El sueño

Seudónimo: Fantimal

Apago la luz y me meto en la cama.

Relajo mis hombros y me acurruco en ella.

Suspiro, mientras cierro los ojos,

esperando el fin de otro día más.

 

Mi mente vuela,

mis pensamientos surgen,

recapacito y analizo mi día,

pienso mientras mi cuerpo se desconecta

mis sentidos desaparecen.

Ahora, solo queda disfrutar de la velada,

ver lo que no es real.

 

Algo toca mi hombro.

Volteo y la veo,

a ella a quien hace tanto no veía.

Su mano extendida,

tan flaca

como la última vez que la vi.

 

Las lágrimas caen sobre sus ojos,

la abrazo y desaparece.

“Oh no, otra vez no”, exclamo.

Volteo y cierro los ojos,

deseando que vuelva a aparecer.

 

“Miranda” me llama.

Abro los ojos y no lo creo,

está parada justo frente a mí, con las manos cruzadas,

esperando que la vea de nuevo.

 

Sé que no es real, pero me dejo llevar

tener un sueño así es como vivir cien años más.

Reprimo mi deseo de abrazarla.

No quiero que desaparezca, no otra vez.

 

Sé que en cualquier momento el despertador sonará,

la alarma retumbará en mis oídos y me tendré que levantar,

quedándome sola una vez más.

 

“¿En qué piensas?”, me pregunta.

Qué contestar, no lo sé.

Pienso en la posibilidad de quedarme junto a ella para siempre

y revivir los viejos tiempos,

cuando todo era luz y no oscuridad.

 

Una lágrima rueda por mi mejilla,

susurro algo en su oído y ella me sonríe.

“Todo estará bien”, me dice.

No sé si creerlo o no,

pero este pensamiento me devuelve la alegría.

 

Camino hacia el oriente,

alejándome de ella.

Acostumbrarme solo hará más difícil la despedida.

En unos minutos, cuando yo despierte, desaparecerá para siempre.

 

Me sigue,

no quiere que nada malo me pase.

Igual que en su corta vida,

nunca me abandonó.

 

“Ya”, le digo.

“¿Ya qué?”, responde.

“Deja de seguirme por favor,

tu compañía solo lo hace más difícil,

cuando despierte ya no estarás más conmigo”

 

Se detiene en seco, sin comprender.

“¿Pero cómo?”, me pregunta.

“Sí, tú me abandonaste hace varios años”, le digo.

“¿Yo?”, se sorprende, “yo jamás te dejaría”.

“Ya lo hiciste”, le contesto.

 

Suspiro y me volteo,

la observo directamente a sus ojos

y de mi boca brota la cruda verdad:

 

“Me dejaste en este mundo sola,

Tú, mi mayor compañía, y ahora no te tengo a mi lado.

Mi mundo se ha derrumbado.

Todo es gris y no hay más color”.

 

“Mi felicidad fue reemplazada por la tristeza de mi corazón,

mi alegría por la amargura de mi alma,

sin ti ya nada es igual”.

 

Ella se desvanece y en su lugar aparece un lago,

me acerco y observo mi reflejo.

Ya no veo a la linda muchacha de antes.

En su lugar me veo a mí,

una muchacha triste y sin sentido de vida.

 

No me gusta el reflejo que veo, quiero cambiar.

Pero sin ella la misión se vuelve imposible.

 

Ella regresa dejando el lago en el recuerdo.

“Ayúdame, vuelve conmigo, sin ti no soy nada”.

Ella sonríe:

“Puedes lograr lo que te propongas,

solo abre los ojos y siempre me verás junto a ti.

Jamás me fui, solo me ocultaste.

Cuando pienses en quién eres

y en la diferencia que marcas en el mundo,

lograrás verme y no desapareceré jamás”.

 

Escucho mi alarma a lo lejos.

“No, no quiero regresar, no sin ti”.

La agarro de la muñeca y la arrastro junto a mí a la triste realidad;

pero caigo en mi cama,

y se desvanece.

 

Sola otra vez,

ya no está a mi lado,

pero sé que esta vez todo es diferente,

tan solo se oculta en las sombras,

solo tengo que encontrarla.

 

Abro los ojos y suspiro,

encontraré mi autoestima de nuevo

y la muchacha alegre de antes

regresará.

transformándome así en la muchacha alegre que era antes.