El valor de los sueños

Seudónimo: El personaje

Dice Michael Fox que la familia no es algo importante, lo es todo, y esto nos los va a demostrar nuestro protagonista a lo largo de este cuento. Comencemos…

En este mundo vive un niño algo raro, su nombre es Salomón. A veces, Salo, como suele decirle la gente que lo quiere, se enoja sin razón o explota con facilidad cuando le dicen algo que no le agrada; se llena de enojo y la gente prefiere alejarse de él. Aunque también, esa misma gente que lo rodea, puede hacerlo explotar (como su familia).

 

Un día común y corriente, Salo estaba regresando de la escuela junto con su hermana:

 

–– ¿Qué quieres, otra vez me vas a molestar? ––le dijo Salo muy molesto–– ¿Eh, qué onda con tu vida? ––había tenido un mal día en la escuela y sólo quería desquitarse con alguien.

––¡Ya, Salo! ¡Ya! Ni siquiera me gusta hablarte ––dijo enojada su hermana Shoshana y lo aventó al sillón, por lo cual Salo se enojó aún más.

––¡Ah, ok! ––respondió Salo de forma burlona, fue con su mamá y le contó lo sucedido a su conveniencia.

––¡Mamá, Shoshana me lanzó contra el sillón, y tú sabes que yo soy un niño adorable!

––Ajá, sí, cómo no, tú un niño adorable ––dijo sin creerle del todo la mamá de Salo—… pero bueno, le digo. ¡Shoshanaaaaaaaa, ven aquí! ––La mamá de Salo castigó a Shoshana dejándola esa tarde sin celular.

Toda esa tarde Salo y su hermana no dejaron de pelear hasta que hartaron a su mamá, quien los regañó a los dos. Por la noche llegó Marcos, el papá de Salo, después de un día con mucho pero mucho trabajo:

 

––¡Oye, papá, quiero la playera de la selección de Japón, la de México, la morada del Real Madrid incluyendo sus pantalones deportivos y su uniforme; quiero ir a las Vegas para ver a los Raiders y también su playera! ––dijo Salo en tono mandón a su papá sin siquiera haberlo saludado.

––Me gustaría que primero me saludaras ––dijo tristemente su papá––. Además, ya no podemos gastar más, ya te he comprado muchas cosas últimamente.

––¡Ayyyyyyyyyy, nadie en esta casa me entiende! ­­––gritó Salo y se fue a encerrar a su cuarto, azotando la puerta.

 

Salo se fue a la cama enojado hasta que se quedó dormido. Pasaron unos cuantos minutos y su mente comenzó a soñar: estaba en una habitación blanca y llena de luz, en ella había tres puertas: una morada, una rosa y otra naranja. De repente, una voz escalofriante le dijo: “¡Elige una!”, Salo se espantó y fue corriendo hacia la puerta morada para esconderse.

 

Cuando entró en la habitación detrás de aquella puerta, sintió un gran alivió al encontrarse con la sala de su casa, incluso le dio gusto ver a su hermana, pero como él jamás iba a demostrarle sentimientos lindos, terminó diciendo:

 

––¡Ay, qué estafa! Creí que esa puerta era un portal mágico o algo parecido, no que iba a estar con gente de-sa-gra-da-ble. Bueno… no importa.

 

Shoshana no respondió. Eso fue muy extraño porque ella siempre le contestaba sus comentarios groseros, así que Salo tomó unas pelotitas llamadas orbis de uno de los floreros de su mamá y se los comenzó a aventar en la cabeza. Ella tampoco reaccionó, era como si nada pasara y Salo estuviera pintado.

 

––¿No me vas a contestar? ––le gritó Salo enojado, pero Shoshana simplemente lo ignoró––. ¡Ya basta! ––volvió a gritar Salo, pero ahora llorando del coraje de que su hermana no le hiciera caso.

 

Salo salió corriendo por la puerta de la sala para ir a su cuarto, pero cuando cruzó, llegó a la misma habitación blanca con las tres puertas. Nuevamente, la voz escalofriante le pidió escoger otra puerta y esta vez decidió la rosa. Al entrar, se encontró con Shoshana, quien ahora sí comenzó a molestarlo.

