Inmortal

Seudónimo: Dr. Krazier

No sé cómo explicarlo, empezó cuando tenía diez años, pero me acuerdo de

todo como si hubiera pasado ayer. Es de lo que más me arrepiento en toda mi

existencia. En un sábado habitual, fui al museo de historia natural con mi familia. En

cuanto entramos a la exhibición de dinosaurios, estos hicieron que mis ojos brillaran

con emoción. Cada dinosaurio junto al cual pasábamos, hacía que me detuviera

para explicarle a mi mamá sobre la especie en exhibición, sin siquiera tener que leer

al respecto en la sección de información. Toda mi familia estaba impactada.

“James, no puedo creer que tengas el tiempo para aprender tanto sobre

dinosaurios”, mencionó mi mamá.

Esa fue la primera vez que lo compartí, “Mamá, ¿sabes qué estaría

increíble?”

“Dime”, contestó mi mamá,

“Vivir para siempre, así podría saber qué pasa con los humanos en el futuro y

ver el resto de la historia”.

Mi mamá volteo a otro lugar, pensando y después contestó, dudando lo que

estaba a punto de responder, “Si, supongo que estaría padre”.

Continuamos por todas las exhibiciones, pero ya me quería ir, solo fui para

ver a los dinosaurios. Me quería ir a mi casa, como era de esperarse de mí, pues

nunca quería estar en el momento, siempre estaba planeando lo que iba a hacer

después.

Años después, salí de la escuela corriendo, apuradisimo para ir a mi casa,

frunciendo. Tenía clases de historia en la tarde y todavía tenía que comer. Tenía

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tarea de inglés y de matemáticas de la escuela. Encima de todo eso, estaba

planeando ir con mis amigos al boliche ese viernes. Frecuentemente pensaba que si

yo fuera inmortal, no me tendría que preocupar tanto sobre el tiempo. Estaba viendo

mi teléfono, escribiendo a mis amigos y quejándome de la escuela cuando me

tropecé con un hoyo del tamaño exacto de mi zapato. No me puedo acordar

exactamente que es lo que pasó, fue muy rápido todo…

Me dijeron que me desmayé, pero eso no es de lo que me acuerdo para

nada. Recuerdo despertar en un lugar que parecía ser de otro universo. En cuanto

me paré y abrí mis ojos, sentí que algo me estaba viendo, pero no parecía haber

nada a mi alrededor. Habían aproximadamente cinco lunas con hermosos colores

que brillaban encima de mí y el cielo estaba tan repleto de estrellas que hacía que la

noche se sintiera viva de alguna manera. Empecé a caminar con mucho cuidado,

pero gané seguridad casi instantáneamente. Vi algo a la distancia y empecé a correr

hacia ahí. Parecían árboles, pero con algo diferente. En vez de hojas, se podían ver

miles de relojes de bolsillo dorados. Algunos no giraban, pero los que sí, hacían un

sonido armónico increíble. Volteé mi cabeza y vi a una señora que medía más de

dos metros, me estaba viendo. “Hola James”, dijo en una voz fuerte y agradable,

“Soy La Declaradora”. Desperté donde estaba antes de tropezarme. Seguí

caminando como si nada hubiera pasado, pero no sabía que, con eso, La

Declaradora me había dado la inmortalidad.

De niño, la palabra inmortalidad sonaba como música para mis oídos.

Cuando empecé a crecer, me dí cuenta de que si fuese inmortal, vería el mundo irse

sin mí en frente de mis propios ojos. Por esta razón, mis deseos de ser inmortal

empezaron a desaparecer como humo en el cielo. Cada noche después de que me

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tropecé, me recorría la misma sensación de cuando me desmayé, de sentir a

alguien viéndome, pero la ignoraba.

A los 27 años, me casé con una niña hermosa que conocí en mis clases de

historia cuando era chiquito. La boda fue la mejor y a los 29, tuvimos gemelos,

Owen y Lizzy. Nuestra vida juntos fue muy feliz, pero no sabía el problema en el que

estaba metido.

Sabía que algo era raro: siempre sospeché de por qué me veía tan joven,

aunque nunca me hice ningún tratamiento. A los 90, murió mi esposa y 38 años

después, cuando tenía 128, mis dos hijos siguieron. Era muy raro que era la

persona más vieja del planeta, pero me veía tan joven como alguien de 30. Empecé

a acordarme de todos los momentos de mi vida cuando era joven y deseaba ser

inmortal. Pensaba en la inmortalidad todos los días. Ahí es cuando me di cuenta que

tal vez, mi deseo se había vuelto realidad tanto tiempo atrás. Después de años y

años de vivir solo, empecé a tomar diferentes nombres e identidades, intentando

recrear mi vida disfrutándola, pero me di cuenta que fallé la primera vez y ya no

podía regresar. La noche de mi cumpleaños número 500, cuando me fui a dormir,

sentí que estaba siendo jalado hacia otra dimensión. Abrí mis ojos, estaba en un

lugar conocido. Había varias lunas brillantes y unas estrellas que me hacían sentir

más vivo de lo que había estado en mucho tiempo. Ahí es cuando me di cuenta que

estaba en el mismo lugar que hace cientos de años cuando me tropecé.

Inmediatamente empecé a hiperventilar, sintiendo que mi corazón se iba a salir de

mi cuerpo. De repente, escuché una voz. “Hola James, soy La Declaradora y

espero que te acuerdes de mí. Te di la inmortalidad hace mucho tiempo, cuando

deseabas por ella más que nada en el mundo. Me llamó la atención, ya que es algo

que yo tengo y que nunca hubiera deseado tener. He estado aquí por toda la

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eternidad, pero hubiera preferido haber tenido una vida tan contra como la tuya.

Cuando eras joven, apresurabas tu vida diario, porque sabías que tu tiempo era

limitado, pero eso te guió a un mal lugar. Si todavía quieres la inmortalidad, dimelo

ahorita, pero si no, puedes regresar con tu familia y volver a intentar vivir”. No sabía

qué hacer, me acordé como mi vida era apresurada al principio, así que tomé mi

decisión inmediatamente. “Ya no quiero la inmortalidad, lo que sí quiero más que

nada es una segunda oportunidad, sin apurarme, disfrutando la vida”. La

Declaradora sonrió, sacó un reloj de bolsillo dorado de su bolsa, lo regresó a las

12:00 y empezó a soltar un sonido relajante. Eso es lo último de lo que me acuerdo,

pero espero con toda mi alma, que haya aprendido a vivir mejor.

Acerca del autor:

Dr. Krazier es un niño de 12 años que vive en la Ciudad de México. Ha escrito varias

historias de las cuales “Inmortal” es la mejor. Su sueño es convertirse en director y

actor de cine cuando crezca. Krazier disfruta escribir historias cortas, como

pasatiempo, pero solo pocas de ellas salen al público. Sus historias giran alrededor

de mensajes morales para la vida.