Jaula de cuervos

Pseudónimo: Analí

Me desperté, pero no sabía quién era, dónde estaba o cómo había llegado a ese lugar: no recordaba nada. Estaba en una silla roja, acolchada, y había varias pastillas en el suelo. Pensé que había intentado acabar con mi vida.

Me encontraba frente a una casa; asumí que era mía, así que entré y, para mi

Sorpresa, no había nadie dentro de ella. Me comencé a llenar de confusión y empecé

a mirar la casa. Subí las escaleras y miré las fotografías de un estante. También había un calendario con algunos días tachados sobre éste.

En una foto, vi a una pequeña niña sonriente, cargando en su mano derecha una jaula de pájaros, en cuyo interior había un cuervo, pensé que era mi hija. De repente, miré la ventana y sólo pude ver otro cuervo que, inmediatamente, cuando me descubrió, se echó a volar, así que decidí seguirlo a un ritmo rápido.

Salí de la casa corriendo y siguiendo al pájaro, llegué al bosque. Seguí corriendo con todas mis fuerzas y, justo antes de entrar, un recuerdo vino a mí. Recordaba la entrada del mismo bosque y estaba sosteniendo la mano de la niña que había visto en la fotografía; ella llevaba la jaula. La memoria me causó mucho dolor de cabeza, pero miré al cuervo y seguí mi camino.

El cuervo poco a poco comenzó a descender; no podía correr más del cansancio. El animal se detuvo en la rama de un árbol que tenía una maleta colgada.

Sin pensarlo dos veces, abrí la maleta y, para mi sorpresa, dentro había un arma de fuego, así que la tomé. Me asusté, pensé que algo me podía pasar, todo era tan extraño. Entonces el cuervo comenzó a volar de nuevo y se dirigió hacia lo que parecía una tumba. Lo único que sentí fue frustración y mucho miedo.

La tumba tenía una lápida grabada con el nombre de «Gini Winters». Tan pronto

como leí el nombre, no sé cómo lo supe, pero recordé que era el nombre de la niña de la foto; no tardé mucho en empezar a ordenar el rompecabezas de mi mente. En mi memoria vi a Gini muerta y a un hombre llorando y repitiéndole a alguien “¡qué hiciste!, ¡qué hiciste!” con gran desesperación, un tono de voz fuerte y de lamentación; también vi la jaula vacía; supuse que el cuervo había logrado escapar y ahora estaba aquí conmigo. Pensé que el hombre era mi esposo y que alguien había matado a nuestra hija, pero ¿quién? La misma persona que borró mi memoria y me había puesto en la silla roja acolchada, no lo sé.

De repente oí llegar un coche y un tipo con una máscara blanca y apariencia tétrica salió de él; fue horrible; también llevaba un bate. Sabía que él era el culpable de todo. Sin embargo, yo tenía el arma e iba a vengar la muerte de mi hija. Me acerqué a él para dispararle; cuando apunté a su cabeza y apreté el gatillo, me di cuenta de que el arma no estaba cargada. El sujeto me golpeó fuertemente en la cabeza y me desmayé.

Desperté y estaba en la silla roja acolchada nuevamente y, frente a mí, encontré al sujeto con la máscara. Se desenmascaró y pude ver al hombre que pensaba que era mi esposo. Él me explicó todo…

“Estás pasando por esto porque cometiste un crimen: secuestraste a mi hija, la dañaste psicológicamente y luego la mataste; ni siquiera te conocemos. Nunca tuviste hijos, pero cuando le hiciste esto a Gini, juré que te pondría en mi propia jaula. Ahora voy a borrar tu memoria y seguirás viviendo para pagar día a día por lo que me hiciste”.

Tomó una especie de aparato en forma de cinta biónica que tenía un dibujo de una jaula de pájaros. Después lo ajustó en mi cabeza; no tardó mucho tiempo para que el aparato empezara a darme electroshocks, los cuales me dejaron vulnerable. El hombre subió las escaleras de la casa y tomó un marcador de la estantería; tachó

otro día en el calendario. Echó un bote de pastillas al suelo, se cubrió con la máscara y se dirigió al bosque, mientras el cuervo se quedaba en la ventana.

Me desperté, pero no sabía quién era, dónde estaba o cómo llegué a ese lugar, no recordaba nada. Estaba en una silla roja acolchada y había varias pastillas en

el suelo. Pensé que había intentado acabar con mi vida…