La búsqueda de la maleta

Seudónimo: El mejor

Había una vez un señor que se llamaba Tintín. Trabaja como payaso en las fiestas de adultos y de niños. Le encantaba hacer reír a la gente y lo que más gozaba de las fiestas era comer del pastel del festejado.

Un día lo contrataron para una fiesta de un niño que cumplía 12 años. Tintín llegó a tiempo para preparar su show. Llevaba su maleta llena de globos, premios y bromas para hacer reír y divertir a los niños.

Cuando todo estaba listo para el show, los niños empezaron a gritar : “¡Que empiece el Show!” Tintín salió con música alegre a saludar a todo el público, saludó al festejado y le dio un abrazo. Cuando abrió su maleta para empezar a hacer sus bromas, se dio cuenta que la maleta estaba vacía. Todo su material había desaparecido.

Tintín se empezó a preocupar, pero los niños pensaban que era parte del show, así que todos se empezaron a reír. Tintín quería llorar. ¿Cómo iba a entretener a tantos niños sin su material?

El niño festejado se dio cuenta de la angustia de Tintín y le gritó a todos sus invitados que ayuden a Tintín a encontrar su maleta y el que la encuentre iba a recibir de premio, uno de los regalos que el festejado había recibido.

Los niños empezaron a buscar la maleta por todas partes. Buscaron debajo de la mesa, dentro de los closets, debajo de las escaleras, en los baños y en todas partes, pero la maleta no aparecía.

De repente, a un niño se le ocurrió buscar dentro de la casa del perro. ¡Y ahí estaba! El perro la había agarrado y se la llevó a su casita. La había abierto y sacó todo el material del payaso, pero para su sorpresa, el perro no destrozó nada, solamente sacó las cosas y las olfateó.

Los niños estaban felices porque Tintín les empezó a repartir sus premios y sus bromas a todos los invitados. El festejado cumplió con lo que prometió y le entregó uno de sus regalos al niño que había encontrado la maleta.

Fue la fiesta más divertida que Tintín había hecho. A partir de ese día, Tintín decidió meter en sus shows la búsqueda de su maleta, porque los niños se divertían mucho buscándola por toda la casa.

La fiesta había sido la más divertida a la que los niños habían ido. ¡Había sido una fiesta inolvidable!