La corriente es engañosa

Seudónimo: Tigre

En un verano acalorado por la mañana, Charlie estaba relajándose en la playa viendo cómo las olas iban y venían. Después de un buen rato de tomar el sol, se sentó en la orilla del mar, hasta donde llegaban las olas. Entró un poco más en el mar y repentinamente sintió que la corriente lo estaba jalando cada vez más al fondo, hasta donde no podía pisar. Apenas podía ver la playa. Intentó nadar hacia la orilla de nuevo, pero la corriente se lo impedía. No podía nadar, mientras intentaba nadar vio debajo del agua una perla gigante y se volteó para agarrarla, pero su esfuerzo no le sirvió porque la perla desapareció.

Se le habían acabado las fuerzas para seguir nadando, empezó a hundirse y llegó hasta la profundidad del mar, ahí sintió que lo estaba jalando una corriente hacia abajo e inesperadamente se hizo un hueco en el agua y cayó dentro de él.

Después de unas horas de estar inconsciente, se despertó y vio que estaba en una habitación muy bonita. Charlie estaba muy asustado y confundido. Por un tiempo creyó que estaba soñando, no entendía nada de lo que estaba pasando. De pronto, vio que en el piso había unas huellas de agua, no parecían huellas de humano, ni tampoco de algún animal. Se imaginó las cosas más raras, pero de inmediato intentó quitar esas ideas de su mente.

Decidió seguir las huellas, así tal vez encontraría a quien estaba ahí, aparte de él. Tenía algo de miedo, pero la curiosidad de saber en dónde estaba le ganaba. Comenzó a seguir las huellas hasta que ya no había más, entonces miró a su alrededor y lo único que vio fue una mesa que tenía encima la perla que había visto en el mar. ¡No podía creerlo! Se acercó a verla, pero salieron, de debajo de la mesa, miles de personas hechas de agua. Charlie temblaba de miedo y gritó:

-¿Quiénes son ustedes?

Uno de ellos le dijo, con voz amistosa:

-Nosotros somos la corriente, trabajamos en el mar, ya que somos olas, lo que hacemos es que las personas se diviertan.

Charlie no se sentía muy convencido de que lo único que quisiera la corriente era que las personas se divirtieran. Ya había anochecido y Charlie se acostó en la cama de la habitación, sospechaba que la corriente le quería hacer daño. Pensó que si ellos eran la corriente y a él lo había jalado la corriente, entonces fueron ellos los que lo habían jalado hasta ahí, pero ¿qué querían de él? Además él no era la única persona a la que había jalado la corriente. ¿Y las otras personas? ¿Dónde estaban? Charlie miró su reloj, eran las 2:15 a.m. Seguía despierto cuando vio que una ola de la corriente estaba ahí; entonces se levantó y le dijo con voz amenazadora:

-¿Para qué me trajeron aquí?, ¿qué quieren de mí?

La ola tuvo miedo y le respondió:

-Solo te lo diré si me consigues la perla que viste en la mesa.

Charlie no se contuvo y le preguntó para qué quería la perla, pero la ola no contestó. Entonces le dijo que si no le respondía no se la daría y si le mentía la secuestraría con una cubeta y la usaría para regar las plantas. No hablaron más.

Al día siguiente la ola se le acercó y le dijo:

-Te contaré todo, también te contaré para qué quiero la perla. De todas nosotras solo el jefe nunca fue humano. Hace muchos años él tenía cincuenta amigos, pero poco a poco se fueron evaporando hasta que solo quedó él. Necesitaba amigos, pero no los tenía. Lo que sí tenía era esa perla para convertir personas en olas y viceversa; de hecho, para eso la quiero, para volver a ser humano completamente.  También, debes saber que las demás olas no son iguales a él. Las olas hacen lo que él les ordena, que básicamente es jalar personas y convertirlas en olas, y a esas olas las manda por otras personas para también convertirlas en olas.

Charlie interrumpió y preguntó:

-Dijiste que hacen solamente lo que él les pide, entonces ¿él te pide que tú me cuentes esto y me pidas que te consiga la perla?

– No – contestó la ola, – él no quiere esto, pero no porque él me convirtiera en una ola dejé de ser humano; los humanos somos razonables y no me va a obligar a hacer lo que se le antoje. Pero, ten cuidado, no confíes en él, ni en olas controladas, porque te pueden engañar y convertirte en ola; es muy difícil no hacerle caso.

Ya había amanecido cuando Charlie fue por la perla. Se dirigió a la mesa, pero cuando la iba a agarrar, apareció el jefe de la corriente y la tomó antes de que. Charlie salió corriendo y el jefe dejó la perla para ir tras él. Poco tiempo después, Charlie regresó por la perla, la tomó y se la entregó a la ola, quien convirtió a todos otra vez en humanos. Cuando el jefe se dio cuenta, se puso a llorar y reclamó:

-me engañaron.

Todas le contestaron:

-¿Acaso la corriente no es engañosa?

Ya convertidos en humanos, improvisaron una lancha, la pusieron en el mar y todos remaron y remaron hasta que llegaron a la orilla. Finalmente, cada uno regresó con su familia.