ni hablar de sus calcetines amarillos…

– Hola, señora, quería preguntarle si vio un gatito muy pequeñito, hace un par de semanas por la biblioteca – dijo con voz tímida y temblorosa.

-Sí, lo vi -le respondió antipática.

-Y…. ¿sabe hacia dónde se fue?

-Pues…. la verdad me molestaba mucho, así que mande llamar a un veterinario.

Ana súper enojada le contestó:

-¡¿Qué?! a ¡¿cuál?!

-Al Petco de la calle #32

Salió corriendo, tomó su bici y fue directo al Petco; apenas llegó preguntó por el gatito y la llevaron hacia una jaula que estaba super aislada de los demás animalitos. En esa jaula se encontraba el gatito que tanto había buscado; cuando estaba a punto de llevárselo, le dijo el señor de la tienda:

-No puedes llevártelo así nada más, tienes que firmar unos papeles para adoptarlo.

-¡Oh, perfecto, pues vamos a empezar!

Después de un largo papeleo y muchas firmas, se llevó al gatito a su casa, le dio de comer, de beber, lo bañó y jugó un largo rato con él, pero se dio cuenta de que a ese lindo gatito le faltaba solo una cosa, ¡un nombre! ¿Qué tal…. Nieve? No, no le queda el nombre. Y…… ¿Crisy? No, ese nombre es de gato adulto, tampoco le quedaba.  ¡Em……. qué tal…. Chip! ¡Sí! ¡Es perfecto!

Pasaron los días y todo iba de maravilla así que ya podemos decir que al menos aquí todo salió bien.