 

––¡Mamáááááá! ––gritó Salo con todas sus fuerzas––. ¡Shoshana me está molestando!

––¡Deja a tu hermano en paz! ––dijo su mamá quien venía entrando con una llave–. ¿Ves esta llave, Shoshana? Es la llave de un calabozo al que te voy a meter si sigues molestando a Salo.

––Pero, mamá, no es para tanto ––dijo Salo un poco confundido.

––No importa, tú aquí eres el consentido y nadie te tiene por qué molestar ––dijo su mamá mientras le apretaba a Salo sus mejillas y lo llenaba de besos y abrazos que los apretujaban.

 

Salo sentía que se asfixiaba con todas las caricias que su mamá le daba, así que salió por la puerta para volverse a encontrar con la habitación blanca. Antes de que la voz espeluznante dijera algo, abrió la última puerta. Salo sintió mucha paz al entrar a su cuarto, por fin no entraba como siempre a la sala. Segundos después, escuchó que tocaron a su puerta.

––¡Salo, déjame pasar, traigo regalos para ti! ––era la voz de su papá.

 

Abrió la puerta y ¡oh sorpresa! Su papá traía cientos de camisetas y balones de las diferentes selecciones de fútbol en el mundo.

 

––¡Pero, papá, aquí no va a caber todo eso! ––dijo Salo preocupado.

­­––¿Cómo no? ––y como nunca lo había visto Salo, su papá empezó a llenar y llenar de cosas el cuarto de su hijo.

 

Salo tuvo miedo porque empezó a ver cómo se llenaba su cuarto sin dejar un solo espacio vacío. Sintió que nuevamente se volvería a asfixiar. Ya no pudo llegar a la puerta para escapar, así que se aventó por la ventana. Se escuchó un golpe súper fuerte: Salo se había caído de la cama, despertó y abrió los ojos rápidamente.

 

––Ay, qué sueño tan duro fue este —dijo en voz alta Salo.

 

Sin pensarlo, Salo salió de su habitación y fue a buscar a su familia por todas partes. Fue encontrando a cada miembro por toda la casa. Encontró primero a su hermana Shoshana, la cual estaba en su cuarto.

—¡Hola! —saludó Salo.

—¡Hola! —le respondió ella sin ánimos.

—Este… perdón por todas las peleas y problemas que hemos tenido —se lamentó Salo y la abrazó.

—Oye, oye. ¿Qué te pasa? ¿Por qué me abrazas? —dijo su hermana un poco confundida por la actitud de Salo. Al ver la cara de este, pudo comprender el verdadero arrepentimiento—. Bueno… te perdono, ojalá que ya no tengamos más problemas. Aunque te seguiré molestando porque es muy divertido (Shoshana ríe).  Yo también te pido disculpas.

 

Los hermanos se abrazaron muy fuerte e inmediatamente después, Salo salió a buscar a alguien más. Bajó las escaleras y fue a la cocina, entró y vio a su mamá triste.

 

—¿Mamá, que te sucede? —le preguntó Salo muy preocupado.

––No me gusta regañarte ni a ti ni a tu hermana, me pone triste lo mal que se llevan.

—Tranquila, mamá, sé que pronto Shoshana y yo nos llevaremos mejor. Y aunque nos regañes, sé que lo haces para que no seamos personas de mal corazón.

Así también pudo pedir una disculpa a su mamá, pero faltaba alguien: su papá. Se dirigió a su despacho.

— Papá…

— Dime hijo.

— Bueno, primero que nada, buenos días; segundo, quiero pedirte perdón porque fui muy amargado contigo estos últimos días.

— Yo de pequeño no tenía mucho dinero. Mi familia era muy pobre, pero aprendí que, si quiero algo, tengo que luchar no siendo grosero o exigente, todo esfuerzo lleva su recompensa.

 

Sin querer, Salo había tenido una gran lección en su sueño. Realmente había cosas que no le gustaban de su familia, pero, aun así, los amaba con todo su corazón. La familia lo es todo.

Fin.