Inquebrantable

Seudónimo: B.E.R

Hoy es el último día del primer año de preparatoria. Todos mis compañeros están comentando que están muy emocionados porque van a viajar por todo el mundo durante estas vacaciones. Unos irán a París, otros a Dubái, Italia, Orlando, España; mientras, yo estaré en la tienda de papá ayudando.

Como cada año, los alumnos de último grado prepararon una actividad en el auditorio del colegio, pero a David y a mí nos dio flojera ir; así que nos quedamos escondidos en la biblioteca. David es mi mejor amigo, bueno es el único que tengo, todos mis compañeros me molestan por ser becado.

La escuela estaba vacía, porque todos estaban en el auditorio, así que David y yo fuimos a la cancha de fútbol a jugar con la pelota. Después de media hora, mientras David iba al baño, me dirigí a mi salón de clase para agarrar un poco de mi lunch.

Cuando entré al aula vi a Daniel, Isaac y Abraham, haciendo graffiti, riéndose a carcajadas y escuchando música rock a todo volumen. Las paredes estaban repletas de dibujos vulgares, de maestros y directores, burlas y groserías. Se percibía el olor de la pintura en aerosol muy fuerte. Abraham estaba a lado de la puerta y cuando entré, roció un poco de pintura azul en mi mejilla accidentalmente. Los tres se me quedaron viendo.

– Alex, ¿qué haces aquí? -preguntó Daniel-, hablándome como si fuéramos íntimos amigos.

– Si, ¿no estabas en el auditorio? – agregó Isaac –

– Es que no fui – respondí-

– ¿Y, por qué no fuiste? – preguntó Isaac insistiendo-

– Me dio flojera, pero, ¿por qué están haciendo esto? – dije-

– Eso no importa. Mira, Alex, no digas que nosotros hicimos esto. No te conviene, porque van a saber que no fuiste a la actividad del auditorio – dijo Abraham, poniendo una mano sobre mi hombro- En ese instante sonó la campana. – ¡Vámonos, ya vienen todos! -gritó Daniel-

Los tres agarraron todas sus cosas y comenzaron a correr. Nerviosa y con miedo, los seguí, porque si alguien me veía ahí, sería sospechoso. Llegamos al cuarto de servicio, los tres dejaron sus cosas ahí y fuimos saliendo uno por uno sigilosamente.

Mientras caminaba por el pasillo me encontré a David:

– ¿Ya viste lo que pasó en el salón? – me preguntó- Al ver las manchas azules en mi rostro, ansiosamente preguntó -¿Qué tienes aquí?, ¿tú fuiste el que pintó la clase?, ¿cómo?, ¿cuándo?

– Shhhhhh – le susurré, poniendo mi mano sobre su boca – yo no fui, pero vi quien lo hizo-

– Sí alguien ve que tienes pintura en la cara, pensara que fuiste tú. Vamos, te tienes que quitar esa mancha.

Fuimos al baño, me lavé la cara y regresamos al salón. En seguida entró la tutora junto con el director, “¡Todos sentados!” gritó la tutora con voz fuerte y seria. Rápidamente tomé asiento.

Después el director dijo: “Señores”, estoy muy decepcionado de ustedes. Esto es una falta de respeto hacia todos los docentes y hacia la institución. No crean que por ser el último día no habrá consecuencias. Tienen 5 minutos para decir quién fue, si no tendrán que atenerse.

Un silencio abrumador inundó el salón, nadie hizo ningún comentario, solamente cruzábamos las miradas unos con otros. Esos minutos se sintieron como una eternidad. Como nadie confesó, el director dijo: Perfecto, señores, se lo han buscado, pasará uno por uno para ser interrogado. ¡No vamos a permitir que esto pase por desapercibido!

Conociendo a Daniel, Isaac y Abraham, sabía que ellos no dirían nada y ni siquiera sospecharán de ellos. En cambio, estaba muy nervioso, ya era mi turno y no sabía si decir la verdad, delatar a mis compañeros, o mentir; pero en realidad no sé mentir, ni siquiera soy bueno para actuar, siempre repruebo en la clase de teatro y nadie quiere ser mi pareja de actuación.

Al entrar a la oficina del director, tomé asiento en la silla frente del escritorio, del otro lado se encontraba el director, la tutora y la maestra de español. Me sudaban las manos y de pronto, el director dispara la primera pregunta:

– Señor Alex, ¿sabe algo de lo que pasó hoy?

– Emmm, no, no sé nada -contesté con la voz entrecortada, mirando hacia el piso-

– ¿Está seguro?, porque lo conozco y no me está diciendo la verdad, pero también sé que usted no lo hizo, ¿o si?

– No, yo no fui -contesté de inmediato-

– Entonces, ¿quién fue? – volvió a preguntar.

– La verdad, es que, si se quienes fueron, pero no lo pienso decir – dije-

– Entonces ¿son muchas personas? – interrumpió el director-

– Si, no, ¡ay, no sé!

– Mire, señor Alex, usted sabe que es un alumno becado ¿verdad? Con un solo reporte sería expulsado del colegio. Así que dígame, quiénes fueron y acabemos con esto de una vez por todas.

Tomé valor y dije:

“Disculpe, señor director y docentes, con todo el respeto que se merecen, yo crecí creyendo que los valores son lo más importante, y soy un hombre de principios, nunca

delataría a ninguno de mis compañeros, pues no soy un soplón. Sí los responsables desean decirlo, ellos lo harán. Hagan conmigo lo que quieran, pero yo no voy a delatarlos. Incluso aunque ponga en riesgo mi estancia en esta institución.

El director se quedó asombrado, así que salió de la reunión junto con los maestros y discutieron en la oficina de al lado. Después de 20 minutos los docentes volvieron a entrar y el director me dijo: “Después de un rato de deliberación, hemos tomado la decisión de liberarte de este problema”. Sabemos que tienes conocimiento de quien fue y a pesar de que nos hubiera gustado que lo confesaras, admiramos tu postura y no te presionaremos más. Todos tendrán que pagar, a menos de que los responsables confiesen. Limpiarán y pintarán el salón de clase entre todos y no irán al campamento del próximo año. Puede retirarse, señor Alex.”

No pude evitar que se dibujara una sonrisa en mi rostro, se sentía tan bien haber mantenido mi postura y seguir los principios y valores que desde pequeño me habían enseñado. Salí victorioso de la oficina del director.